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  • UN DÍA COMO HOY: Abril 26, 1921 - Vol 12

    GUERRA QUE HARÁ LA DIVINA VOLUNTAD A LAS CRIATURAS.

    Continúo mi penoso estado, mi dulce Jesús apenas ha venido y atrayéndome fuertemente hacia Él me ha dicho:

    “Hija mía, te lo repito, no mirar la tierra, dejémoslos hacer; quieren hacer guerra, háganla pues, y cuando se hayan cansado también Yo haré mi guerra. Su cansancio en el mal, sus desilusiones, los desengaños, las pérdidas súbitas, los dispondrán a recibir mi guerra; mi guerra será guerra de amor, mi Querer descenderá del Cielo en medio de ellos; todos tus actos y los de las criaturas hechos en mi Querer harán guerra a las criaturas, pero no guerra de sangre, pelearán con las armas del amor, dándoles dones, gracias, paz, darán cosas sorprendentes, tanto que dejarán asombrado al hombre ingrato. Esta mi Voluntad, milicia de Cielo, con armas divinas confundirá al hombre, lo arrollará, le dará la luz para ver, pero no el mal, sino los dones y las riquezas con las cuales quiero enriquecerlo. Los actos hechos en mi Querer, llevando en sí la Potencia creadora, serán la nueva salvación del hombre, y descendiendo del Cielo llevarán todos los bienes a la tierra, llevarán la nueva era y el triunfo sobre la iniquidad humana. Por eso multiplica tus actos en mi Voluntad, para formar las armas, los dones, las gracias, para poder descender en medio de las criaturas y hacerles guerra de amor.”

    Después, con un acento más afligido ha agregado: “Hija mía, sucederá de Mí como a un pobre padre, cuyos hijos malvados no sólo lo ofenden, sino que quisieran matarlo, y si no lo hacen es porque no pueden. Ahora, estos hijos queriendo matar a su propio padre, no es de asombrarse si se matan entre ellos, si uno está contra otro; si empobrecen, lleguen a tanto que están todos en acto de perecer, y lo que es peor, ni siquiera se recuerden que tienen un padre. Ahora, ¿este padre qué hace? Exiliado por sus propios hijos, mientras éstos se pelean, se hieren, están por perecer por el hambre, el padre está sudando para adquirir nuevas riquezas, dones y remedios para sus hijos, y cuando los ve casi perdidos va en medio de ellos para hacerlos más ricos, les da los remedios para curar sus heridas y lleva a todos la paz y la felicidad. Ahora, estos hijos vencidos por tanto amor, se vincularán a su padre con paz duradera y lo amarán. Así sucederá de Mí, por eso te quiero en mi Voluntad como fiel hija de mi Querer, y junto conmigo en el trabajo de la adquisición de las nuevas riquezas para dar a las criaturas. Seme fiel y no te ocupes de otra cosa.”

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  • El Reino de Dios
    Vol. 20. Octubre 22, 1926 » Libro de cielo
    El gran bien que llevará el reino del Fiat Divino. Cómo será preservativo de todos los males. Así cómo la Virgen, que mientras no hizo ningún milagro, hizo el gran milagro de dar un Dios a las criaturas, así será quien debe hacer conocer el reino, hará el gran milagro de
    dar una Voluntad Divina.
    Estaba pensando en el Santo Querer Divino y decía entre mí: "¿Pero cuál será el gran bien de este reino del Fiat Supremo?" Y Jesús como interrumpiendo mi pensamiento y como de prisa, se ha movido en mi interior diciéndome:
    "Hija mía, ¿cuál será el gran bien? ¿Cuál será el gran bien? El reino de mi Fiat encerrará todos los bienes, todos los milagros, los portentos más estrepitosos, más bien los sobrepasará a todos juntos, y si milagro significa dar la vista a un ciego, enderezar a un cojo, sanar un enfermo, resucitar un muerto, etc., el reino de mi Voluntad tendrá el alimento preservativo, y cualquiera que entrará en él, no habrá ningún peligro de que pueda permanecer ciego, cojo y enfermo, la muerte en el alma no tendrá más poder, y si lo tendrá sobre el cuerpo no será muerte, sino paso, y faltando el alimento de la culpa y la voluntad humana degradada que produce la corrupción en los cuerpos, y estando el alimento preservativo de mi Voluntad, tampoco los cuerpos estarán sujetos a descomponerse y a corromperse tan horriblemente de infundir temor aun a los más fuertes, como es ahora, sino que quedarán compuestos en sus sepulcros esperando el día de la resurrección de todos. Entonces, ¿qué crees tú que sea más milagro, dar la vista a un pobre ciego, enderezar a un cojo, sanar un enfermo, o bien tener un medio preservativo para que el ojo no pierda jamás su vista, que se camine siempre derecho, que se esté siempre sano? Creo que sea más el milagro preservativo que el milagro después de sucedida la desventura. Esta es la gran diferencia del reino de la Redención y del reino del Fiat Supremo, en el primero fue milagro para los pobres desventurados, como lo es todavía ahora, que yacen, quién en una desventura y quién en otra, y por eso Yo di el ejemplo también en lo exterior haciendo tantas diferentes curaciones, que eran símbolo de las curaciones que Yo hacía en las almas, y que fácilmente regresan a su enfermedad. El segundo será milagro preservativo, porque mi Voluntad posee la milagrosa Potencia que quien se hace dominar por Ella no estará sujeto a ningún mal, por lo tanto no tendrá ninguna necesidad de hacer milagros, porque los conservará siempre sanos, santos y bellos, dignos de aquella belleza que salió de nuestras manos creadoras al crear a la criatura. El reino del Fiat Divino hará el gran milagro de desterrar todos los males, todas las miserias, todos los temores, porque él no hará el milagro a tiempo y a circunstancia, sino que se mantendrá sobre sus hijos de su reino con un acto de milagro continuado para preservarlos de cualquier mal y hacerlos distinguir como hijos de su reino, esto en el alma, pero también en el cuerpo habrá muchas modificaciones, porque es siempre la culpa el alimento de todos los males, y quitada la culpa faltará el alimento al mal, mucho más que mi Voluntad y pecado no pueden existir juntos, por lo tanto también la naturaleza humana tendrá sus benéficos efectos.
    Ahora hija mía, debiendo preparar el gran milagro del reino del Fiat Supremo, estoy haciendo contigo, como hija primogénita de mi Voluntad, como hice con la Soberana Reina, Mamá mía cuando preparé el reino de la Redención, la atraje tanto a Mí, la tuve tan ocupada en su interior para poder formar junto con Ella el milagro de la Redención, y había tanta necesidad, tantas cosas que juntos teníamos que hacer, que rehacer, que completar, que debí ocultar en su exterior cualquier cosa que pudiera llamarse milagro, excepto su perfecta virtud, con esto la dejé más libre para hacerla navegar el mar interminable del Fiat Eterno, y así pudiese tener acceso junto a la Divina Majestad para obtener el reino de la Redención. ¿Qué hubiera sido más, si la Celestial Reina hubiera dado la vista a los ciegos, la palabra a los mudos y demás, o bien el milagro de hacer descender al Verbo Eterno sobre la tierra? Los primeros hubieran sido milagros accidentales, pasajeros e individuales, en cambio el segundo es milagro permanente y para todos, siempre y cuando lo quieran; por eso los primeros hubieran sido como una nada comparados al segundo. Ella fue el verdadero sol que eclipsando todo, eclipsó en Sí al mismo Verbo del Padre, germinando de su luz todos los bienes, todos los efectos y milagros que produjo la Redención, pero al igual que el sol, producía los bienes y los milagros sin hacerse ver o hacerse señalar de que era Ella la causa primaria de todo. En efecto, todo lo que Yo hice de bien sobre la tierra, lo hice porque la Emperatriz del Cielo llegó a tener su imperio en la Divinidad, y con su imperio me trajo del Cielo para darme a las criaturas.
    Ahora, así estoy haciendo contigo para preparar el reino del Fiat Supremo. Te tengo conmigo, te hago navegar el mar interminable de Él para darte el acceso junto al Padre Celestial a fin de que le ruegues, lo venzas, lo imperes, para obtener el Fiat de mi reino. Y para cumplir y consumar en ti toda la fuerza milagrosa que se necesita para un reino tan santo, te tengo continuamente ocupada en tu interior en el trabajo de mi reino, te hago girar continuamente para hacer, para rehacer, para completar todo lo que se necesita y que todos deberían hacer, para formar el gran milagro de mi reino; externamente nada dejo aparecer de milagroso en ti, excepto la luz de mi Voluntad. Algunos podrán decir: ¡Cómo! tantos portentos que manifiesta el bendito Jesús a esta criatura de este reino del Fiat Divino, los bienes que traerá sobrepasarán Creación y Redención, es más, será corona tanto de una como de la otra, y a pesar de tanto bien ninguna cosa milagrosa en el exterior se ve en ella como confirmación del gran bien de este reino del Eterno Fiat, mientras que los otros santos, sin el portento de este gran bien, han hecho milagros a cada paso. Pero si se vuelven hacia atrás a considerar a mi amada Mamá, la más santa de todas las criaturas, el gran bien que encerró en Sí y que trajo a las criaturas, non hay quien pueda compararse a Ella, hizo el gran milagro de concebir en Sí al Verbo Divino y el portento de dar un Dios a cada criatura. Y delante a este prodigio jamás visto ni oído, de poder dar al Verbo Eterno a las criaturas, todos los otros milagros unidos juntos son pequeñas llamitas delante al sol. Ahora, quién debe hacer lo más no es necesario que haga lo menos, así delante al gran milagro del reino de mi Voluntad restablecido en medio a las criaturas, todos los otros milagros serán pequeñas llamitas delante al gran Sol de mi Querer; cada dicho, verdad y manifestación sobre Él, es un milagro que ha salido de mi Voluntad como preservativo de todo mal y para vincular a las criaturas a un bien infinito, a una gloria más grande, a una nueva belleza toda divina. Cada verdad mía sobre mi Eterno Querer contiene la Potencia y la virtud prodigiosa, más que si se resucitase a un muerto, que si sanase a un leproso, que un ciego viese, que un mudo hablase, porque mis palabras sobre la Santidad y Potencia de mi Fiat resucitarán a las almas a su origen, las sanarán de la lepra que ha producido la voluntad humana, les dará la vista para ver los bienes del reino de mi Voluntad, porque hasta ahora eran como ciegos; les dará la palabra a tantos mudos, que mientras sabían decir tantas otras cosas, sólo para mi Voluntad eran como tantos mudos que no tenían palabra; y además el gran milagro de poder dar una Voluntad Divina a cada criatura, que contiene todos los bienes. ¿Qué cosa no les dará cuando se encuentre en posesión de los hijos de su reino? He aquí por qué te tengo toda ocupada en el trabajo de este mi reino, y hay mucho que hacer para preparar el gran milagro de que el reino del Fiat sea conocido y poseído. Por eso sé atenta en atravesar el mar interminable de mi Voluntad, a fin de que venga establecido el orden entre Creador y criatura, y así podré hacer el gran milagro por medio tuyo, de que el hombre regrese a su origen de donde salió."
    Entonces yo estaba pensando en lo que está escrito arriba, especialmente en que cada palabra y manifestación sobre la Suprema Voluntad es un milagro salido de Ella, y Jesús para confirmarme lo que me había dicho ha agregado:
    "Hija mía, ¿qué crees tú que haya sido más milagro cuando vine a la tierra: Mi palabra, el evangelio que anuncié, o bien que di la vida a los muertos, la vista a los ciegos, el oído a los sordos, etc.? ¡Ah! hija mía, fue más grande milagro mi palabra, mi evangelio, mucho más que los mismos milagros salieron de mi palabra; la base, la sustancia de todos los milagros salió de mi palabra creadora, los Sacramentos, la misma Creación, milagro permanente, tuvieron vida de mi palabra, y mi misma Iglesia tiene por régimen, por fundamento, mi palabra, mi evangelio. Así que fue más milagro mi palabra, mi evangelio, que los mismos milagros, los cuales si tuvieron vida, fue por mi palabra milagrosa. Por lo tanto debes estar segura que la palabra de tu Jesús es el más grande milagro; mi palabra es como viento impetuoso que corre, golpea el oído, entra en los corazones, calienta, purifica, ilumina, gira, vuelve a girar de nación en nación, recorre todo el mundo, gira por todos los siglos; ¿quién puede dar muerte y sepultar una palabra mía? Ninguno. Y si alguna vez parece que mi palabra calla y está como escondida, ella no pierde jamás la vida, cuando menos se crea, sale y gira por todas partes; pasarán los siglos en los cuales todos, hombres y cosas serán arrollados y desaparecerán, pero mi palabra no pasará jamás, porque contiene la vida, la fuerza milagrosa de Aquél que la hizo salir. Por eso ten por seguro que cada palabra y manifestación que te hago sobre el Fiat Eterno es el más grande milagro, que servirán para el reino de mi Voluntad. He aquí por que tanto te incito y tanto me interesa que ni siquiera una palabra mía no sea manifestada y escrita por ti, porque me veo regresar un milagro mío que tanto bien llevará a los hijos del Fiat Supremo."
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  • CRISTO RESUCITADO, CAMINA SIEMPRE CON NOSOTROS. 00:00
    CRISTO RESUCITADO, CAMINA SIEMPRE CON NOSOTROS. Catequesis del Papa, Miércoles, 26/04/17.
     
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  • El Reino de Dios
    Vol. 20. Octubre 19, 1926 » (Sin título). Libro de cielo
    Encontrándome en mi habitual estado, mi adorable Jesús se hacía ver en mi interior, y un sol que descendía del cielo concentrado en su pecho, y yo conforme rezaba, respiraba, me movía, hacía mis actos en su Querer, así tomaba luz, y Jesús se agrandaba más en mi alma y ocupaba más lugar; yo he quedado maravillada al ver que a cada cosa que hacía tomaba luz del pecho de Jesús, y Él se hacía más grande y se extendía más en mí, y yo quedaba más llena de Él. Después de esto me ha dicho:
    "Hija mía, mi Divinidad es un acto nuevo continuado, y como mi Voluntad es el régimen de Ella, el desenvolvimiento de nuestras obras, la portadora de este acto nuevo, por eso posee la plenitud de este acto nuevo y por eso es siempre nueva en sus obras, nueva en su felicidad, en la alegría y siempre nueva en las manifestaciones de sus conocimientos. He aquí la razón por la que te dice siempre cosas nuevas de mi Fiat, porque posee la fuente de la novedad, y si tantas cosas parece que se asemejan, que se dan la mano, esto es efecto de la luz interminable que contiene, porque siendo inseparable parece que todas son luces entrelazadas juntas, y así como en la luz está la sustancia de los colores, que son como tantos actos nuevos y distintos che posee la luz, y no se puede decir que es un solo color, sino todos los colores con la variedad de todos los matices, pálidos, fuertes, oscuros, pero lo que embellece y vuelve más refulgentes estos colores es porque están investidos por la fuerza de la luz, de otro modo serían como colores sin atractivo y sin belleza. Así los tantos conocimientos que te vienen dados sobre mi Voluntad, como salen de su luz interminable están investidos de luz y por eso parece que se dan la mano, que se asemejan, pero en la sustancia son más que colores, siempre nuevos en las verdades, nuevos en el modo, nuevos en el bien que llevan, nuevos en la santificación que comunican, nuevos en las semejanzas, nuevos en las bellezas, y tal vez aun una sola palabra nueva de más que hay en las diversas manifestaciones sobre mi Voluntad, es siempre un color divino y un acto eterno nuevo que lleva a la criatura un acto que no termina jamás en la gracia, en los bienes y en la gloria. ¿Y sabes tú qué significa poseer estos conocimientos sobre mi Voluntad? Es como si uno tuviera una moneda que tiene virtud de hacer surgir cuantas monedas quiera, y poseyendo un bien que surge, la pobreza ha terminado. Así estos mis conocimientos poseen luz, santidad, fuerza, belleza, riquezas que siempre surgen, así que quien los poseerá tendrá la fuente de la luz, de la santidad, por eso para ella terminarán las tinieblas, las debilidades, la fealdad de la culpa, la escasez de los bienes divinos, todos los males terminarán y poseerán la fuente de la santidad. Mira, esta luz que tú ves concentrada en mi pecho es mi Suprema Voluntad, que conforme tú emites tus actos así surge la luz y se te comunica y te lleva los nuevos conocimientos sobre mi Fiat, los cuales vaciándote me ensanchan el lugar para poderme distender más en ti, y a medida que me extiendo así va terminando tu vida natural, tu voluntad, toda tú misma, porque das lugar a la mía, y Yo me ocupo en formar y extender siempre más el reino del Fiat Supremo en ti, y tú tendrás más campo para girar en Ella y para ayudarme en el trabajo de la nueva formación de mi reino en medio a las criaturas."
    Entonces yo he continuado mis actos en el cielo interminable del Querer Divino y tocaba con la mano que todo lo que ha salido del Fiat Eterno, tanto en la Creación como en la Redención y Santificación, son tantos seres y cosas innumerables, todos nuevos y distintos entre ellos, a lo más se semejan, se dan la mano, pero ningún ser o cosa puede decir yo soy la misma cosa que la otra, aun el más pequeño insecto, la más pequeña flor tiene la marca de la novedad. Así que pensaba entre mí: "Es realmente verdad que el Fiat de la Majestad Divina contiene la virtud, la fuente de un acto nuevo continuado. ¡Qué felicidad hacerse dominar por este Fiat Omnipotente, estar bajo el influjo de un acto nuevo jamás interrumpido!" Ahora, mientras esto pensaba, mi dulce Jesús ha regresado y mirándome con amor indecible llamaba todo en torno suyo, a su señal la Creación toda, los bienes de la Redención se han encontrado en torno a Jesús y Él vinculaba mi pobre alma a toda la Creación y Redención para hacerme recibir todos los efectos de todo lo que ha hecho su adorable Voluntad, y me dijo:
    "Hija mía, quien se hace dominar por mi Voluntad está bajo el influjo de todos sus actos y recibe los efectos y la vida de lo que hizo en la Creación y en la Redención, todo queda en relación y vinculado con ella."
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  • El Reino de Dios
    Vol. 20. Octubre 17, 1926 » Libro de cielo
    Luisa gira en toda la Creación y Redención y pide el Fiat. Cómo Éste es la base y fundamento del reino.
    Me parece que no puedo hacer menos que seguir mi giro en la Voluntad Suprema, siento que es mi verdadera casa y sólo estoy contenta cuando giro en Ella, porque encuentro todo lo que pertenece a mi dulce Jesús, que en virtud de su Voluntad todo lo que es suyo es también mío. Así que tengo mucho que dar a mi amado Bien, es más, hay tanto que darle que no termino jamás de darle todo, por eso me queda siempre el deseo de regresar a seguir mi giro para poder darle todo lo que pertenece a su adorable Voluntad; y pensando en el gran bien que lleva al alma el Querer Supremo, mientras giraba pedía a Jesús que pronto lo hiciera conocer a todos, a fin de que pudiesen tomar parte en tan grande bien, y para obtener esto le decía al llegar a cada cosa creada: "Vengo en el sol a hacer compañía a tu Voluntad reinante y dominante en él, en todo el esplendor de su majestad, pero mientras te hago compañía en el sol, te ruego que tu Fiat Eterno sea conocido, y así como reina triunfante en el sol, venga a reinar triunfante en medio de las criaturas; mira, también el sol te ruega, toda su luz se convierte en oración y a medida que se extiende sobre la tierra e inviste con su luz plantas y flores, montes y llanuras, mares y ríos, así ruega que tu Fiat sea uno sobre la tierra y que se armonice con todas las criaturas. Así que no soy yo sola quien te lo pide, sino que es la Potencia de tu misma Voluntad que reina en el sol la que ruega, ruega la luz, ruegan sus innumerables efectos, los bienes, los colores que contiene, todos ruegan que tu Fiat reine sobre todos. ¿Puedes Tú resistir a una masa de luz tan grande que ruega con la Potencia de tu mismo Querer? Y yo, pequeña cual soy, mientras te hago compañía en este sol, bendigo, adoro, glorifico tu Voluntad adorable, con la magnificencia y gloria con las que tu misma Voluntad se glorifica en sus obras. ¿Así que sólo en las criaturas tu Voluntad no debe encontrar la perfecta gloria de sus obras? Por eso venga, venga tu Fiat." Pero mientras esto hago, oigo que toda la luz del sol ruega que venga el Fiat Eterno, esto es, su misma adorable Voluntad que invistiendo la luz ruega, y yo dejándola en su acto de rogar paso a las otras cosas creadas para hacer mi pequeña visita, para hacer un poco de compañía a la adorable Voluntad en cada acto suyo que ejercita en cada cosa creada. Por eso paso en el cielo, en las estrellas, en el mar, a fin de que el cielo ruegue, las estrellas rueguen, el mar con su murmullo ruegue que el Fiat Supremo sea conocido y reine triunfante sobre todas las criaturas como reina en ellos. Entonces, después de haber girado sobre todas las cosas creadas para hacer compañía al Fiat Divino y pedir en cada cosa que venga a reinar sobre la tierra, cómo es bello ver, oír que toda la Creación ruega que venga su reino en medio de las criaturas; después desciendo en todo lo que hizo mi Jesús en la Redención, en sus lágrimas, en sus gemidos infantiles, en sus obras, pasos y palabras, en sus penas, en sus llagas, en su sangre, hasta en su muerte, a fin de que sus lágrimas rueguen que venga su Fiat, sus gemidos y todo lo que hizo supliquen todos en coro que su Fiat sea conocido y que su misma muerte haga resurgir la Vida de su Voluntad Divina en las criaturas. Mientras esto y más hacía, pero me alargaría demasiado si quisiera decirlo todo, mi dulce Jesús estrechándome a Sí me ha dicho:
    "Pequeña hija de mi Querer, tú debes saber que mi Voluntad se quedó reinante en toda la Creación para dar el campo a las criaturas de hacerle tantas visitas por cuantas cosas creó, quería la compañía de la criatura en el mudo lenguaje de todo el universo. Cómo es duro el aislamiento de esta Voluntad tan santa, que quiere santificar y no encuentra a quién participar su Santidad; tan rica que quiere dar, y no encuentra a quién dar; tan bella, y no encuentra a quién embellecer; tan feliz, y no encuentra a quién hacer feliz. Poder dar, querer dar y no tener a quien dar es siempre un dolor y una pena inenarrable, y para su mayor dolor ser dejada sola. Entonces, al ver entrar a la criatura en el campo de la Creación para hacerle compañía, se siente felicitar y cumplirse la finalidad por la que se dejó reinante en cada cosa creada, pero lo que la vuelve más feliz, más glorificada, es que tú, en cuanto llegas a cada cosa creada le pides que su Fiat sea conocido y reine sobre todo, y mueves a mi misma Voluntad en el sol, en el cielo, en el mar, en todo, a rogar que venga el reino de mi Querer, porque estando en ti mi Fiat, se puede decir que es Ella misma que ruega y que mueve todas mis obras, hasta mis lágrimas y suspiros para que venga el reino de mi Voluntad. Tú no puedes entender qué contento me das, qué impresión es a mi corazón y a mi misma Voluntad oír a todas nuestras obras que piden, que quieren nuestro Fiat, y más porque no te veo pedir nada para ti, ni gloria, ni amor, ni gracias, y viendo tu pequeñez, por la cual no puedes obtener un reino tan grande, giras en todas mis obras, por todas partes donde se encuentra un acto de mi Voluntad haciendo su oficio, y haces decir a mi mismo Fiat: "Venga tu reino, ¡ah! haz que sea conocido, amado y poseído por las generaciones humanas." Una Voluntad Divina que ruega junto con nuestras obras, junto con su pequeña hija, es el más grande portento, es una potencia a la par de la nuestra que ruega, y el no escucharla favorablemente nos resulta imposible. ¡Cómo es santo, cómo es puro, noble y todo divino, sin sombra de humano el reino de nuestra Voluntad! Su base, su fundamento y la profundidad de él será nuestro mismo Fiat, que extendiéndose por debajo, en medio y sobre estos hijos de la familia celestial, les volverá firme el paso e inquebrantable para ellos el reino de mi Voluntad."
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  • ES TU VUELTA, SEÑOR, LO QUE DESEO

    Hay momentos en que te domina la tristeza, en los que no se ve la luz, en los que todo es gris, gris oscuro.
    No sabe uno cómo levantarse de un cavilar que lo sume en un ¿qué hacer?, ¿cómo contar mi combate, mi lucha, mi deseo? ¿Cómo relatar esa pugna, esa competición, esa beligerancia que corroe y que hace sufrir?
    Algunas veces pienso: he de dar más, pero ¿qué más?
    ¿Qué he de darte, Señor, en esos días?, ¿con qué llave, Señor, he de abrir esa puerta que está entre nosotros y nos separa?, ¿dónde está la llave para hacerlo?, y ¿quién me la puede dar?
    Hay almas deseosas de abrir sus ojos y no sufrir más, y no llorar más; eres tú, que tienes omnipresencia, quien tiene que volver a este humano cuerpo anclado en su soledad.

    Hoy tengo triste el alma, no me has dado
    el hálito vital para adorarte;
    no ha brillado tu luz para encontrarte
    y me siento infeliz y abandonado.

    Es un momento débil, delicado.
    No sé qué hacer, si huir o suplicarte,
    si enterrar mis anhelos o entregarte
    lo que me hace vivir, lo que me has dado:

    un alma que entresueños se debate,
    un cuerpo dolorido que combate,
    y lágrimas ardientes en mi llanto.

    Acude, oye mi voz, calma mi espera;
    lo que no y lo que tengo yo te diera
    porque termine ahora este entretanto.

    Joaquín Fernández González.

    En Ti he esperado, espero y esperaré.

    San Manuel González.
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  • ES TU VUELTA, SEÑOR, LO QUE DESEO

    Hay momentos en que te domina la tristeza, en los que no se ve la luz, en los que todo es gris, gris oscuro.
    No sabe uno cómo levantarse de un cavilar que lo sume en un ¿qué hacer?, ¿cómo contar mi combate, mi lucha, mi deseo? ¿Cómo relatar esa pugna, esa competición, esa beligerancia que corroe y que hace sufrir?
    Algunas veces pienso: he de dar más, pero ¿qué más?
    ¿Qué he de darte, Señor, en esos días?, ¿con qué llave, Señor, he de abrir esa puerta que está entre nosotros y nos separa?, ¿dónde está la llave para hacerlo?, y ¿quién me la puede dar?
    Hay almas deseosas de abrir sus ojos y no sufrir más, y no llorar más; eres tú, que tienes omnipresencia, quien tiene que volver a este humano cuerpo anclado en su soledad.

    Hoy tengo triste el alma, no me has dado
    el hálito vital para adorarte;
    no ha brillado tu luz para encontrarte
    y me siento infeliz y abandonado.

    Es un momento débil, delicado.
    No sé qué hacer, si huir o suplicarte,
    si enterrar mis anhelos o entregarte
    lo que me hace vivir, lo que me has dado:

    un alma que entresueños se debate,
    un cuerpo dolorido que combate,
    y lágrimas ardientes en mi llanto.

    Acude, oye mi voz, calma mi espera;
    lo que no y lo que tengo yo te diera
    porque termine ahora este entretanto.

    Joaquín Fernández González.

    En Ti he esperado, espero y esperaré.

    San Manuel González.
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  • ES TU VUELTA, SEÑOR, LO QUE DESEO

    Hay momentos en que te domina la tristeza, en los que no se ve la luz, en los que todo es gris, gris oscuro.
    No sabe uno cómo levantarse de un cavilar que lo sume en un ¿qué hacer?, ¿cómo contar mi combate, mi lucha, mi deseo? ¿Cómo relatar esa pugna, esa competición, esa beligerancia que corroe y que hace sufrir?
    Algunas veces pienso: he de dar más, pero ¿qué más?
    ¿Qué he de darte, Señor, en esos días?, ¿con qué llave, Señor, he de abrir esa puerta que está entre nosotros y nos separa?, ¿dónde está la llave para hacerlo?, y ¿quién me la puede dar?
    Hay almas deseosas de abrir sus ojos y no sufrir más, y no llorar más; eres tú, que tienes omnipresencia, quien tiene que volver a este humano cuerpo anclado en su soledad.

    Hoy tengo triste el alma, no me has dado
    el hálito vital para adorarte;
    no ha brillado tu luz para encontrarte
    y me siento infeliz y abandonado.

    Es un momento débil, delicado.
    No sé qué hacer, si huir o suplicarte,
    si enterrar mis anhelos o entregarte
    lo que me hace vivir, lo que me has dado:

    un alma que entresueños se debate,
    un cuerpo dolorido que combate,
    y lágrimas ardientes en mi llanto.

    Acude, oye mi voz, calma mi espera;
    lo que no y lo que tengo yo te diera
    porque termine ahora este entretanto.

    Joaquín Fernández González.

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    Hay momentos en que te domina la tristeza, en los que no se ve la luz, en los que todo es gris, gris oscuro.
    No sabe uno cómo levantarse de un cavilar que lo sume en un ¿qué hacer?, ¿cómo contar mi combate, mi lucha, mi deseo? ¿Cómo relatar esa pugna, esa competición, esa beligerancia que corroe y que hace sufrir?
    Algunas veces pienso: he de dar más, pero ¿qué más?
    ¿Qué he de darte, Señor, en esos días?, ¿con qué llave, Señor, he de abrir esa puerta que está entre nosotros y nos separa?, ¿dónde está la llave para hacerlo?, y ¿quién me la puede dar?
    Hay almas deseosas de abrir sus ojos y no sufrir más, y no llorar más; eres tú, que tienes omnipresencia, quien tiene que volver a este humano cuerpo anclado en su soledad.

    Hoy tengo triste el alma, no me has dado
    el hálito vital para adorarte;
    no ha brillado tu luz para encontrarte
    y me siento infeliz y abandonado.

    Es un momento débil, delicado.
    No sé qué hacer, si huir o suplicarte,
    si enterrar mis anhelos o entregarte
    lo que me hace vivir, lo que me has dado:

    un alma que entresueños se debate,
    un cuerpo dolorido que combate,
    y lágrimas ardientes en mi llanto.

    Acude, oye mi voz, calma mi espera;
    lo que no y lo que tengo yo te diera
    porque termine ahora este entretanto.

    Joaquín Fernández González.

    En Ti he esperado, espero y esperaré.

    San Manuel González.
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    Hay momentos en que te domina la tristeza, en los que no se ve la luz, en los que todo es gris, gris oscuro.
    No sabe uno cómo levantarse de un cavilar que lo sume en un ¿qué hacer?, ¿cómo contar mi combate, mi lucha, mi deseo? ¿Cómo relatar esa pugna, esa competición, esa beligerancia que corroe y que hace sufrir?
    Algunas veces pienso: he de dar más, pero ¿qué más?
    ¿Qué he de darte, Señor, en esos días?, ¿con qué llave, Señor, he de abrir esa puerta que está entre nosotros y nos separa?, ¿dónde está la llave para hacerlo?, y ¿quién me la puede dar?
    Hay almas deseosas de abrir sus ojos y no sufrir más, y no llorar más; eres tú, que tienes omnipresencia, quien tiene que volver a este humano cuerpo anclado en su soledad.

    Hoy tengo triste el alma, no me has dado
    el hálito vital para adorarte;
    no ha brillado tu luz para encontrarte
    y me siento infeliz y abandonado.

    Es un momento débil, delicado.
    No sé qué hacer, si huir o suplicarte,
    si enterrar mis anhelos o entregarte
    lo que me hace vivir, lo que me has dado:

    un alma que entresueños se debate,
    un cuerpo dolorido que combate,
    y lágrimas ardientes en mi llanto.

    Acude, oye mi voz, calma mi espera;
    lo que no y lo que tengo yo te diera
    porque termine ahora este entretanto.

    Joaquín Fernández González.

    En Ti he esperado, espero y esperaré.

    San Manuel González.
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  • ES TU VUELTA, SEÑOR, LO QUE DESEO

    Hay momentos en que te domina la tristeza, en los que no se ve la luz, en los que todo es gris, gris oscuro.
    No sabe uno cómo levantarse de un cavilar que lo sume en un ¿qué hacer?, ¿cómo contar mi combate, mi lucha, mi deseo? ¿Cómo relatar esa pugna, esa competición, esa beligerancia que corroe y que hace sufrir?
    Algunas veces pienso: he de dar más, pero ¿qué más?
    ¿Qué he de darte, Señor, en esos días?, ¿con qué llave, Señor, he de abrir esa puerta que está entre nosotros y nos separa?, ¿dónde está la llave para hacerlo?, y ¿quién me la puede dar?
    Hay almas deseosas de abrir sus ojos y no sufrir más, y no llorar más; eres tú, que tienes omnipresencia, quien tiene que volver a este humano cuerpo anclado en su soledad.

    Hoy tengo triste el alma, no me has dado
    el hálito vital para adorarte;
    no ha brillado tu luz para encontrarte
    y me siento infeliz y abandonado.

    Es un momento débil, delicado.
    No sé qué hacer, si huir o suplicarte,
    si enterrar mis anhelos o entregarte
    lo que me hace vivir, lo que me has dado:

    un alma que entresueños se debate,
    un cuerpo dolorido que combate,
    y lágrimas ardientes en mi llanto.

    Acude, oye mi voz, calma mi espera;
    lo que no y lo que tengo yo te diera
    porque termine ahora este entretanto.

    Joaquín Fernández González.

    En Ti he esperado, espero y esperaré.

    San Manuel González.
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  • ES TU VUELTA, SEÑOR, LO QUE DESEO

    Hay momentos en que te domina la tristeza, en los que no se ve la luz, en los que todo es gris, gris oscuro.
    No sabe uno cómo levantarse de un cavilar que lo sume en un ¿qué hacer?, ¿cómo contar mi combate, mi lucha, mi deseo? ¿Cómo relatar esa pugna, esa competición, esa beligerancia que corroe y que hace sufrir?
    Algunas veces pienso: he de dar más, pero ¿qué más?
    ¿Qué he de darte, Señor, en esos días?, ¿con qué llave, Señor, he de abrir esa puerta que está entre nosotros y nos separa?, ¿dónde está la llave para hacerlo?, y ¿quién me la puede dar?
    Hay almas deseosas de abrir sus ojos y no sufrir más, y no llorar más; eres tú, que tienes omnipresencia, quien tiene que volver a este humano cuerpo anclado en su soledad.

    Hoy tengo triste el alma, no me has dado
    el hálito vital para adorarte;
    no ha brillado tu luz para encontrarte
    y me siento infeliz y abandonado.

    Es un momento débil, delicado.
    No sé qué hacer, si huir o suplicarte,
    si enterrar mis anhelos o entregarte
    lo que me hace vivir, lo que me has dado:

    un alma que entresueños se debate,
    un cuerpo dolorido que combate,
    y lágrimas ardientes en mi llanto.

    Acude, oye mi voz, calma mi espera;
    lo que no y lo que tengo yo te diera
    porque termine ahora este entretanto.

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    Hay momentos en que te domina la tristeza, en los que no se ve la luz, en los que todo es gris, gris oscuro.
    No sabe uno cómo levantarse de un cavilar que lo sume en un ¿qué hacer?, ¿cómo contar mi combate, mi lucha, mi deseo? ¿Cómo relatar esa pugna, esa competición, esa beligerancia que corroe y que hace sufrir?
    Algunas veces pienso: he de dar más, pero ¿qué más?
    ¿Qué he de darte, Señor, en esos días?, ¿con qué llave, Señor, he de abrir esa puerta que está entre nosotros y nos separa?, ¿dónde está la llave para hacerlo?, y ¿quién me la puede dar?
    Hay almas deseosas de abrir sus ojos y no sufrir más, y no llorar más; eres tú, que tienes omnipresencia, quien tiene que volver a este humano cuerpo anclado en su soledad.

    Hoy tengo triste el alma, no me has dado
    el hálito vital para adorarte;
    no ha brillado tu luz para encontrarte
    y me siento infeliz y abandonado.

    Es un momento débil, delicado.
    No sé qué hacer, si huir o suplicarte,
    si enterrar mis anhelos o entregarte
    lo que me hace vivir, lo que me has dado:

    un alma que entresueños se debate,
    un cuerpo dolorido que combate,
    y lágrimas ardientes en mi llanto.

    Acude, oye mi voz, calma mi espera;
    lo que no y lo que tengo yo te diera
    porque termine ahora este entretanto.

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    No sabe uno cómo levantarse de un cavilar que lo sume en un ¿qué hacer?, ¿cómo contar mi combate, mi lucha, mi deseo? ¿Cómo relatar esa pugna, esa competición, esa beligerancia que corroe y que hace sufrir?
    Algunas veces pienso: he de dar más, pero ¿qué más?
    ¿Qué he de darte, Señor, en esos días?, ¿con qué llave, Señor, he de abrir esa puerta que está entre nosotros y nos separa?, ¿dónde está la llave para hacerlo?, y ¿quién me la puede dar?
    Hay almas deseosas de abrir sus ojos y no sufrir más, y no llorar más; eres tú, que tienes omnipresencia, quien tiene que volver a este humano cuerpo anclado en su soledad.

    Hoy tengo triste el alma, no me has dado
    el hálito vital para adorarte;
    no ha brillado tu luz para encontrarte
    y me siento infeliz y abandonado.

    Es un momento débil, delicado.
    No sé qué hacer, si huir o suplicarte,
    si enterrar mis anhelos o entregarte
    lo que me hace vivir, lo que me has dado:

    un alma que entresueños se debate,
    un cuerpo dolorido que combate,
    y lágrimas ardientes en mi llanto.

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    Algunas veces pienso: he de dar más, pero ¿qué más?
    ¿Qué he de darte, Señor, en esos días?, ¿con qué llave, Señor, he de abrir esa puerta que está entre nosotros y nos separa?, ¿dónde está la llave para hacerlo?, y ¿quién me la puede dar?
    Hay almas deseosas de abrir sus ojos y no sufrir más, y no llorar más; eres tú, que tienes omnipresencia, quien tiene que volver a este humano cuerpo anclado en su soledad.

    Hoy tengo triste el alma, no me has dado
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    no ha brillado tu luz para encontrarte
    y me siento infeliz y abandonado.

    Es un momento débil, delicado.
    No sé qué hacer, si huir o suplicarte,
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    un alma que entresueños se debate,
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    Algunas veces pienso: he de dar más, pero ¿qué más?
    ¿Qué he de darte, Señor, en esos días?, ¿con qué llave, Señor, he de abrir esa puerta que está entre nosotros y nos separa?, ¿dónde está la llave para hacerlo?, y ¿quién me la puede dar?
    Hay almas deseosas de abrir sus ojos y no sufrir más, y no llorar más; eres tú, que tienes omnipresencia, quien tiene que volver a este humano cuerpo anclado en su soledad.

    Hoy tengo triste el alma, no me has dado
    el hálito vital para adorarte;
    no ha brillado tu luz para encontrarte
    y me siento infeliz y abandonado.

    Es un momento débil, delicado.
    No sé qué hacer, si huir o suplicarte,
    si enterrar mis anhelos o entregarte
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    un alma que entresueños se debate,
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    Algunas veces pienso: he de dar más, pero ¿qué más?
    ¿Qué he de darte, Señor, en esos días?, ¿con qué llave, Señor, he de abrir esa puerta que está entre nosotros y nos separa?, ¿dónde está la llave para hacerlo?, y ¿quién me la puede dar?
    Hay almas deseosas de abrir sus ojos y no sufrir más, y no llorar más; eres tú, que tienes omnipresencia, quien tiene que volver a este humano cuerpo anclado en su soledad.

    Hoy tengo triste el alma, no me has dado
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    no ha brillado tu luz para encontrarte
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    Es un momento débil, delicado.
    No sé qué hacer, si huir o suplicarte,
    si enterrar mis anhelos o entregarte
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    un alma que entresueños se debate,
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    Algunas veces pienso: he de dar más, pero ¿qué más?
    ¿Qué he de darte, Señor, en esos días?, ¿con qué llave, Señor, he de abrir esa puerta que está entre nosotros y nos separa?, ¿dónde está la llave para hacerlo?, y ¿quién me la puede dar?
    Hay almas deseosas de abrir sus ojos y no sufrir más, y no llorar más; eres tú, que tienes omnipresencia, quien tiene que volver a este humano cuerpo anclado en su soledad.

    Hoy tengo triste el alma, no me has dado
    el hálito vital para adorarte;
    no ha brillado tu luz para encontrarte
    y me siento infeliz y abandonado.

    Es un momento débil, delicado.
    No sé qué hacer, si huir o suplicarte,
    si enterrar mis anhelos o entregarte
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    un alma que entresueños se debate,
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    Algunas veces pienso: he de dar más, pero ¿qué más?
    ¿Qué he de darte, Señor, en esos días?, ¿con qué llave, Señor, he de abrir esa puerta que está entre nosotros y nos separa?, ¿dónde está la llave para hacerlo?, y ¿quién me la puede dar?
    Hay almas deseosas de abrir sus ojos y no sufrir más, y no llorar más; eres tú, que tienes omnipresencia, quien tiene que volver a este humano cuerpo anclado en su soledad.

    Hoy tengo triste el alma, no me has dado
    el hálito vital para adorarte;
    no ha brillado tu luz para encontrarte
    y me siento infeliz y abandonado.

    Es un momento débil, delicado.
    No sé qué hacer, si huir o suplicarte,
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    un alma que entresueños se debate,
    un cuerpo dolorido que combate,
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    Acude, oye mi voz, calma mi espera;
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    Algunas veces pienso: he de dar más, pero ¿qué más?
    ¿Qué he de darte, Señor, en esos días?, ¿con qué llave, Señor, he de abrir esa puerta que está entre nosotros y nos separa?, ¿dónde está la llave para hacerlo?, y ¿quién me la puede dar?
    Hay almas deseosas de abrir sus ojos y no sufrir más, y no llorar más; eres tú, que tienes omnipresencia, quien tiene que volver a este humano cuerpo anclado en su soledad.

    Hoy tengo triste el alma, no me has dado
    el hálito vital para adorarte;
    no ha brillado tu luz para encontrarte
    y me siento infeliz y abandonado.

    Es un momento débil, delicado.
    No sé qué hacer, si huir o suplicarte,
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    lo que me hace vivir, lo que me has dado:

    un alma que entresueños se debate,
    un cuerpo dolorido que combate,
    y lágrimas ardientes en mi llanto.

    Acude, oye mi voz, calma mi espera;
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    Hay momentos en que te domina la tristeza, en los que no se ve la luz, en los que todo es gris, gris oscuro.
    No sabe uno cómo levantarse de un cavilar que lo sume en un ¿qué hacer?, ¿cómo contar mi combate, mi lucha, mi deseo? ¿Cómo relatar esa pugna, esa competición, esa beligerancia que corroe y que hace sufrir?
    Algunas veces pienso: he de dar más, pero ¿qué más?
    ¿Qué he de darte, Señor, en esos días?, ¿con qué llave, Señor, he de abrir esa puerta que está entre nosotros y nos separa?, ¿dónde está la llave para hacerlo?, y ¿quién me la puede dar?
    Hay almas deseosas de abrir sus ojos y no sufrir más, y no llorar más; eres tú, que tienes omnipresencia, quien tiene que volver a este humano cuerpo anclado en su soledad.

    Hoy tengo triste el alma, no me has dado
    el hálito vital para adorarte;
    no ha brillado tu luz para encontrarte
    y me siento infeliz y abandonado.

    Es un momento débil, delicado.
    No sé qué hacer, si huir o suplicarte,
    si enterrar mis anhelos o entregarte
    lo que me hace vivir, lo que me has dado:

    un alma que entresueños se debate,
    un cuerpo dolorido que combate,
    y lágrimas ardientes en mi llanto.

    Acude, oye mi voz, calma mi espera;
    lo que no y lo que tengo yo te diera
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    Joaquín Fernández González.

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    Hay momentos en que te domina la tristeza, en los que no se ve la luz, en los que todo es gris, gris oscuro.
    No sabe uno cómo levantarse de un cavilar que lo sume en un ¿qué hacer?, ¿cómo contar mi combate, mi lucha, mi deseo? ¿Cómo relatar esa pugna, esa competición, esa beligerancia que corroe y que hace sufrir?
    Algunas veces pienso: he de dar más, pero ¿qué más?
    ¿Qué he de darte, Señor, en esos días?, ¿con qué llave, Señor, he de abrir esa puerta que está entre nosotros y nos separa?, ¿dónde está la llave para hacerlo?, y ¿quién me la puede dar?
    Hay almas deseosas de abrir sus ojos y no sufrir más, y no llorar más; eres tú, que tienes omnipresencia, quien tiene que volver a este humano cuerpo anclado en su soledad.

    Hoy tengo triste el alma, no me has dado
    el hálito vital para adorarte;
    no ha brillado tu luz para encontrarte
    y me siento infeliz y abandonado.

    Es un momento débil, delicado.
    No sé qué hacer, si huir o suplicarte,
    si enterrar mis anhelos o entregarte
    lo que me hace vivir, lo que me has dado:

    un alma que entresueños se debate,
    un cuerpo dolorido que combate,
    y lágrimas ardientes en mi llanto.

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    No sabe uno cómo levantarse de un cavilar que lo sume en un ¿qué hacer?, ¿cómo contar mi combate, mi lucha, mi deseo? ¿Cómo relatar esa pugna, esa competición, esa beligerancia que corroe y que hace sufrir?
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    Hoy tengo triste el alma, no me has dado
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    y me siento infeliz y abandonado.

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    un alma que entresueños se debate,
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    Acude, oye mi voz, calma mi espera;
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    No sabe uno cómo levantarse de un cavilar que lo sume en un ¿qué hacer?, ¿cómo contar mi combate, mi lucha, mi deseo? ¿Cómo relatar esa pugna, esa competición, esa beligerancia que corroe y que hace sufrir?
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    Hoy tengo triste el alma, no me has dado
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    no ha brillado tu luz para encontrarte
    y me siento infeliz y abandonado.

    Es un momento débil, delicado.
    No sé qué hacer, si huir o suplicarte,
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    lo que me hace vivir, lo que me has dado:

    un alma que entresueños se debate,
    un cuerpo dolorido que combate,
    y lágrimas ardientes en mi llanto.

    Acude, oye mi voz, calma mi espera;
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    Hay momentos en que te domina la tristeza, en los que no se ve la luz, en los que todo es gris, gris oscuro.
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    Hay almas deseosas de abrir sus ojos y no sufrir más, y no llorar más; eres tú, que tienes omnipresencia, quien tiene que volver a este humano cuerpo anclado en su soledad.

    Hoy tengo triste el alma, no me has dado
    el hálito vital para adorarte;
    no ha brillado tu luz para encontrarte
    y me siento infeliz y abandonado.

    Es un momento débil, delicado.
    No sé qué hacer, si huir o suplicarte,
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    un cuerpo dolorido que combate,
    y lágrimas ardientes en mi llanto.

    Acude, oye mi voz, calma mi espera;
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    Algunas veces pienso: he de dar más, pero ¿qué más?
    ¿Qué he de darte, Señor, en esos días?, ¿con qué llave, Señor, he de abrir esa puerta que está entre nosotros y nos separa?, ¿dónde está la llave para hacerlo?, y ¿quién me la puede dar?
    Hay almas deseosas de abrir sus ojos y no sufrir más, y no llorar más; eres tú, que tienes omnipresencia, quien tiene que volver a este humano cuerpo anclado en su soledad.

    Hoy tengo triste el alma, no me has dado
    el hálito vital para adorarte;
    no ha brillado tu luz para encontrarte
    y me siento infeliz y abandonado.

    Es un momento débil, delicado.
    No sé qué hacer, si huir o suplicarte,
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    lo que me hace vivir, lo que me has dado:

    un alma que entresueños se debate,
    un cuerpo dolorido que combate,
    y lágrimas ardientes en mi llanto.

    Acude, oye mi voz, calma mi espera;
    lo que no y lo que tengo yo te diera
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    Algunas veces pienso: he de dar más, pero ¿qué más?
    ¿Qué he de darte, Señor, en esos días?, ¿con qué llave, Señor, he de abrir esa puerta que está entre nosotros y nos separa?, ¿dónde está la llave para hacerlo?, y ¿quién me la puede dar?
    Hay almas deseosas de abrir sus ojos y no sufrir más, y no llorar más; eres tú, que tienes omnipresencia, quien tiene que volver a este humano cuerpo anclado en su soledad.

    Hoy tengo triste el alma, no me has dado
    el hálito vital para adorarte;
    no ha brillado tu luz para encontrarte
    y me siento infeliz y abandonado.

    Es un momento débil, delicado.
    No sé qué hacer, si huir o suplicarte,
    si enterrar mis anhelos o entregarte
    lo que me hace vivir, lo que me has dado:

    un alma que entresueños se debate,
    un cuerpo dolorido que combate,
    y lágrimas ardientes en mi llanto.

    Acude, oye mi voz, calma mi espera;
    lo que no y lo que tengo yo te diera
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    Joaquín Fernández González.

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    No sabe uno cómo levantarse de un cavilar que lo sume en un ¿qué hacer?, ¿cómo contar mi combate, mi lucha, mi deseo? ¿Cómo relatar esa pugna, esa competición, esa beligerancia que corroe y que hace sufrir?
    Algunas veces pienso: he de dar más, pero ¿qué más?
    ¿Qué he de darte, Señor, en esos días?, ¿con qué llave, Señor, he de abrir esa puerta que está entre nosotros y nos separa?, ¿dónde está la llave para hacerlo?, y ¿quién me la puede dar?
    Hay almas deseosas de abrir sus ojos y no sufrir más, y no llorar más; eres tú, que tienes omnipresencia, quien tiene que volver a este humano cuerpo anclado en su soledad.

    Hoy tengo triste el alma, no me has dado
    el hálito vital para adorarte;
    no ha brillado tu luz para encontrarte
    y me siento infeliz y abandonado.

    Es un momento débil, delicado.
    No sé qué hacer, si huir o suplicarte,
    si enterrar mis anhelos o entregarte
    lo que me hace vivir, lo que me has dado:

    un alma que entresueños se debate,
    un cuerpo dolorido que combate,
    y lágrimas ardientes en mi llanto.

    Acude, oye mi voz, calma mi espera;
    lo que no y lo que tengo yo te diera
    porque termine ahora este entretanto.

    Joaquín Fernández González.

    En Ti he esperado, espero y esperaré.

    San Manuel González.
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  • La Resurreccion
    Vol.  21  18.04.1927  (16)
    Estaba siguiendo el Santo Querer Divino en el acto cuando resucita del sepulcro glorioso y triunfante y mi amable Jesús saliendo de dentro de mi interior me ha dicho:
    "Hija mía, con resucitar mi Humanidad dio el derecho a todas las criaturas de hacer resucitar no solo sus almas a la gloria y a la bienaventuranza eterna sino también sus cuerpos.  El pecado había quitado estos derechos a las criaturas de resucitar, mi Humanidad al resucitar lo restituyó.  Ella encerraba el germen de la resurrección de todos y en virtud de este germen encerrado en mí todos tendrán el bien de poder resucitar de la muerte.  Quien hace el primer acto debe tener tal virtud de encerrar en si todos los otros actos que deben hacer las otras criaturas, de modo que en virtud del primer acto los otros puedan imitar y hacer el mismo acto.  Cuánto bien no trajo la resurrección de mi Humanidad dando el derecho a todos de resucitar!  Para el hombre, porque se había apartado de mi Voluntad, gloria, felicidad, honores, todo le había fracasado, había roto el anillo de conjunción, que uniéndolo con Dios le daba los derechos de todos los bienes de su Creador.  Y mi Humanidad al resucitar junta el anillo de unión, restituyéndole los derechos perdidos, dándole la virtud de resucitar.  Toda la gloria, todo el honor es de mi Humanidad; si Yo no hubiese resucitado ninguno podía resucitar.  Con el primer acto vienen las sucesiones de los actos parecidos al primero.  ¿Ves qué cosa es la potencia de un acto primero?  Mi Madre Reina hizo el primer acto de concebirme; Ella para poder concebirme, Verbo Eterno, encerraba en sí todos los actos de las criaturas para corresponder a su Creador de modo de poderle decir: "Soy yo quien te amo, te adoro, te satisfago por todos".  Por lo cual encontrando a todos en mi Mamá de manera que fuesen uno, fue una mi Concepción pude darme a todos como vida de cada criatura. 
    Así tu hija, al hacer tus primeros actos en mi Voluntad, otorgas las otras criaturas  el derecho de entrar en Ella y repetir los actos tuyos para recibir los mismos efectos.  Cuan necesario es que también uno solo haga el primer acto!  Porque esto sirve más abrir la puerta, para preparar las materias primas para formar el modelo para dar vida a aquel acto.  Cuando el primero es hecho, a los otros les resulta más fácil imitarlos.  Esto sucede también en el bajo mundo:  quien es en primer a formar un objeto debe trabajar más, sacrificarse más, debe preparar todas las materias que se requieren, debe hacer tantas pruebas y cuando el primero está hecho, no solo adquieren el derecho de poderlo hacer los otros sino que a ellos les resulta más fácil repetirlo.  Pero toda la gloria es de quien ha hecho el primero, porque si no fuese hecho el primero, los otros actos parecidos nunca podrían existir.  Por eso estés atenta a formar tus primeros actos, si quieres que el Reino del Fiat Divino venga a reinar sobre la tierra".
    Después de esto estaba fundiéndome en el Santo Querer Divino volviendo a llamar a todos los actos de las criaturas, para que todos resurgieran en Él y mi dulce Jesús me ha dicho:
    "Hija mía, que gran diferencia ocurre entre un acto hecho en mi Voluntad y un acto también bueno hecho fuera de Ella; en el primero corre una vida divina dentro de él, y esta vida llena el cielo y la tierra y aquel acto recibe el valor de una vida divina, en el segundo corre un acto de vida humana y este es limitado, restricto, tanto que muchas veces su valor acaba al acabar el acto y si hay valor dentro, es valor humano sujeto a perecer".
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  • LUISA LE PIDE MISERICORDIA AL PADRE CELESTIAL
    Libro de Cielo, Vol 6 - Abril 16, 1904.

    Continuando mi habitual estado me he encontrado fuera de mí misma, y veía una multitud de gentes, y en medio de ellas se oían rumores de bombas y estallidos, y las personas caían muertas y heridas, los que quedaban huían a un palacio cercano, pero los enemigos lo asaltaban y los mataban con más seguridad que a aquellos que permanecían al descubierto.

    Entonces yo decía entre mí: “Cómo quisiera ver si está el Señor entre estas gentes para decirle: “Ten misericordia, piedad de esta pobre gente.”

    Entonces he girado y vuelto a girar y lo he visto como pequeño niñito, pero poco a poco iba creciendo hasta que ha llegado a edad perfecta, entonces yo me he acercado y le he dicho: “Amable Señor, ¿no ves la tragedia que sucede? ¿No quieres hacer más uso de la Misericordia, tal vez quieres tener inútil este atributo que siempre ha glorificado con tanto honor tu Divinidad Encarnada, haciendo con ella una corona especial a tu augusta cabeza y adornándote una segunda corona tan querida y amada por Ti, como son las almas?”

    Ahora, mientras esto decía, Él me ha dicho:

    “Basta, basta, no sigas adelante, tú quieres hablar de Misericordia, ¿y de la Justicia qué haremos? Lo he dicho y te lo repito, es necesario que la Justicia tenga su curso.”

    Por lo tanto he repetido: “No hay remedio, ¿y para qué dejarme en esta tierra cuando no puedo aplacarte más y sufrir yo en lugar de mi prójimo? Siendo así es mejor que me hagas morir.”
    Mientras estaba en esto veía a otra persona detrás de las espaldas de Jesús bendito, y me ha dicho casi haciéndome señas con los ojos: “Preséntate a mi Padre y ve qué cosa te dice.”

    Yo me he presentado toda temblando, y apenas me ha visto me ha dicho:

    “¿Qué quieres que has venido a Mí?”

    Y yo: “Bondad adorable, Misericordia infinita, sabiendo que Tú eres la misma Misericordia, he venido a pedirte misericordia, misericordia para tus mismas imágenes, misericordia para las obras creadas por Ti, misericordia no para otros, sino para tus mismas criaturas.”

    Y Él me ha dicho:

    “¿Entonces es misericordia lo que tú quieres? Pero si quieres verdadera misericordia, la justicia después de que se haya desahogado, producirá grandes y abundantes frutos de misericordia.”

    Entonces, no sabiendo más qué decir, he dicho: “Padre infinitamente santo, cuando los siervos, los necesitados se presentan a los patrones, a los ricos, si son buenos, si no dan todo lo que es necesario, les dan siempre alguna cosa, y yo, que he tenido el bien de presentarme ante Ti, dueño absoluto, rico sin término, bondad infinita, nada quieres dar a esta pobrecita de lo que te ha pedido, ¿no queda acaso más honrado y contento el patrón cuando da que cuando niega lo que es necesario a sus siervos?

    Después de un momento de silencio ha agregado:

    “Por amor tuyo, en vez de hacer por diez haré por cinco.”

    Dicho esto han desaparecido, y yo veía en más partes de la tierra, y especialmente en Europa multiplicarse guerras, guerras civiles y revoluciones.
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  • Señor resucitado, dame tu perdón, y con tu perdón, la paz. Aumenta mi fe, para que viva sereno y confiado en mi vida cristiana. Tú eres fiel a tus promesas.

    Amén.


    Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
    vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve.

    A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva;
    a Ti suspiramos gimiendo y llorando,
    en este valle de lágrimas.

    Ea, pues, Señora nuestra,
    vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos;
    y después de este destierro muéstranos a Jesús,
    fruto bendito de tu vientre.

    ¡Oh clementísima, oh piadosa,
    oh dulce siempre Virgen María!

    Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios,
    para que seamos dignos de alcanzar las promesas
    de Nuestro Señor Jesucristo.

    Amén.
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  • El Reino de Dios
    Vol. 2o. Octubre 15, 1926 » Libro de cielo
    En el Cielo se tendrá tanta felicidad por cuanta Voluntad Divina se encerró en el alma en la tierra.
    Continuando mi acostumbrado giro en la Voluntad Suprema decía entre mí: "Mi Jesús, tu Voluntad abraza y encierra todo, y yo a nombre de la primera criatura salida de tus manos creadoras hasta la última que será creada, intento reparar todas las oposiciones de las voluntades humanas hechas a la tuya, y de tomar en mí todos los actos de tu adorable Voluntad que las criaturas han rechazado, para corresponderlos todos en amor, en adoración, de modo que no haya acto tuyo al que no corresponda un acto mío, para que encontrando en cada acto tuyo mi pequeño acto como bilocado en el tuyo, Tú quedes satisfecho y vengas a reinar como en triunfo sobre la tierra. ¿No es tal vez sobre los actos humanos que tu Fiat Eterno quiere encontrar el apoyo donde dominar? Por eso te ofrezco en cada acto tuyo, el mío como terreno para hacerte extender tu reino." Ahora, mientras esto pensaba y decía, mi siempre amable Jesús se ha movido en mi interior y me ha dicho:
    "Pequeña hija de mi Querer, es justo, es necesario, es de derecho de ambas partes, tanto tuya como de mi Voluntad, que quien es hija suya siga la multiplicidad de los actos de mi Querer, y Él los reciba en los suyos. Un padre sería infeliz si no sintiera a su lado a su hijo para ser seguido en sus actos por él, ni el hijo se sentiría amado por el padre si el padre haciéndolo a un lado no se hiciera seguir por su hijo. Por eso, hija de mi Voluntad y recién nacida en Ella significa precisamente esto: "Seguir como hija fiel todos sus actos." Porque tú debes saber que mi Voluntad salió en campo de acción en la Creación en los actos humanos de la criatura, pero para obrar quiere el acto de la criatura en el suyo para desarrollar su obrar y poder decir: "Mi reino está en medio de mis hijos y propiamente en lo íntimo de sus actos." Porque la criatura por cuanto toma de mi Voluntad, Yo extiendo mi reino en ella y ella extiende su reino en mi Voluntad, pero según me hace dominar en sus actos así ensancha sus confines en mi reino, y Yo doy y ella toma más alegría, más felicidad, más bienes y más gloria, porque está establecido que en la patria celestial, tanto de gloria, bienaventuranzas, de felicidad, recibirán por cuanto de mi Voluntad han encerrado en sus almas en la tierra; su gloria será medida por la misma Voluntad mía que poseerán sus almas, no podrán recibir más porque su capacidad viene formada por aquella misma Voluntad Divina que han hecho y poseído mientras vivían sobre la tierra, y aunque mi liberalidad quisiera darles más, les faltaría el lugar donde contenerlas y se desbordarían fuera. Ahora hija mía, de todo lo que mi Voluntad ha establecido dar a las criaturas, de todos sus actos, hasta ahora poco han tomado, poco han conocido, porque su reino no ha sido conocido, mucho menos poseído, por lo tanto en el Cielo no puede dar toda su gloria completa, ni todas las alegrías y felicidad que posee, porque se encuentra en medio de hijos incapaces y de pequeña estatura, y por eso espera con tanto amor y ansia el tiempo de su reino, para tener su total dominio y dar de su Fiat todo lo que había establecido dar a las criaturas, y así formarse los hijos capaces para poderles dar todos sus bienes, y sólo estos hijos en la patria celestial completarán la gloria a todos los bienaventurados, porque habrán encerrado lo que Ella quería al darle libre campo de acción y de dominio, por eso tendrán la gloria esencial, porque tendrán la capacidad y el espacio donde contenerla, los demás, por medio de éstos tendrán la gloria accidental, y todos gozarán juntos la gloria completa y la plena felicidad de mi Voluntad. Así que el reino del Fiat Supremo será el pleno triunfo del Cielo y de la tierra."
    Ahora pensaba entre mí: "Nuestro Señor en el Padre Nuestro nos enseña a decir, a pedir: "Hágase tu Voluntad", ¿entonces por qué dice que quiere que se viva en Ella?" Y Jesús siempre benigno, moviéndose en mi interior me ha dicho:
    "Hija mía, el "Hágase tu Voluntad" que Yo enseñé a pedir en el Padre Nuestro, significaba que todos debían pedir que al menos hicieran la Voluntad de Dios, y esto es de todos los cristianos y de todos los tiempos, no se puede decir cristiano si no se dispone a hacer la Voluntad de su Padre Celestial. Pero tú no has pensado en la frase que viene inmediatamente después: "Como en el Cielo así en la tierra." Esto significa vivir en el Querer Divino, significa pedir que venga el reino de mi Voluntad a la tierra para vivir en él; en el Cielo no sólo hacen mi Voluntad sino que viven en Ella, la poseen como cosa y reino propio, y si la hicieran y no la poseyeran no sería plena su felicidad, porque la verdadera felicidad comienza en el fondo del alma. Hacer la Voluntad de Dios no significa poseerla, sino someterse a sus órdenes, en cambio vivir en Ella es posesión. Por eso en el Padre Nuestro está la petición: En las palabras "Hágase tu Voluntad", que todos hagan la Voluntad Suprema; y en el "como en el Cielo así en la tierra", que el hombre regrese en aquella Voluntad de donde salió, para readquirir su felicidad, los bienes perdidos y la posesión de su reino divino."
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  • La Resurreccion
    L Resurrección
    Vol. 20. 12.12.1926
    Hija mía, al crear al hombre la Divinidad lo puso dentro del Sol de la Divina Voluntad, y en él puso a todas las criaturas. Este Sol le servía de vestidura, no sólo del alma, sino que sus rayos eran tantos que cubrían también su cuerpo, de modo que para él era más que vestidura, que tanto lo adornaba y embellecía, que ni reyes ni emperadores jamás se han visto tan adornados como Adán se veía con esa vestidura de luz fulgidísima.
    Se equivocan los que dicen que Adán, antes de pecar, iba desnudo; falso, falso. Si todas las cosas creadas por Nosotros están enteramente adornadas y vestidas, él, que era nuestra joya, el destinatario para el que todas las cosas fueron creadas, ¿no tenía que tener la vestidura más bella y el ornamento más hermoso? Por eso, era decoroso que tuviera la bella vestidura de la luz del Sol de nuestra Voluntad, y poseyendo esta vestidura de luz, no necesitaba ropas materiales para cubrirse. Pero en el momento que se salió del FIAT Divino, la luz se retiró del alma y del cuerpo y perdió su bella vestidura, y al no verse ya rodeado de luz, se sintió desnudo. Y avergonzándose al verse desnudo él sólo en medio a todas las cosas creadas, sintió la necesidad de cubrirse y se sirvió de lo superfluo de las cosas creadas para cubrir su desnudez.
    Tan cierto es, que después de mi sumo dolor al ver divididas mis vestiduras y sorteada mi túnica, al resucitar mi Humanidad no tomé otras vestiduras, sino que me vestí con la vestidura fulgidísima del Sol de mi Querer Supremo. Era la misma vestidura que tenía Adán cuando fue creado, porque para abrir el Cielo mi Humanidad tenía que ir vestida con la luz del Sol de mi Querer Supremo, vestidura real que, dándome las insignias de Rey y el dominio en mis manos, abrió el Cielo a todos los redimidos. Y presentándome ante mi Padre Celestial, Le ofrecí las vestiduras íntegras y bellas de su Voluntad, con que estaba cubierta mi Humanidad, para hacer que reconociera como hijos nuestros a todos los redimidos. Así que mi Voluntad, mientras es vida, es a la vez la verdadera vestidura con que fue creada la criatura, y por eso tiene todo el derecho a Ella; ¿pero cuánto no hace para rehuir de esa luz? Por eso, tú mantente firme en este Sol del Eterno FIAT y Yo te ayudaré a que te mantengas en esta luz.
    Entonces yo, al oír eso, le he dicho: Jesús mío y todo mío, ¿cómo? Adán en el estado de inocencia no necesitaba vestiduras, porque la luz de tu Voluntad era más que vestidura, mientras que la Reina Soberana poseía íntegra tu Voluntad y Tú mismo eras esa misma Voluntad, y sin embargo ni la Mamá Celestial ni Tú llevabais vestiduras de luz, y los dos os servisteis de ropas materiales para cubriros; ¿cómo es eso? Y Jesús ha proseguido:
    Hija mía, tanto Yo cuanto mi Madre vinimos a hermanarnos con las criaturas, vinimos a levantar a la humanidad decaída, y por tanto a tomar las miserias y humillaciones en que había caído, para expiarlas a costa de nuestra vida. Si nos hubieran visto vestidos de luz, ¿quién se habría atrevido a acercarse a tratar con Nosotros? Y durante mi Pasión, ¿quién se habría atrevido a tocarme? La luz del Sol de mi Querer los habría cegado y derribado al suelo; por tanto tuve que hacer un milagro más grande, ocultando esta luz en el velo de mi Humanidad, mostrándome como uno de ellos. Porque mi Humanidad representaba, no a Adán inocente, sino a Adán caído, y por tanto me tenía que someter a todos sus males, tomarlos sobre Mí como si fueran míos, para expiarlos ante la Divina Justicia. Por el contrario, cuando resucité de la muerte, representando a Adán inocente, el nuevo Adán, hice cesar el milagro de tener ocultas en el velo de mi Humanidad las vestiduras del fúlgido Sol de mi Querer y quedé vestido de luz purísima, y con esta vestidura real y deslumbradora hice mi entrada en mi Patria, quedando las puertas abiertas, pues hasta ese momento habían estado cerradas, para hacer entrar a todos aquellos que me habían seguido. Por tanto, no haciendo nuestra Voluntad, no hay bien que no se pierda, no hay mal que no se adquiera.
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  • NUESTRA FE NACE LA MAÑANA DE PASCUA. 00:00
    NUESTRA FE NACE LA MAÑANA DE PASCUA. CATEQUESIS DEL PAPA, Miércoles 19.4.17.-
     
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  • RESUCITADO

    Tu cuerpo levantado de la muerte,
    el mismo que clavado fue en la cruz
    y fue enterrado, vive lleno de Luz,
    bello, triunfante, glorioso y fuerte.

    Las llagas con que diste a los esclavos
    la eterna libertad, pies y costado
    hendido por la lanza del soldado
    y manos traspasadas por los clavos,

    destellan con la Gloria de la Vida,
    relucen como el sol sobre la flor
    y muestras las señales del Amor
    que sólo Tú posees por cada herida.

    Tu carne que a la muerte fue arrastrada,
    transida para siempre del aliento
    divino del Espíritu da al viento
    del alba una fragancia desatada

    de Cielo y de jardín, de omnipotente
    Presencia de Dios que eres Tú mismo.
    Vencedor de la muerte y del abismo
    caminas con la luz sobre la frente.

    Resucitado te predica el día,
    eternamente vivo la creación;
    resucitado te anuncia Simón,
    resucitado la tumba vacía.

    Aquel que fue clavado en un madero
    y murió por Amor a cada hombre
    tiene el Nombre sobre todo nombre
    y vive entre los muertos el primero.

    Recibe, Señor, la adoración
    de mi espíritu roto y humillado;
    recibe Salvador resucitado
    el amor de mi pobre corazón

    y la Fe que creo y que proclamo:
    Que Tú eres el Hijo de Dios vivo,
    el único Señor a quien yo sirvo
    y el único Dios a quien yo amo.

    Ángel García-Rayo Luengo, Pbro.

    “No nos une en la religión los lazos de la familia, porque no somos parientes; no nos una la amistad, porque no nos conocíamos; ni la educación, porque la hemos recibido distinta unos de otros. ¿Qué nos une? La caridad de Cristo”.

    Santa Ángela de la Cruz.
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  • RESUCITADO

    Tu cuerpo levantado de la muerte,
    el mismo que clavado fue en la cruz
    y fue enterrado, vive lleno de Luz,
    bello, triunfante, glorioso y fuerte.

    Las llagas con que diste a los esclavos
    la eterna libertad, pies y costado
    hendido por la lanza del soldado
    y manos traspasadas por los clavos,

    destellan con la Gloria de la Vida,
    relucen como el sol sobre la flor
    y muestras las señales del Amor
    que sólo Tú posees por cada herida.

    Tu carne que a la muerte fue arrastrada,
    transida para siempre del aliento
    divino del Espíritu da al viento
    del alba una fragancia desatada

    de Cielo y de jardín, de omnipotente
    Presencia de Dios que eres Tú mismo.
    Vencedor de la muerte y del abismo
    caminas con la luz sobre la frente.

    Resucitado te predica el día,
    eternamente vivo la creación;
    resucitado te anuncia Simón,
    resucitado la tumba vacía.

    Aquel que fue clavado en un madero
    y murió por Amor a cada hombre
    tiene el Nombre sobre todo nombre
    y vive entre los muertos el primero.

    Recibe, Señor, la adoración
    de mi espíritu roto y humillado;
    recibe Salvador resucitado
    el amor de mi pobre corazón

    y la Fe que creo y que proclamo:
    Que Tú eres el Hijo de Dios vivo,
    el único Señor a quien yo sirvo
    y el único Dios a quien yo amo.

    Ángel García-Rayo Luengo, Pbro.

    “No nos une en la religión los lazos de la familia, porque no somos parientes; no nos una la amistad, porque no nos conocíamos; ni la educación, porque la hemos recibido distinta unos de otros. ¿Qué nos une? La caridad de Cristo”.

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    Tu cuerpo levantado de la muerte,
    el mismo que clavado fue en la cruz
    y fue enterrado, vive lleno de Luz,
    bello, triunfante, glorioso y fuerte.

    Las llagas con que diste a los esclavos
    la eterna libertad, pies y costado
    hendido por la lanza del soldado
    y manos traspasadas por los clavos,

    destellan con la Gloria de la Vida,
    relucen como el sol sobre la flor
    y muestras las señales del Amor
    que sólo Tú posees por cada herida.

    Tu carne que a la muerte fue arrastrada,
    transida para siempre del aliento
    divino del Espíritu da al viento
    del alba una fragancia desatada

    de Cielo y de jardín, de omnipotente
    Presencia de Dios que eres Tú mismo.
    Vencedor de la muerte y del abismo
    caminas con la luz sobre la frente.

    Resucitado te predica el día,
    eternamente vivo la creación;
    resucitado te anuncia Simón,
    resucitado la tumba vacía.

    Aquel que fue clavado en un madero
    y murió por Amor a cada hombre
    tiene el Nombre sobre todo nombre
    y vive entre los muertos el primero.

    Recibe, Señor, la adoración
    de mi espíritu roto y humillado;
    recibe Salvador resucitado
    el amor de mi pobre corazón

    y la Fe que creo y que proclamo:
    Que Tú eres el Hijo de Dios vivo,
    el único Señor a quien yo sirvo
    y el único Dios a quien yo amo.

    Ángel García-Rayo Luengo, Pbro.

    “No nos une en la religión los lazos de la familia, porque no somos parientes; no nos una la amistad, porque no nos conocíamos; ni la educación, porque la hemos recibido distinta unos de otros. ¿Qué nos une? La caridad de Cristo”.

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    Tu cuerpo levantado de la muerte,
    el mismo que clavado fue en la cruz
    y fue enterrado, vive lleno de Luz,
    bello, triunfante, glorioso y fuerte.

    Las llagas con que diste a los esclavos
    la eterna libertad, pies y costado
    hendido por la lanza del soldado
    y manos traspasadas por los clavos,

    destellan con la Gloria de la Vida,
    relucen como el sol sobre la flor
    y muestras las señales del Amor
    que sólo Tú posees por cada herida.

    Tu carne que a la muerte fue arrastrada,
    transida para siempre del aliento
    divino del Espíritu da al viento
    del alba una fragancia desatada

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    Presencia de Dios que eres Tú mismo.
    Vencedor de la muerte y del abismo
    caminas con la luz sobre la frente.

    Resucitado te predica el día,
    eternamente vivo la creación;
    resucitado te anuncia Simón,
    resucitado la tumba vacía.

    Aquel que fue clavado en un madero
    y murió por Amor a cada hombre
    tiene el Nombre sobre todo nombre
    y vive entre los muertos el primero.

    Recibe, Señor, la adoración
    de mi espíritu roto y humillado;
    recibe Salvador resucitado
    el amor de mi pobre corazón

    y la Fe que creo y que proclamo:
    Que Tú eres el Hijo de Dios vivo,
    el único Señor a quien yo sirvo
    y el único Dios a quien yo amo.

    Ángel García-Rayo Luengo, Pbro.

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    Tu cuerpo levantado de la muerte,
    el mismo que clavado fue en la cruz
    y fue enterrado, vive lleno de Luz,
    bello, triunfante, glorioso y fuerte.

    Las llagas con que diste a los esclavos
    la eterna libertad, pies y costado
    hendido por la lanza del soldado
    y manos traspasadas por los clavos,

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    relucen como el sol sobre la flor
    y muestras las señales del Amor
    que sólo Tú posees por cada herida.

    Tu carne que a la muerte fue arrastrada,
    transida para siempre del aliento
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    Presencia de Dios que eres Tú mismo.
    Vencedor de la muerte y del abismo
    caminas con la luz sobre la frente.

    Resucitado te predica el día,
    eternamente vivo la creación;
    resucitado te anuncia Simón,
    resucitado la tumba vacía.

    Aquel que fue clavado en un madero
    y murió por Amor a cada hombre
    tiene el Nombre sobre todo nombre
    y vive entre los muertos el primero.

    Recibe, Señor, la adoración
    de mi espíritu roto y humillado;
    recibe Salvador resucitado
    el amor de mi pobre corazón

    y la Fe que creo y que proclamo:
    Que Tú eres el Hijo de Dios vivo,
    el único Señor a quien yo sirvo
    y el único Dios a quien yo amo.

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    el mismo que clavado fue en la cruz
    y fue enterrado, vive lleno de Luz,
    bello, triunfante, glorioso y fuerte.

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    Aquel que fue clavado en un madero
    y murió por Amor a cada hombre
    tiene el Nombre sobre todo nombre
    y vive entre los muertos el primero.

    Recibe, Señor, la adoración
    de mi espíritu roto y humillado;
    recibe Salvador resucitado
    el amor de mi pobre corazón

    y la Fe que creo y que proclamo:
    Que Tú eres el Hijo de Dios vivo,
    el único Señor a quien yo sirvo
    y el único Dios a quien yo amo.

    Ángel García-Rayo Luengo, Pbro.

    “No nos une en la religión los lazos de la familia, porque no somos parientes; no nos una la amistad, porque no nos conocíamos; ni la educación, porque la hemos recibido distinta unos de otros. ¿Qué nos une? La caridad de Cristo”.

    Santa Ángela de la Cruz.
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  • RESUCITADO

    Tu cuerpo levantado de la muerte,
    el mismo que clavado fue en la cruz
    y fue enterrado, vive lleno de Luz,
    bello, triunfante, glorioso y fuerte.

    Las llagas con que diste a los esclavos
    la eterna libertad, pies y costado
    hendido por la lanza del soldado
    y manos traspasadas por los clavos,

    destellan con la Gloria de la Vida,
    relucen como el sol sobre la flor
    y muestras las señales del Amor
    que sólo Tú posees por cada herida.

    Tu carne que a la muerte fue arrastrada,
    transida para siempre del aliento
    divino del Espíritu da al viento
    del alba una fragancia desatada

    de Cielo y de jardín, de omnipotente
    Presencia de Dios que eres Tú mismo.
    Vencedor de la muerte y del abismo
    caminas con la luz sobre la frente.

    Resucitado te predica el día,
    eternamente vivo la creación;
    resucitado te anuncia Simón,
    resucitado la tumba vacía.

    Aquel que fue clavado en un madero
    y murió por Amor a cada hombre
    tiene el Nombre sobre todo nombre
    y vive entre los muertos el primero.

    Recibe, Señor, la adoración
    de mi espíritu roto y humillado;
    recibe Salvador resucitado
    el amor de mi pobre corazón

    y la Fe que creo y que proclamo:
    Que Tú eres el Hijo de Dios vivo,
    el único Señor a quien yo sirvo
    y el único Dios a quien yo amo.

    Ángel García-Rayo Luengo, Pbro.

    “No nos une en la religión los lazos de la familia, porque no somos parientes; no nos una la amistad, porque no nos conocíamos; ni la educación, porque la hemos recibido distinta unos de otros. ¿Qué nos une? La caridad de Cristo”.

    Santa Ángela de la Cruz.
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    Tu cuerpo levantado de la muerte,
    el mismo que clavado fue en la cruz
    y fue enterrado, vive lleno de Luz,
    bello, triunfante, glorioso y fuerte.

    Las llagas con que diste a los esclavos
    la eterna libertad, pies y costado
    hendido por la lanza del soldado
    y manos traspasadas por los clavos,

    destellan con la Gloria de la Vida,
    relucen como el sol sobre la flor
    y muestras las señales del Amor
    que sólo Tú posees por cada herida.

    Tu carne que a la muerte fue arrastrada,
    transida para siempre del aliento
    divino del Espíritu da al viento
    del alba una fragancia desatada

    de Cielo y de jardín, de omnipotente
    Presencia de Dios que eres Tú mismo.
    Vencedor de la muerte y del abismo
    caminas con la luz sobre la frente.

    Resucitado te predica el día,
    eternamente vivo la creación;
    resucitado te anuncia Simón,
    resucitado la tumba vacía.

    Aquel que fue clavado en un madero
    y murió por Amor a cada hombre
    tiene el Nombre sobre todo nombre
    y vive entre los muertos el primero.

    Recibe, Señor, la adoración
    de mi espíritu roto y humillado;
    recibe Salvador resucitado
    el amor de mi pobre corazón

    y la Fe que creo y que proclamo:
    Que Tú eres el Hijo de Dios vivo,
    el único Señor a quien yo sirvo
    y el único Dios a quien yo amo.

    Ángel García-Rayo Luengo, Pbro.

    “No nos une en la religión los lazos de la familia, porque no somos parientes; no nos una la amistad, porque no nos conocíamos; ni la educación, porque la hemos recibido distinta unos de otros. ¿Qué nos une? La caridad de Cristo”.

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    Tu cuerpo levantado de la muerte,
    el mismo que clavado fue en la cruz
    y fue enterrado, vive lleno de Luz,
    bello, triunfante, glorioso y fuerte.

    Las llagas con que diste a los esclavos
    la eterna libertad, pies y costado
    hendido por la lanza del soldado
    y manos traspasadas por los clavos,

    destellan con la Gloria de la Vida,
    relucen como el sol sobre la flor
    y muestras las señales del Amor
    que sólo Tú posees por cada herida.

    Tu carne que a la muerte fue arrastrada,
    transida para siempre del aliento
    divino del Espíritu da al viento
    del alba una fragancia desatada

    de Cielo y de jardín, de omnipotente
    Presencia de Dios que eres Tú mismo.
    Vencedor de la muerte y del abismo
    caminas con la luz sobre la frente.

    Resucitado te predica el día,
    eternamente vivo la creación;
    resucitado te anuncia Simón,
    resucitado la tumba vacía.

    Aquel que fue clavado en un madero
    y murió por Amor a cada hombre
    tiene el Nombre sobre todo nombre
    y vive entre los muertos el primero.

    Recibe, Señor, la adoración
    de mi espíritu roto y humillado;
    recibe Salvador resucitado
    el amor de mi pobre corazón

    y la Fe que creo y que proclamo:
    Que Tú eres el Hijo de Dios vivo,
    el único Señor a quien yo sirvo
    y el único Dios a quien yo amo.

    Ángel García-Rayo Luengo, Pbro.

    “No nos une en la religión los lazos de la familia, porque no somos parientes; no nos una la amistad, porque no nos conocíamos; ni la educación, porque la hemos recibido distinta unos de otros. ¿Qué nos une? La caridad de Cristo”.

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    Tu cuerpo levantado de la muerte,
    el mismo que clavado fue en la cruz
    y fue enterrado, vive lleno de Luz,
    bello, triunfante, glorioso y fuerte.

    Las llagas con que diste a los esclavos
    la eterna libertad, pies y costado
    hendido por la lanza del soldado
    y manos traspasadas por los clavos,

    destellan con la Gloria de la Vida,
    relucen como el sol sobre la flor
    y muestras las señales del Amor
    que sólo Tú posees por cada herida.

    Tu carne que a la muerte fue arrastrada,
    transida para siempre del aliento
    divino del Espíritu da al viento
    del alba una fragancia desatada

    de Cielo y de jardín, de omnipotente
    Presencia de Dios que eres Tú mismo.
    Vencedor de la muerte y del abismo
    caminas con la luz sobre la frente.

    Resucitado te predica el día,
    eternamente vivo la creación;
    resucitado te anuncia Simón,
    resucitado la tumba vacía.

    Aquel que fue clavado en un madero
    y murió por Amor a cada hombre
    tiene el Nombre sobre todo nombre
    y vive entre los muertos el primero.

    Recibe, Señor, la adoración
    de mi espíritu roto y humillado;
    recibe Salvador resucitado
    el amor de mi pobre corazón

    y la Fe que creo y que proclamo:
    Que Tú eres el Hijo de Dios vivo,
    el único Señor a quien yo sirvo
    y el único Dios a quien yo amo.

    Ángel García-Rayo Luengo, Pbro.

    “No nos une en la religión los lazos de la familia, porque no somos parientes; no nos una la amistad, porque no nos conocíamos; ni la educación, porque la hemos recibido distinta unos de otros. ¿Qué nos une? La caridad de Cristo”.

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    Tu cuerpo levantado de la muerte,
    el mismo que clavado fue en la cruz
    y fue enterrado, vive lleno de Luz,
    bello, triunfante, glorioso y fuerte.

    Las llagas con que diste a los esclavos
    la eterna libertad, pies y costado
    hendido por la lanza del soldado
    y manos traspasadas por los clavos,

    destellan con la Gloria de la Vida,
    relucen como el sol sobre la flor
    y muestras las señales del Amor
    que sólo Tú posees por cada herida.

    Tu carne que a la muerte fue arrastrada,
    transida para siempre del aliento
    divino del Espíritu da al viento
    del alba una fragancia desatada

    de Cielo y de jardín, de omnipotente
    Presencia de Dios que eres Tú mismo.
    Vencedor de la muerte y del abismo
    caminas con la luz sobre la frente.

    Resucitado te predica el día,
    eternamente vivo la creación;
    resucitado te anuncia Simón,
    resucitado la tumba vacía.

    Aquel que fue clavado en un madero
    y murió por Amor a cada hombre
    tiene el Nombre sobre todo nombre
    y vive entre los muertos el primero.

    Recibe, Señor, la adoración
    de mi espíritu roto y humillado;
    recibe Salvador resucitado
    el amor de mi pobre corazón

    y la Fe que creo y que proclamo:
    Que Tú eres el Hijo de Dios vivo,
    el único Señor a quien yo sirvo
    y el único Dios a quien yo amo.

    Ángel García-Rayo Luengo, Pbro.

    “No nos une en la religión los lazos de la familia, porque no somos parientes; no nos una la amistad, porque no nos conocíamos; ni la educación, porque la hemos recibido distinta unos de otros. ¿Qué nos une? La caridad de Cristo”.

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    Tu cuerpo levantado de la muerte,
    el mismo que clavado fue en la cruz
    y fue enterrado, vive lleno de Luz,
    bello, triunfante, glorioso y fuerte.

    Las llagas con que diste a los esclavos
    la eterna libertad, pies y costado
    hendido por la lanza del soldado
    y manos traspasadas por los clavos,

    destellan con la Gloria de la Vida,
    relucen como el sol sobre la flor
    y muestras las señales del Amor
    que sólo Tú posees por cada herida.

    Tu carne que a la muerte fue arrastrada,
    transida para siempre del aliento
    divino del Espíritu da al viento
    del alba una fragancia desatada

    de Cielo y de jardín, de omnipotente
    Presencia de Dios que eres Tú mismo.
    Vencedor de la muerte y del abismo
    caminas con la luz sobre la frente.

    Resucitado te predica el día,
    eternamente vivo la creación;
    resucitado te anuncia Simón,
    resucitado la tumba vacía.

    Aquel que fue clavado en un madero
    y murió por Amor a cada hombre
    tiene el Nombre sobre todo nombre
    y vive entre los muertos el primero.

    Recibe, Señor, la adoración
    de mi espíritu roto y humillado;
    recibe Salvador resucitado
    el amor de mi pobre corazón

    y la Fe que creo y que proclamo:
    Que Tú eres el Hijo de Dios vivo,
    el único Señor a quien yo sirvo
    y el único Dios a quien yo amo.

    Ángel García-Rayo Luengo, Pbro.

    “No nos une en la religión los lazos de la familia, porque no somos parientes; no nos una la amistad, porque no nos conocíamos; ni la educación, porque la hemos recibido distinta unos de otros. ¿Qué nos une? La caridad de Cristo”.

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    Tu cuerpo levantado de la muerte,
    el mismo que clavado fue en la cruz
    y fue enterrado, vive lleno de Luz,
    bello, triunfante, glorioso y fuerte.

    Las llagas con que diste a los esclavos
    la eterna libertad, pies y costado
    hendido por la lanza del soldado
    y manos traspasadas por los clavos,

    destellan con la Gloria de la Vida,
    relucen como el sol sobre la flor
    y muestras las señales del Amor
    que sólo Tú posees por cada herida.

    Tu carne que a la muerte fue arrastrada,
    transida para siempre del aliento
    divino del Espíritu da al viento
    del alba una fragancia desatada

    de Cielo y de jardín, de omnipotente
    Presencia de Dios que eres Tú mismo.
    Vencedor de la muerte y del abismo
    caminas con la luz sobre la frente.

    Resucitado te predica el día,
    eternamente vivo la creación;
    resucitado te anuncia Simón,
    resucitado la tumba vacía.

    Aquel que fue clavado en un madero
    y murió por Amor a cada hombre
    tiene el Nombre sobre todo nombre
    y vive entre los muertos el primero.

    Recibe, Señor, la adoración
    de mi espíritu roto y humillado;
    recibe Salvador resucitado
    el amor de mi pobre corazón

    y la Fe que creo y que proclamo:
    Que Tú eres el Hijo de Dios vivo,
    el único Señor a quien yo sirvo
    y el único Dios a quien yo amo.

    Ángel García-Rayo Luengo, Pbro.

    “No nos une en la religión los lazos de la familia, porque no somos parientes; no nos una la amistad, porque no nos conocíamos; ni la educación, porque la hemos recibido distinta unos de otros. ¿Qué nos une? La caridad de Cristo”.

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    Tu cuerpo levantado de la muerte,
    el mismo que clavado fue en la cruz
    y fue enterrado, vive lleno de Luz,
    bello, triunfante, glorioso y fuerte.

    Las llagas con que diste a los esclavos
    la eterna libertad, pies y costado
    hendido por la lanza del soldado
    y manos traspasadas por los clavos,

    destellan con la Gloria de la Vida,
    relucen como el sol sobre la flor
    y muestras las señales del Amor
    que sólo Tú posees por cada herida.

    Tu carne que a la muerte fue arrastrada,
    transida para siempre del aliento
    divino del Espíritu da al viento
    del alba una fragancia desatada

    de Cielo y de jardín, de omnipotente
    Presencia de Dios que eres Tú mismo.
    Vencedor de la muerte y del abismo
    caminas con la luz sobre la frente.

    Resucitado te predica el día,
    eternamente vivo la creación;
    resucitado te anuncia Simón,
    resucitado la tumba vacía.

    Aquel que fue clavado en un madero
    y murió por Amor a cada hombre
    tiene el Nombre sobre todo nombre
    y vive entre los muertos el primero.

    Recibe, Señor, la adoración
    de mi espíritu roto y humillado;
    recibe Salvador resucitado
    el amor de mi pobre corazón

    y la Fe que creo y que proclamo:
    Que Tú eres el Hijo de Dios vivo,
    el único Señor a quien yo sirvo
    y el único Dios a quien yo amo.

    Ángel García-Rayo Luengo, Pbro.

    “No nos une en la religión los lazos de la familia, porque no somos parientes; no nos una la amistad, porque no nos conocíamos; ni la educación, porque la hemos recibido distinta unos de otros. ¿Qué nos une? La caridad de Cristo”.

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  • RESUCITADO

    Tu cuerpo levantado de la muerte,
    el mismo que clavado fue en la cruz
    y fue enterrado, vive lleno de Luz,
    bello, triunfante, glorioso y fuerte.

    Las llagas con que diste a los esclavos
    la eterna libertad, pies y costado
    hendido por la lanza del soldado
    y manos traspasadas por los clavos,

    destellan con la Gloria de la Vida,
    relucen como el sol sobre la flor
    y muestras las señales del Amor
    que sólo Tú posees por cada herida.

    Tu carne que a la muerte fue arrastrada,
    transida para siempre del aliento
    divino del Espíritu da al viento
    del alba una fragancia desatada

    de Cielo y de jardín, de omnipotente
    Presencia de Dios que eres Tú mismo.
    Vencedor de la muerte y del abismo
    caminas con la luz sobre la frente.

    Resucitado te predica el día,
    eternamente vivo la creación;
    resucitado te anuncia Simón,
    resucitado la tumba vacía.

    Aquel que fue clavado en un madero
    y murió por Amor a cada hombre
    tiene el Nombre sobre todo nombre
    y vive entre los muertos el primero.

    Recibe, Señor, la adoración
    de mi espíritu roto y humillado;
    recibe Salvador resucitado
    el amor de mi pobre corazón

    y la Fe que creo y que proclamo:
    Que Tú eres el Hijo de Dios vivo,
    el único Señor a quien yo sirvo
    y el único Dios a quien yo amo.

    Ángel García-Rayo Luengo, Pbro.

    “No nos une en la religión los lazos de la familia, porque no somos parientes; no nos una la amistad, porque no nos conocíamos; ni la educación, porque la hemos recibido distinta unos de otros. ¿Qué nos une? La caridad de Cristo”.

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    Tu cuerpo levantado de la muerte,
    el mismo que clavado fue en la cruz
    y fue enterrado, vive lleno de Luz,
    bello, triunfante, glorioso y fuerte.

    Las llagas con que diste a los esclavos
    la eterna libertad, pies y costado
    hendido por la lanza del soldado
    y manos traspasadas por los clavos,

    destellan con la Gloria de la Vida,
    relucen como el sol sobre la flor
    y muestras las señales del Amor
    que sólo Tú posees por cada herida.

    Tu carne que a la muerte fue arrastrada,
    transida para siempre del aliento
    divino del Espíritu da al viento
    del alba una fragancia desatada

    de Cielo y de jardín, de omnipotente
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    Vencedor de la muerte y del abismo
    caminas con la luz sobre la frente.

    Resucitado te predica el día,
    eternamente vivo la creación;
    resucitado te anuncia Simón,
    resucitado la tumba vacía.

    Aquel que fue clavado en un madero
    y murió por Amor a cada hombre
    tiene el Nombre sobre todo nombre
    y vive entre los muertos el primero.

    Recibe, Señor, la adoración
    de mi espíritu roto y humillado;
    recibe Salvador resucitado
    el amor de mi pobre corazón

    y la Fe que creo y que proclamo:
    Que Tú eres el Hijo de Dios vivo,
    el único Señor a quien yo sirvo
    y el único Dios a quien yo amo.

    Ángel García-Rayo Luengo, Pbro.

    “No nos une en la religión los lazos de la familia, porque no somos parientes; no nos una la amistad, porque no nos conocíamos; ni la educación, porque la hemos recibido distinta unos de otros. ¿Qué nos une? La caridad de Cristo”.

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