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  • VIDEO: PAPA FRANCISCO HOMILIA, MISA DEL JUBILEO DE LOS DIÁCONOS: “Servir es el estilo mediante el cual se vive la misión de evangelizar”. (Video y Texto en ESPAÑOL). 20 Mayo 2016.

    “Para ser capaces del servicio, se necesita la salud del corazón: un corazón restaurado por Dios, que se sienta perdonado y no sea ni cerrado ni duro”, lo dijo el Papa Francisco en su homilía en la Celebración Eucarística en el Jubileo de los Diáconos. El evento jubilar que congregó a diáconos de todo el mundo bajo el lema: “El diácono, imagen de la misericordia para la promoción de la nueva evangelización”, concluyó con la Misa presidida por el Santo Padre.
    Para leer texto Completo en: http://es.radiovaticana.va/news/2016/05/29/homilia_-_papa_francisco_-_jubileo_de_los_diaconos/1233284
    PAPA FRANCISCO HOMILIA, MISA DEL JUBILEO DE LOS DIÁCONOS: “Servir es el estilo mediante el cual se vive la misión de evangelizar”. (Video y Texto en ESPAÑOL). 20 Mayo 2016. 00:00
    PAPA FRANCISCO HOMILIA, MISA DEL JUBILEO DE LOS DIÁCONOS: “Servir es el estilo mediante el cual se vive la misión de evangelizar”. (Video y Texto en ESPAÑOL). 20 Mayo 2016. PAPA FRANCISCO HOMILIA, MISA DEL JUBILEO DE LOS DIÁCONOS: “Servir es el estilo mediante el cual se vive la misión de evangelizar”. (Video y Texto en E ...
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  • Con la celebración del Corpus Chrisiti, la Iglesia nos invita a adorar y honrar el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de nuestro Señor, quien se dona a nosotros en cada Eucaristía como alimento y fortaleza para nuestro diario caminar hacia la vida eterna.
    Jesús Sacramentado te bendiga y te llene de su amor y nuestra Madre María Auxiliadora interceda por ti y tus seres queridos.
    Feliz domingo e inicio de semana.
    https://www.youtube.com/watch?v=_V4U1wRARMk
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  • FELIZ DIA DE CORPUS CHRISTI!!!
    Libro de Cielo - Junio 12, 1928

    Después de esto, siendo la fiesta del Corpus Domine, estaba pensando entre mí que aquel día era la fiesta de esponsalicio que Jesús bendito hacía con las almas en el Santísimo Sacramento de amor, y mi amado Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

    “Hija mía, el verdadero esponsalicio con la humanidad fue en la Creación, nada faltó ni al alma ni al cuerpo, todo fue hecho con suntuosidad real, a la naturaleza humana le fue preparado un palacio grandísimo, que ningún rey ni emperador puede tener uno igual, el cual es todo el universo, un cielo estrellado y su bóveda; un sol que no se debía extinguir jamás por luz; amenos jardines donde la pareja feliz, Dios y el hombre, debía pasear, recrearse y mantener la fiesta continua, no interrumpida jamás de nuestro esponsalicio; vestidos no tejidos de materia, sino formados por nuestra Potencia de purísima luz, como convenía a personas reales; todo era belleza en el hombre, alma y cuerpo, porque Aquél que preparaba el esponsalicio y lo formaba era de una belleza inalcanzable, así que por la suntuosidad externa de las tantas bellezas encantadoras que hay en toda la Creación, puedes imaginar los mares internos de santidad, de belleza, de luz, de ciencia, etc., que poseía el interior del hombre.

    Todos los actos del hombre, internos y externos, eran tantas teclas musicales que formaban las más bellas músicas, dulces, melodiosas, armoniosas, que mantenían la alegría al esponsalicio, y en cada acto de más que se disponía a hacer, era una nueva sonatina que preparaba para llamar al esposo a recrearse con él.

    Mi Voluntad Divina que dominaba a la humanidad, le llevaba el acto nuevo continuado y la semejanza de Aquél que lo había creado y esposado, pero en tanta fiesta el hombre rompió el anillo más fuerte, en el cual estaba toda la validez y por el cual había tenido vigor nuestro esponsalicio, que fue el de sustraerse de nuestra Voluntad, el cual, en virtud de esto, quedó libre, y perdidos todos los derechos quedó el solo recuerdo del esponsalicio, pero la sustancia, la vida, los efectos, no existían más.

    Ahora, en el Sacramento de la Eucaristía, en el cual sobreabundó mi Amor en todos los modos posibles e imaginables, no se puede llamar ni el primer esponsalicio de la Creación, ni el verdadero, y Yo no hago otra cosa que continuar lo que hice estando sobre la tierra, según las necesidades que hay en las almas: Para quién me hago médico piadoso para curarle, para quién maestro para instruirle, para quién padre para perdonarlos, para quién luz para darle la vista, doy la fuerza a los débiles, el coraje a los tímidos, la paz a los inquietos, en suma, continúo mi Vida y virtud redentora, pero todas estas miserias excluyen el verdadero esponsalicio.

    Ningún joven toma por esposa a una joven enferma, a lo más espera que se cure, ni a una joven débil y que frecuentemente lo ofenda; y si el esposo es un rey y la ama, a lo más espera que la esposa cure, que lo ame y que las condiciones de ella sean en algún modo satisfactorias y no tan inferiores a las de él.

    Ahora, las condiciones en las cuales se encuentra la pobre humanidad es aún de una pobre enferma, y espero que mi Voluntad sea conocida y reine en medio de las criaturas, la cual les dará la verdadera santidad, los vestidos reales, la belleza digna de él y entonces formaré de nuevo el verdadero y primer esponsalicio.”
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  • Celebrar, hacer celebrar y participar en la santa Misa en honor de la Santísima Virgen.
    El santo sacrificio de la Misa siempre se ofrece a Dios en reconocimiento de su supremo dominio, pero esto no impide, dice el sagrado Concilio de Trento, que pueda ofrecerse a la vez a Dios en agradecimiento por las gracias concedidas a a su Santísima Madre y a los santos para que haciendo memoria de ellos se dignen interceder por nosotros. Por eso se dice en la Misa: "Para que a ellos les sirva de honor y a nosotros de salvación".

    San Alfonso María de Ligorio
    Doctor de la Iglesia
    Las Gloria de María; Obseqio 10
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  • Día 29:
    Audio: http://co.ivoox.com/es/4568764

    La Reina del Cielo en el Reino de la Divina Voluntad. La Ascensión de Jesús al cielo.

    El alma a su Madre y Reina:

    Madre admirable, aquí estoy una vez más sobre tu regazo materno, para unirme junto contigo a la fiesta y triunfo de la Resurrección de nuestro amado Jesús. ¡Qué bella te ves hoy, toda amabilidad, toda dulzura, toda alegría; me parece verte como resucitada junto con Jesús! ¡Oh, Madre Santa, en medio de tanta alegría y triunfo, no te olvides de tu hija; más aún, deposita en mi alma el germen de la Resurrección de Jesús, para que en virtud de ella resucite plenamente en la Divina Voluntad y viva siempre unida a ti y a mi dulce Jesús.

    Lección de la Reina del Cielo:

    Hija bendita de mi Corazón materno, fue muy grande mi alegría y mi triunfo en la Resurrección de mi Hijo, me sentí renacida y resucitada en él; todos mis dolores se transformaron en gozos y en mares de gracia, de luz, de amor y de perdón para las criaturas; estos mares extendían mi maternidad sobre todos mis hijos que Jesús me dio con el sello de mis dolores.

    Escucha, querida hija mía; tú debes saber que, después de la muerte de mi Hijo, me retiré al cenáculo en compañía de mi amado Juan y de Magdalena; pero mi Corazón sufría mucho al ver que sólo Juan estaba conmigo; y llena de dolor me preguntaba: "Y los demás apóstoles, ¿dónde están? "

    Pero, en cuanto ellos escucharon que Jesús había muerto, tocados por una gracia especial, sumamente conmovidos y llorando, los fugitivos se fueron acercando a mí uno por uno, haciéndome corona; y con lágrimas y suspiros me pedían perdón por haber abandonado a su Maestro y huido tan vilmente. Yo los acogí maternalmente en el Arca de refugio y de salvación de mi Corazón y les aseguré el perdón de mi Hijo a cada uno, los animé a no temer y les dije que su suerte estaba en mis manos porque a todos me los había dado por hijos y yo como tales los reconocía.

    Bendita hija mía, tú sabes bien que yo estuve presente en la Resurrección de mi Hijo, pero no se lo dije a nadie esperando que Jesús mismo fuera quien les manifestara que había resucitado glorioso y triunfante. La primera que lo vio resucitado fue la afortunada Magdalena y después las piadosas mujeres; todos venían a decirme que habían visto a Jesús resucitado, que el sepulcro estaba vacío y mientras yo los escuchaba con aire triunfal los confirmaba a todos en la fe en la Resurrección. Casi todos los apóstoles vieron a su adorado Maestro durante el día y todos se sintieron triunfadores de haber sido apóstoles de Jesús. ¡Qué cambio de escena, hija mía! Símbolo de quien primero se ha hecho dominar por su voluntad humana representada por los Apóstoles que huyen, que abandonan a su Maestro, fue tanto el temor y el pánico que se escondieron y Pedro llegó hasta negarlo. ¡Oh, si se hubieran dejado dominar por la Divina Voluntad jamás habrían huido abandonando a su Maestro, sino que con intrepidez y como triunfadores no se hubieran separado nunca de su lado y se hubieran sentido honrados de dar la vida para defenderlo.

    Hija mía, mi amado Jesús se entretuvo resucitado sobre la tierra durante cuarenta días; frecuentemente se les aparecía a sus apóstoles para confirmarlos en la fe y en la certeza de la Resurrección; y cuando no estaba con los apóstoles se encontraba a mi lado, en el cenáculo, rodeado por las almas que habían salido del limbo. Pero, cuando estuvieron por terminar los cuarenta días, mi amado Jesús les dejó sus instrucciones a los apóstoles y, dejándome a mí como guía y maestra, nos prometió la venida del Espíritu Santo; luego bendiciéndonos a todos, partió, emprendiendo el vuelo hacia la bóveda del cielo, junto con aquella turba de gente salvada del limbo.

    Todos los que estaban presentes, y era un gran número, lo vieron ascender al cielo, pero cuando llegó arriba en alto, una nube de luz lo sustrajo de su vista.

    Tu Madre lo siguió al cielo y asistió a la gran fiesta de la Ascensión, pues la patria celestial no era extraña para mí y además, sin mí no hubiera sido completa la fiesta de mi Hijo que ascendió al cielo.

    Y ahora una palabrita para ti, queridísima hija mía; todo lo que has admirado y escuchado no ha sido más que la obra de la potencia de la Divina Voluntad operante en mí y en mi Hijo. Es por eso que tanto anhelo encerrar en ti la vida de la Divina Voluntad. Ella es vida operante porque todas las criaturas la tienen, pero la mayor parte la tienen sofocada y para hacerse servir por ella; y mientras podría obrar prodigios de santidad, de gracia y obras dignas de su potencia, las criaturas la obligan a estarse con las manos cruzadas, sin poder desenvolver su poder. Por eso, está atenta y haz que el cielo de la Divina Voluntad se extienda en ti y que con su potencia haga todo lo que quiera y como quiera.

    El alma:

    Madre Santa, tus hermosas lecciones me extasían, ¡oh, cómo anhelo, cómo suspiro que la vida de la Divina Voluntad obre en mi alma! Yo también quiero ser inseparable de mi Jesús y de ti, Madre mía. Pero para estar más segura de que así sea, te ruego que te tomes el empeño de tener encerrada mi voluntad humana en tu Corazón materno y aunque vea que me esté costando mucho, nunca me la vayas a dar. Sólo así podré estar segura; de lo contrario todo se quedará siempre en palabras pero nunca en hechos; así que a ti se encomienda tu hija y de ti todo lo espera.

    Propósito:

    Hoy, para honrarme, harás tres genuflexiones ante mi Hijo Jesús en el acto en que ascendió al cielo y le pedirás que te haga ascender a la Divina Voluntad.

    Jaculatoria:

    Madre mía, con tu poder triunfa en mi alma y haz que permanezca en la Voluntad de Dios.
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  • DÍA 28 - MEDITACIÓN:
    Audio: http://co.ivoox.com/es/11693708
    Por: Rev Oscar Dario Rodriguez Escobar

    La victoria sobre la muerte.

    Queridos hermanos, en este día 28 de mayo unámonos a Luisa para hacerle compañía a nuestra desolada Madre Celestial, que sin Jesús todo se le convierte en dolor. Todo para ella es un recuerdo de su amado Jesús y cada recuerdo se convierte en una espada afilada que atraviesa su corazón traspasado. María ha sido sometida por la Divina Voluntad a una profunda soledad. Con Luisa, ofrezcamos un alivio y compasión por cada pena que sufre.
    Para que esta compañía pueda ofrecer el verdadero alivio al corazón dolorido de Nuestra Reina Madre, debemos permitir que la Divina Voluntad sea la que domine en nuestra vida. Es lo que nos dice la Virgen, porque estando la Divina Voluntad en nosotros, entonces es el mismo Jesús que en nosotros haría este acompañamiento a su querida Madre y María podrá sentir que es su mismo Hijo el que la acompaña y le da alivio a su dolor.
    El mayor alivio, la mejor compañía que podemos ofrecerle a María, es que ella vea en nosotros el fruto de las penas y de la muerte de Jesús. Sólo así su dolor se convertirá en una profunda alegría y se sentirá plenamente acompañada.

    Como bien hemos entendido, María es inseparable de Jesús y ni la muerte pudo separarlos. Por eso ella pudo participar de las primeras conquistas que Jesús hizo de su Redención. Con Él bajó al limbo en donde lo esperaban todas aquellas almas que lo amaban y que en virtud de los méritos de la Pasión de Jesús se habían salvado. Lo más seguro que allí estaban esperando muchísimos, entre ellos San José, los padres Joaquín y Ana, los Patriarcas, profetas y nos dice María que hasta nuestro primer padre Adán.

    Esta visita al limbo, para sacar a estas almas buenas de allí y llevarlas con Él era el primer signo de su triunfo, que juntamente con la resurrección, confirmaba su doctrina, milagros, la vida de la iglesia y triunfaba sobre las rebeldes voluntades humanas, haciendo surgir la vida de la Divina Voluntad que traería para todos la plenitud de la santidad y de todos los bienes.

    El triunfo de Jesús estuvo precedido por el sufrimiento asumido en la Voluntad de Dios. Es la gran enseñanza que hoy recibimos de nuestra querida Madre Celestial. Hay que poner todas nuestras penas y sufrimientos en la Divina Voluntad, para que pueda resucitar en nosotros el Reino del Padre Celestial.

    Madre triunfante, ayúdanos a morir a nuestra voluntad para resucitar a la vida de la Voluntad Divina.
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  • DÍA 28 - MEDITACIÓN:
    Audio: http://co.ivoox.com/es/11693708
    Por: Rev Oscar Dario Rodriguez Escobar

    La victoria sobre la muerte.

    Queridos hermanos, en este día 28 de mayo unámonos a Luisa para hacerle compañía a nuestra desolada Madre Celestial, que sin Jesús todo se le convierte en dolor. Todo para ella es un recuerdo de su amado Jesús y cada recuerdo se convierte en una espada afilada que atraviesa su corazón traspasado. María ha sido sometida por la Divina Voluntad a una profunda soledad. Con Luisa, ofrezcamos un alivio y compasión por cada pena que sufre.
    Para que esta compañía pueda ofrecer el verdadero alivio al corazón dolorido de Nuestra Reina Madre, debemos permitir que la Divina Voluntad sea la que domine en nuestra vida. Es lo que nos dice la Virgen, porque estando la Divina Voluntad en nosotros, entonces es el mismo Jesús que en nosotros haría este acompañamiento a su querida Madre y María podrá sentir que es su mismo Hijo el que la acompaña y le da alivio a su dolor.
    El mayor alivio, la mejor compañía que podemos ofrecerle a María, es que ella vea en nosotros el fruto de las penas y de la muerte de Jesús. Sólo así su dolor se convertirá en una profunda alegría y se sentirá plenamente acompañada.

    Como bien hemos entendido, María es inseparable de Jesús y ni la muerte pudo separarlos. Por eso ella pudo participar de las primeras conquistas que Jesús hizo de su Redención. Con Él bajó al limbo en donde lo esperaban todas aquellas almas que lo amaban y que en virtud de los méritos de la Pasión de Jesús se habían salvado. Lo más seguro que allí estaban esperando muchísimos, entre ellos San José, los padres Joaquín y Ana, los Patriarcas, profetas y nos dice María que hasta nuestro primer padre Adán.

    Esta visita al limbo, para sacar a estas almas buenas de allí y llevarlas con Él era el primer signo de su triunfo, que juntamente con la resurrección, confirmaba su doctrina, milagros, la vida de la iglesia y triunfaba sobre las rebeldes voluntades humanas, haciendo surgir la vida de la Divina Voluntad que traería para todos la plenitud de la santidad y de todos los bienes.

    El triunfo de Jesús estuvo precedido por el sufrimiento asumido en la Voluntad de Dios. Es la gran enseñanza que hoy recibimos de nuestra querida Madre Celestial. Hay que poner todas nuestras penas y sufrimientos en la Divina Voluntad, para que pueda resucitar en nosotros el Reino del Padre Celestial.

    Madre triunfante, ayúdanos a morir a nuestra voluntad para resucitar a la vida de la Voluntad Divina. acerca de estas fotos...
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  • Anonadamiento de amor.
    Cuando Dios se da a la criatura, se anonada; no con anonadamientos de naturaleza, porque Dios es siempre Dios, hasta en el seno de la Virgen, hasta en la Cruz, hasta en la Eucaristía, hasta en lo íntimo de las almas; pero sí se anonada con un misterioso anonadamiento de amor.

    Siervo de Dios Mons. Luis María Martínez
    Notas Íntimas
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  • Que la lengua humana cante este misterio:
    la preciosa sangre y el precioso cuerpo.

    Quien nació de Virgen Rey del universo,
    por salvar al mundo, dio su sangre en precio.

    Se entregó a nosotros, se nos dio naciendo
    de una casta Virgen; y, acabado el tiempo,
    tras haber sembrado la palabra al pueblo,
    coronó su obra con prodigio excelso.

    Fue en la última cena-ágape fraterno-,
    tras comer la Pascua según mandamiento,
    con sus propias manos repartió su cuerpo,
    lo entregó a los Doce para su alimento.

    La palabra es carne y hace carne y cuerpo
    con palabra suya lo que fue pan nuestro.

    Hace sangre el vino, y, aunque no entendemos,
    basta fe, si existe corazón sincero.

    Adorad postrados este Sacramento.
    Cesa el viejo rito; se establece el nuevo.
    Dudan los sentidos y el entendimiento:
    que la fe lo supla con asentimiento

    Himnos de alabanza, bendición y obsequio;
    por igual la gloria y el poder y el reino
    al eterno Padre con el Hijo eterno
    y el divino Espíritu que procede de ellos.

    Amén
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  • VIDEO "TERORÍA DE GÉNERO: SUS REPERCUSIONES" CARDENAL PREFECTO PARA LA CONGREGACIÓN DEL CULTO DIVINO, MONS. ROBERT SARAH.
    Los 3 primeros minutos de la conferencia están se oye un poco mal después muy bien. Conferencia sobre la "ideología de género" impartida por el Cardenal Prefecto para la Congregación del Culto Divino, Mons. Robert Sarah; pronunciada el 24 de mayo de 2016 en el Palacio de Congresos de  Organizada por la Universidad Católica de Avila; Jornadas "Mujer, Familia y Sociedad"
    "TERORÍA DE GÉNERO: SUS REPERCUSIONES"  CARDENAL PREFECTO PARA LA CONGREGACIÓN DEL CULTO DIVINO, MONS. ROBERT SARAH. 00:00
    "TERORÍA DE GÉNERO: SUS REPERCUSIONES" CARDENAL PREFECTO PARA LA CONGREGACIÓN DEL CULTO DIVINO, MONS. ROBERT SARAH. "TERORÍA DE GÉNERO: SUS REPERCUSIONES" CARDENAL PREFECTO PARA LA CONGREGACIÓN DEL CULTO DIVINO, MONS. ROBERT SARAH. Los 3 primeros minutos ...
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  • PAPA FRANCISCO HOMILÍA EN EL CORPUS CHRISTI. 26 mayo 2016. “Ofrecer lo que recibimos de las manos de Jesús”.

    La tarde del jueves 26 de mayo, Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, el Papa Francisco presidió la Celebración Eucarística en laBasílica de San Juan de  Letrán. “Hagan esto en memoria mía”: el mandato de Cristo a los discípulos en el relato de la institución de la Eucaristía narrado en la Carta de Pablo a los Corintios, fue el tema de la homilía del Santo Padre.

    Texto Completo en: http://es.radiovaticana.va/news/2016/05/26/ofrecer_lo_que_recibimos_de_las_manos_de_jes%C3%BAs_/1232633
    PAPA FRANCISCO HOMILÍA EN EL CORPUS CHRISTI. 26 mayo 2016. “Ofrecer lo que recibimos de las manos de Jesús”. 00:00
    PAPA FRANCISCO HOMILÍA EN EL CORPUS CHRISTI. 26 mayo 2016. “Ofrecer lo que recibimos de las manos de Jesús”. PAPA FRANCISCO HOMILÍA EN EL CORPUS CHRISTI. 26 mayo 2016. “Ofrecer lo que recibimos de las manos de Jesús”. La tarde del jueves 26 de mayo, Solemni ...
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  • Invocando el nombre de la Virgen María.
    El que desee gustar de la dulzura escondida en el Sacramento del Altar y acercarse dignamente a este mismo Sacramento, ha de disponerse invocando el nombre de la Virgen María.

    San Buenaventura
    Doctor de la Iglesia
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  • DÍA 27:
    Audio: http://co.ivoox.com/es/4557784

    LA REINA DE LOS DOLORES EN EL REINO DE LA DIVINA VOLUNTAD. SUENA LA HORA DEL DOLOR; LA PASIÓN, EL DEICIDIO.

    EL ALMA A SU MADRE DOLOROSA:

    Mi querida Madre Dolorosa, hoy más que nunca siento la necesidad irresistible de estar cerca de ti, no me separaré de tu lado para ser espectadora de tus intensos dolores y pedirte, como hija tuya, la gracia de que deposites en mí tus dolores y los de tu Hijo Jesús, incluso su misma muerte, para que su muerte y tus dolores me den la gracia de hacerme morir continuamente a mi voluntad y sobre ella hacerme resucitar a la Divina Voluntad.

    LECCIÓN DE LA REINA DEL CIELO:

    Queridísima hija mía, no me niegues tu compañía en medio de tanta amargura. La Divinidad ha ya decretado el último día de vida de mi Hijo sobre la tierra. Ya un apóstol lo ha traicionado poniéndolo en manos de los judíos para hacerlo morir. Mi amado Hijo, en un exceso de amor, no queriendo dejar a sus hijos, que con tanto amor vino a buscar a la tierra, se queda en el sacramento de la Eucaristía, para que quien quiera pueda poseerlo. Así que la vida de mi Hijo está por terminar, está por emprender el vuelo hacia su patria celestial. ¡Ah, hija mía, el Fiat Divino me lo dio y yo en el Fiat Divino lo recibí y ahora en el mismo Fiat Divino lo entrego!
    Se me rompe el Corazón; mares inmensos de dolor me inundan; siento que la vida se me escapa por el sufrimiento atroz. Pero yo no podía negarle nada al Fiat Divino, es más yo estaba bien dispuesta a sacrificarlo en la Divina y omnipotente Voluntad; yo sentía en mí una fuerza tal, en virtud de la Divina Voluntad, que yo hubiera preferido morir antes que negarle cualquier cosa a la Divina Voluntad.
    Ahora, escucha, hija mía; mi Corazón materno se encuentra ahogado en penas, ¡con solo pensar que debe morir mi Hijo, mi Dios, mi Vida, me siento peor que si debiera morir yo misma! No obstante, sé que debo seguir viviendo. ¡Qué aflicción tan grande! ¡Qué profundas heridas se abren en mi Corazón y como espadas bien afiladas me lo traspasan de lado a lado! Sin embargo, hija mía, me duele decírtelo, pero debo hacerlo: en estas penas y desgarros profundos y en las penas de mi Hijo amado estaba tu alma, tu voluntad humana, que no dejándose dominar por la Voluntad de Dios, nosotros la cubríamos con nuestra penas, para que se dispusiera a recibir la vida de la Divina Voluntad.
    ¡Ah, si el Fiat Divino no me hubiera sostenido y no hubiera continuado donándome sus mares infinitos de luz, de felicidad junto a los mares de mis tremendos dolores, yo habría muerto tantas veces por cuantas penas tuvo que sufrir mi querido Hijo! ¡Oh, cómo me sentí despedazada cuando la última vez que lo vi se me presentó pálido, con una tristeza mortal sobre su rostro! Con voz temblorosa, como si quisiera sollozar me dijo:
    "¡Madre mía, adiós! Bendice a tu Hijo y dame la obediencia de morir; si mi Fiat Divino y el tuyo me concibieron en ti, mi Fiat Divino y el tuyo me deben hacer morir; ánimo, oh, Madre querida, pronuncia tu Fiat y dime: “ te bendigo y te doy la obediencia de morir crucificado, así lo quiere la Divina Voluntad, así lo quiero también yo”. "
    ¡Hija mía, qué cosa tan terrible para mi Corazón traspasado! Sin embargo, tuve que decirlo, porque en nosotros no existían las penas forzadas, todas eran voluntarias. Entonces, él me bendijo y yo lo bendije a él, y mirándonos con esa mirada que no sabe cómo separarse del objeto amado, mi querido Hijo, mi dulce Vida, partió y yo, tu Madre Dolorosa, lo dejé; pero con los ojos del alma no lo perdí nunca de vista. Lo seguí en el huerto en su tremenda agonía, ¡oh, cómo me sangró el Corazón al verlo abandonado por todos, hasta por sus fieles y amados apóstoles!
    Hija mía, el verse abandonado por las personas que uno más quiere es uno de lo dolores más grandes para un corazón humano, especialmente en los momentos más difíciles de la vida, en particular para mi Hijo que los había tanto amado y beneficiado y que estaba en acto de dar la vida por quienes ya lo habían abandonado en las horas extremas de su vida, más aún, habían huido. ¡Qué dolor, qué dolor! Y yo, viéndolo agonizar y sudar sangre agonizaba junto con él y lo sostenía entre mis brazos maternos. Yo era inseparable de mi Hijo; sus penas se reflejaban en mi Corazón deshecho de dolor y de amor y yo las sentía más que si fueran mías.
    Así lo seguí durante toda la noche; no hubo pena ni acusación que le hicieran que no hiciera eco en mi Corazón. Pero al alba del día siguiente, no pudiendo más, acompañada por su discípulo Juan, por la Magdalena y otras piadosas mujeres, lo quise seguir paso a paso, de tribunal en tribunal.
    Querida hija mía, yo escuchaba el estruendo de los golpes que llovían sobre el cuerpo desnudo de mi Hijo; escuchaba las burlas, las risas satánicas y los golpes que le daban sobre la cabeza cuando lo coronaron de espinas. Lo vi cuando Pilato lo mostró al pueblo, desfigurado e irreconocible, y mis oídos quedaron ensordecidos al oir el grito unánime:
    "¡Crucifícalo, Crucifícalo! "
    Lo vi cargando la cruz sobre sus hombros, exhausto, afanado y yo, no pudiendo soportar más, apresuré el paso para acercarme a él y abrazarlo por última vez y enjugar su rostro completamente bañado de sangre, pero... ¡para nosotros no había piedad! Los crueles soldados lo jalaron de las cuerdas y lo hicieron caer.
    Hija mía, ¡qué pena desgarradora el no poder socorrer en tantas penas a mi querido Hijo! Cada pena abría un océano de dolor en mi Corazón traspasado. Finalmente lo seguí al calvario, donde, en medio de penas inauditas y contorsiones de lo más terribles fue crucificado y elevado en la cruz; sólo entonces me fue concedido estar a los pies de la cruz para recibir de sus labios moribundos el don de todos mis hijos y el derecho y sello de mi maternidad sobre todas las criaturas. Poco después, entre inauditos espasmos, expiró.
    Toda la naturaleza se vistió de luto y lloró la muerte de su Creador. Lloró el sol obscureciéndose y retirándose, horrorizado, de la faz de la tierra; lloró la tierra con un fuerte temblor, desgarrándose en varios puntos por el dolor de la muerte de su Creador; todos lloraron: las sepulturas abriéndose, los muertos resucitando, y también el velo del templo lloró de dolor desgarrándose; todos perdieron el brío y se sintieron aterrorizados y espantados.
    Hija mía, tu Madre, petrificada por el dolor, lo esperaba para recibirlo entre sus brazos y encerrarlo en el sepulcro.
    Y ahora, escúchame en mi intenso dolor. Quiero hablarte con las penas de mi Hijo de los graves males de tu voluntad humana. ¡Míralo entre mis brazos adoloridos, mira como está desfigurado! Es el verdadero retrato de todos los males que la voluntad humana les causa a las pobres criaturas y mi querido Hijo quiso sufrir tanto para volver a elevar a esta voluntad que se encontraba caída en el abismo de todas las miserias; cada pena de Jesús y cada uno de mis dolores lo llamaban a resucitar en la Voluntad de Dios. Fue tanto nuestro amor que, para poner al seguro a esta voluntad humana, la llenamos de nuestras penas hasta ahogarla y encerrarla en los mares inmensos de mis dolores y de los de mi amado Hijo.
    Hija mía, este día de dolores para tu Madre es todo para ti; por eso, para corresponderme, pon en mis manos tu voluntad, para que la encierre en las llagas sangrantes de Jesús, como la más bella victoria de su pasión y muerte y triunfo de mis intensos dolores.

    EL ALMA:

    Madre Dolorosa, tus palabras hieren mi corazón y me siento morir al escuchar que mi rebelde voluntad ha sido la que te ha hecho sufrir tanto. Por eso, te ruego que la encierres en las llagas de Jesús, para vivir de sus penas y de sus intensos dolores.

    PROPÓSITO:

    Para honrarme en este día, besarás las llagas de Jesús ofreciéndole cinco actos de amor y pidiéndome que mis dolores sellen tu voluntad en la apertura de su costado.

    JACULATORIA:

    Las llagas de Jesús y los dolores de mi Madre me den la gracia de hacer resucitar mi voluntad en la Voluntad de Dios.
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  • DÍA 26:
    Audio: http://co.ivoox.com/es/4551195

    LA REINA DEL CIELO EN EL REINO DE LA DIVINA VOLUNTAD. LA HORA DEL DOLOR SE APROXIMA; DOLOROSA SEPARACIÓN.

    EL ALMA A SU MADRE CELESTIAL:

    Aquí estoy de nuevo junto a ti Madre mía y Reina mía; hoy mi amor de hija me hace correr para ser espectadora de cuando mi dulce Jesús, separándose de ti, emprenda el camino para llevar a cabo su vida apostólica entre las criaturas.
    Madre Santa, sé que sufrirás mucho, cada momento que estarás separada de Jesús te costará la vida, y yo, tu hija, no quiero dejarte sola, quiero secarte las lágrimas y con mi compañía, quiero romper tu soledad; y mientras estemos juntas tu seguirás dándome tus lecciones sobre la Divina Voluntad.

    LECCIÓN DE LA REINA DEL CIELO:

    Querida hija mía, me será muy agradable tu compañía, porque sentiré en ti el primer don de mi Jesús, don formado de puro amor, fruto de su sacrificio y del mío, don que me costará la vida de mi Hijo.

    Préstame atención y escúchame, hija mía; para tu Madre comienza una vida de dolor, de soledad y de largas separaciones de mi Sumo Bien, Jesús. Su vida oculta ha terminado, y ahora siente la irresistible necesidad de amor de salir en público, de darse a conocer y de ir en busca del hombre, perdido en el laberinto de su voluntad, a merced de todos los males. El querido San José ya había muerto y yo me quedé sola en la pequeña casita de Nazaret.

    Cuando mi amado Jesús me pidió la obediencia de partir, pues nunca hacía nada si antes no me lo decía, yo sentí que se me desgarraba el Corazón, pero sabiendo que esa era la Voluntad Suprema, yo dije de inmediato mi Fiat, no vacilé ni un instante, y con el mío y el Fiat Divino de mi Hijo, nos separamos. En el ímpetu de nuestro amor me bendijo y me dejó. Yo lo acompañé con la mirada hasta donde pude y después, regresando, me abandoné a la Divina Voluntad que era mi vida. Pero, ¡oh potencia del Fiat Divino! Esta Santa Voluntad Divina hizo que yo no perdiera nunca de vista a mi Hijo, ni que él me perdiera a mí de vista, es más, yo sentía el palpitar de su Corazón en el mío y Jesús el mío en el suyo.

    Hija querida, la Divina Voluntad me había dado a mi Hijo y lo que la Divina Voluntad da no está sujeto a acabarse ni a sufrir separación; sus dones son permanentes y eternos. De manera que mi Hijo era mío, nadie me lo podía quitar: ni la muerte, ni el dolor, ni la separación, porque fue la Divina Voluntad que me lo donó. Así que nuestra separación era aparente, pues estábamos fundidos el uno en el otro, tanto más que una era la Voluntad que nos animaba, ¿cómo podíamos entonces separarnos?

    Tú debes saber que la luz de la Divina Voluntad me hacía ver como trataban mal a mi Hijo ¡con cuanta ingratitud! El dirigió sus primeros pasos hacia Jerusalén y el primer lugar que visitó fue el templo santo, ahí comenzó la serie de sus predicaciones. Pero, ¡qué dolor! Su palabra llena de vida, portadora de paz, de amor y de orden, era mal interpretada y escuchada de mala gana, especialmente por los doctos y sabios de aquellos tiempos. Cuando mi Hijo decía que era el Hijo de Dios, el Verbo del Padre, aquél que había venido a salvarlos, lo tomaban a mal, tanto que con sus miradas furibundas parecía que se lo querían comer vivo. ¡Oh, cómo sufría mi amado Jesús! Rechazando su palabra creadora le hacían sentir la muerte que le daban a su divina palabra; yo estaba sumamente atenta, contemplando su Divino Corazón que sangraba y le ofrecía mi Corazón materno para recibir sus mismas heridas, para confortarlo y darle un apoyo cuando estaba por sucumbir. ¡Oh, cuántas veces después de haber desmenuzado su palabra lo veía olvidado por todos, sin que nadie le ofreciera un consuelo, totalmente solo, afuera de los muros de la ciudad, al abierto, bajo el cielo estrellado apoyado a un árbol llorando y rogando por la salvación de todos! Y tu Madre, querida hija mía, desde su casita lloraba junto con él y en la luz del Fiat Divino le mandaba mis lágrimas para reanimarlo, mis castos abrazos y mis besos para confortarlo.

    Mi amado Hijo al verse rechazado por los grandes, por los doctos, no se detuvo; ¡no podía detenerse! Su amor corría porque quería almas; se rodeó entonces de pobres, de afligidos, de enfermos, de cojos, de ciegos, de mudos y de otras pobres criaturas oprimidas por tantos males; todos imágenes de los males producidos por la voluntad humana. Jesús los sanaba a todos y a todos consolaba e instruía. De manera que vino a ser el Amigo, el Padre, el Médico, el Maestro de los pobres.

    Hija mía, bien se puede decir que fueron los pobres pastores los que habiendo ido a visitarlo lo recibieron cuando nació, y ahora, son los pobres también quienes lo siguen durante los últimos años de su vida sobre la tierra hasta su muerte, Porque los pobres, los ignorantes, son más sencillos, menos apegados a sus juicios y por lo tanto los más favorecidos, los más bendecidos y los hijos predilectos de mi amado Hijo. Tanto es así que escogió a unos pobres pescadores para que fueran los apóstoles y las columnas de la nueva Iglesia.

    Querida hija mía, si te quisiera narrar todo lo que hicimos y sufrimos mi Hijo y yo en estos tres años de su vida pública me extendería demasiado. En el Fiat Divino nos separamos el uno del otro y el Fiat Divino me dio la fuerza para hacer el sacrificio. Te recomiendo, pues, que en todo lo que puedas, hagas y sufras, el Fiat Divino sea tu primer y último acto. Así, si todo lo encierras en el Fiat Eterno, podrás hallar fuerza para todo, hasta en aquellas penas que te cuestan la vida. Por eso, dame tu palabra de que te encontrarás siempre en la Divina Voluntad, así te sentirás tú también inseparable de mí y de nuestro Sumo Bien.

    EL ALMA:

    Dulcísima Madre mía, ¡cuánto te compadezco al verte sufrir tanto! Te suplico que derrames en mi alma tus lágrimas y las de Jesús, para reordenarla y encerrarla en el Fiat Divino.

    PROPÓSITO:

    Para honrarme en este día, me darás todas tus penas para hacerme compañía en mi soledad y en cada pena pondrás un te amo para mí y para tu Jesús, para reparar por quienes no quieren escuchar las enseñanzas de Jesús.

    JACULATORIA:

    Madre Divina, tu palabra y la de Jesús penetren en mi Corazón y formen en mí el Reino de la Divina Voluntad.
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  • María Santísima se convirtió en el primer Tabernáculo.
    "Bienaventurada la que ha creído" (Lc 1, 45): María ha anticipado también en el misterio de la Encarnación la fe eucarística de la Iglesia. Cuando, en la Visitación, lleva en su seno el Verbo hecho carne, se convierte de algún modo en "tabernáculo" -el primer "tabernáculo" de la historia- donde el Hijo de Dios, todavía invisible a los ojos de los hombres, se ofrece a la adoración de Isabel, como "irradiando" su luz a través de los ojos y la voz de María. Y la mirada embelesada de María al contemplar el rostro de Cristo recién nacido y al estrecharlo en sus brazos, ¿no es acaso el inigualable modelo de amor en el que ha de inspirarse cada comunión eucarística?

    Beato Juan Pablo II
    Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia, n. 55
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  • Ser María para Jesús.
    Quisiera ser como María, ser María para Jesús, ocupar el puesto de su madre. En mis Comuniones, a María la tengo siempre presente. De sus manos quiero recibir a Jesús, ella debe hacerme una sola cosa con Él. Yo no puedo separar a María de Jesús. ¡Salve! ¡Oh Cuerpo nacido de María! ¡Salve María, aurora de la Eucaristía!

    Beata María Cándida de la Eucaristía
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  • Le podrán llevar con ustedes igual que María Santísima.
    Ustedes envidian la oportunidad de la mujer que tocó las vestimentas de Jesús, de la mujer pecadora que lavó Sus pies con sus lágrimas, de las mujeres de Galilea que tuvieron la felicidad de seguirlo en sus peregrinaciones, de los Apóstoles y discípulos que conversaron con El familiarmente, de la gente de esos tiempos, quienes escucharon las palabras de Gracia y Salvación de Sus propios labios. Ustedes llaman felices a aquellos que lo miraron ... mas, vengan ustedes al altar, y lo podrán ver, lo podrán tocar, le podrán dar besos santos, lo podrán lavar con sus lágrimas, le podrán llevar con ustedes igual que María Santísima.

    San Juan Crisóstomo
    Doctor de la Iglesia
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  • El Agua para el Cristiano es La Palabra de Dios, el Hijo encarnado Palabra de Jesús. "" Yo El Agua Que para dar a excepción convertir en El Manantial en brotará Que Hasta la Vida eterna "..." Señor, dame de agua ESA para Que no poseen más sed '(Jn 4.14 a 15): la Voluntad Divina.
    El Experimento Que this Agua es Nuestra Todos Los Días Luisa. Jesús si ofrecia ella constantemente Porque si se convirtio en Una Nueva fuente para la Humanidad. Luisa, por su parte, no si eximido de preguntarla Por Si Mismo y por los demas, sacándola Directamente del Cuerpo de Cristo en forma de leche, una Disposición Puesto de todos, Pero un escaso Número de Miembros .
    La Divina Voluntad simbolizada es por el Agua, Que Resultados de la Búsqueda abundante ES yeguas, Rios y Pozos, Pero en el resto de la tierra parece que no Haya agua, sin embargo, ningún heno Lugar en la Tierra Que hay mar empapado de agua, sin heno Comida en La que El Primer Puesto el Agua no se hace, sí no seria un árido Comida y El hombre que ni Siquiera podria deglutir.
    ¡Más que Agua Es La Voluntad Divina!
    No hay nada heno, from La Más Pequeña Qué La Más Grande En que la Divina Voluntad ningún plazo, AUNQUE permanezca escondida, Asi Como el agua esta en el suelo y escondida, A Pesar De Que No aparezca, ella es La que permite a Las Plantas y les vegetar de la vida a las Raíces.
    Y que Dios no recibe dolor de Los Que Sienten ninguna de Presencia o ignoran, reversándola en las almas Que Siempre estan Dispuestos a abrevarse para Todos para saciar En Misma sed "Tengo Sed" (Jn 19,28) .
    Con Este grito Jesús mismo a Sed de Nuestras Almas, párr Las Que El riesgo empresarial Corren Perderse Y Para Que Los SEE almas, un Través de su propio testimonio de vida, la Posible alcalde Cantidad El Traen de almas. "Les aseguro Que CUALQUIERA Que de para beber, mar Sólo AUNQUE una olla de agua fresca, uno de los pequeños ESTOS por ser mi Discípulo, sin Quedará desde recompensa ".
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  • DÍA 23:
    Audio: http://co.ivoox.com/es/4540882

    LA REINA DEL CIELO EN EL REINO DE LA DIVINA VOLUNTAD. SUENA LA PRIMERA HORA DEL DOLOR.

    EL ALMA A SU REINA MADRE:

    Dulcísima Madre mía, aquí estoy sobre tu regazo materno; esta hija tuya ya no puede estar sin ti; Madre mía, el dulce encanto del niño celestial que ahora estrechas entre tus brazos y que de rodillas adoras y amas en el pesebre, me extasía, pensando que la dichosa suerte y el mismo pequeño Rey Jesús no son más que frutos y dulces y preciosas prendas del Fiat Divino que extendió en ti su Reino. ¡Oh, Madre, dame tu palabra de que harás uso de tu potencia para formar en mí el Reino de la Divina Voluntad!

    LECCIÓN DE MI MADRE CELESTIAL:

    Querida hija mía, que contenta estoy de tenerte cerca de mí para poder enseñarte cómo en todas las cosas se puede extender el Reino de la Divina Voluntad. Todas las cruces, los dolores y las humillaciones revestidas por la vida del Fiat Divino son como materia prima en sus manos con la cual se puede alimentar su Reino y extenderlo siempre más.

    Por eso, préstame atención y escucha a tu Madre. Yo seguía viviendo en la gruta de Belén con Jesús y el querido San José. ¡Qué felices éramos! Aquella gruta; estando en ella el infante divino y la Divina Voluntad operante en nosotros; se había transformado en un paraíso. Es cierto que penas y lágrimas no nos faltaban, pero en comparación con los mares inmensos de alegría, de felicidad, de luz que el Fiat Divino hacía surgir en cada uno de nuestros actos, eran apenas unas cuantas gotitas arrojadas en estos mares. Y además la dulce y amable presencia de mi querido Hijo era una de las cosas que más feliz me hacía.

    Querida hija mía, tú debes saber que al octavo día de haber nacido el niño celestial a la luz del sol, el Fiat Divino sonó la hora del dolor mandándonos circuncidar a nuestro Hijito. Era un corte dolorosísimo al que tenía que someterse el pequeño Jesús, pues la ley de aquellos tiempos imponía que todos los primogénitos se sometieran a este doloroso corte. Se le puede llamar ley del pecado, pero mi Hijo era inocente y su ley era la ley del amor; sin embargo, como vino a encontrar no al hombre rey sino al hombre degradado, quiso degradarse y someterse a la ley, para hacerse hermano suyo y elevarlo.

    Hija mía, San José y yo, sentimos un estremecimiento de dolor, pero impávidos y sin vacilar llamamos al ministro y se le hizo la circuncisión con un corte dolorosísimo. El niño Jesús lloraba por el dolor y se arrojó a mis brazos pidiéndome ayuda. San José y yo mezclamos nuestras lágrimas con las suyas; se recogió la sangre que derramó por primera vez por amor de las criaturas y se le puso el Nombre de Jesús, Nombre potente, que habría de hacer temblar cielos y tierra y hasta al mismo infierno; Nombre que habría de ser bálsamo, defensa y ayuda para todos los corazones.

    Este corte fue la imagen del cruel corte que el hombre le hizo a su alma haciendo su voluntad; mi querido Hijo quiso ser circuncidado para sanar este duro corte hecho por las voluntades humanas, para sanar con su sangre las heridas hechas por tantos pecados que el veneno de la voluntad humana ha producido en las criaturas. De manera que cada acto de voluntad humana es un corte que se hace y una llaga que se abre; y el niño celestial preparaba con su dolorosa circuncisión el remedio para todas las heridas producidas por la voluntad humana.

    Hija mía, otra sorpresa: una nueva estrella resplandece bajo la bóveda del cielo y con su luz va buscando adoradores para conducirlos a que reconozcan y adoren al niñito Jesús; tres personajes, ­­el uno lejano del otro­­, quedan tocados, e iluminados por una luz suprema y siguen la estrella que los conducirá a la gruta de Belén a los pies del niñito Jesús.

    Pero, ¿cuál no fue la sorpresa de estos Reyes Magos al reconocer en el divino infante al Rey del Cielo y de la Tierra, a aquél que venía a amar y a salvar a todos? Porque en el acto en que los magos lo adoraban extasiados por su belleza celestial, el recién nacido niño hizo que se transparentara su Divinidad fuera de su pequeña humanidad. Y yo, poniendo en ejercicio mi oficio de Madre, les hablé largamente de la venida del Verbo y fortifiqué en ellos la fe, la esperanza y la caridad, símbolo de los dones que le ofrecieron a Jesús. Después de todo esto, llenos de alegría, regresaron a sus lugares de origen, para ser los primeros propagadores del nacimiento del Salvador.

    Querida hija mía, no te separes de mí, sígueme a todos lados. Están por cumplirse los cuarenta días de haber nacido el pequeño Rey Jesús y el Fiat Divino nos llama al templo para cumplir la ley de la presentación de mi Hijo. Era la primera vez que salía en compañía de mi dulce niño. Una vena de dolor se abrió en mi Corazón: ¡Iba a ofrecerlo víctima por la salvación de todos! Así que fuimos al templo y entrando, lo primero que hicimos fue adorar a la Majestad Suprema; después llamamos al sacerdote y poniéndolo entre sus brazos hice el ofrecimiento del niño celestial al Padre Eterno ofreciéndolo en sacrificio por la salvación de todos. Cuando lo puse en sus brazos el sacerdote reconoció que era el Verbo Divino y exultó de una alegría inmensa. Después del ofrecimiento me profetizó todos mis dolores. ¡Oh, cómo el Fiat Supremo hizo vibrar intensamente mi Corazón materno con el eco de su voz que me anunciaba la fatal tragedia de todas las penas que debía sufrir mi pequeño Hijo! Pero lo que más traspasó mi Corazón fueron aquellas palabras que me dijo el Santo Profeta: "Este querido niño será la salvación y la ruina de muchos; blanco de las contradicciones."

    Si la Divina Voluntad no me hubiera sostenido habría muerto al instante de puro dolor. Sin embargo me dio vida y se sirvió de todo aquello para formar en mí el Reino de los dolores en el Reino de su misma Voluntad. De manera que junto con el derecho de Madre que ya tenía sobre todos, adquirí el derecho de ser Madre y Reina de todos los dolores. ¡Ah, sí! Con mis dolores pude adquirir la moneda que se necesitaba para pagar las deudas de mis hijos, incluyendo las de los que me son ingratos.

    Hija mía, tú debes saber que en la luz de la Divina Voluntad yo ya conocía todos los dolores que debía padecer y hasta más de los que me dijo el santo profeta, pero en aquel acto tan solemne de ofrecer a mi Hijo, al volverlos a escuchar, me sentí talmente traspasada, que me sangró el Corazón y se abrieron profundas heridas en mi alma.

    Y ahora, escucha a tu Madre; en tus penas, en los encuentros dolorosos que no te faltan, nunca te vayas a desanimar, con heroico amor, haz que la Divina Voluntad tome su trono real en tus penas, para que te las convierta en monedas de infinito valor, con las cuales podrás pagar las deudas de tus hermanos, para rescatarlos de la esclavitud de la voluntad humana y hacer que entren de nuevo en el Reino del Fiat Divino como hijos libres.

    EL ALMA:

    Madre Santa, pongo todas mis penas en tu Corazón traspasado, tú sabes cuanto traspasan mi corazón. Ah, Madre mía, ayúdame y derrama en mi corazón el bálsamo de tus dolores, para que a mí también me toque tu misma suerte y pueda servirme de mis penas como de monedas con las cuales poder conquistar el Reino de la Divina Voluntad.

    PEQUEÑO SACRIFICIO:

    Para honrarme este día, vendrás a mis brazos, para que derrame en ti la sangre que el niño celestial derramó por primera vez, para sanarte las heridas que te ha hecho tu voluntad humana; me ofrecerás también tres actos de amor para mitigar el dolor atroz que le causó la herida al niño Jesús.

    JACULATORIA:

    Madre mía, derrama tu dolor en mi alma y convierte todas mis penas en Voluntad de Dios.
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  • El Cuerpo Místico de Jesús.
    Existen dos cuerpos de Cristo sobre el altar; está el Cuerpo real (el Cuerpo nacido de María Stma. Virgen, resucitado y que ascendió al cielo) y está su Cuerpo Místico que es la Iglesia (nosotros).

    Jesús a la Sierva de Dios Concepción Cabrera de Armida
    Cruz de Jesús II
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  • EL HOMBRE IMAGEN DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD POR LA DIVINA VOLUNTAD.

    Queridos hermanos, hoy solemnidad de la Santísima Trinidad, que bien nos viene la recomendación que San Agustín nos hace de no perder el tiempo en discusiones inútiles acerca de esta verdad de la Trinidad.

    Sabemos que antes de su conversión, uno de los más grandes interrogantes, fue precisamente querer entender el misterio de la Trinidad como Uno y Trino.

    Su recomendación debe ser acatada por nosotros, ya que él mismo entendió que el conocimiento de las verdades se alcanza dentro del proceso generado por Dios y sobre todo si nos vamos sumergiendo dentro de una experiencia pura y humilde en la intimidad con Dios.

    Por eso Jesús en el evangelio de hoy nos dice que “Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena”.

    Dios quiere que le conozcamos, pero este conocimiento para que sea cierto, debe estar conducido por el Espíritu Santo. El conocimiento debe ir acompañado del Amor, de lo contrario, quedaría en una esterilidad tal que produciría cansancio y confusión; y este Amor, es precisamente el Espíritu Santo, la tercera Persona de la Trinidad, que unido al Padre y al Hijo, nos introduce en esa experiencia intima de amor divino.

    El misterio de la Santísima Trinidad, que mientras es Una, son Tres Personas distintas, y mientras son Tres son Una, es entendida en virtud de la misma y única voluntad que los contiene. Porque Una es la Voluntad de las tres Divinas Personas que mientras son tres personas distintas, su naturaleza y su Voluntad son la misma que obrando en ellas forma la misma felicidad, el amor, la potencia, y la belleza que comunicada al hombre, lo hace partícipe de esta felicidad.

    Toda la naturaleza de Dios, es en sí misma formada de Amor purísimo, simple y en una continua comunicación entre las tres divinas personas entre sí y de ellas hacia las criaturas.

    Esta comunicación de la Trinidad hacia las criaturas, es lo que nos hace semejantes a Dios, de tal manera que la voluntad queda transformada en el Padre, la inteligencia en el Hijo y la memoria en el Espíritu Santo.

    Nos dice el Señor en el volumen 14, abril 8 del año 1922:

    La Santísima Trinidad reflejada en el alma. Dolor de Jesús al ver

    deformadas la voluntad, la inteligencia y la memoria del hombre.

    “Yo doté al hombre de voluntad, inteligencia y memoria; en la primera refulgía mi Padre celestial, el cual, como acto primero comunicaba su Potencia, su Santidad, su altura, por lo cual elevaba a la voluntad humana invistiéndola de su misma Santidad, Potencia y nobleza, dejando todas las corrientes abiertas entre Él y la voluntad humana, a fin de que siempre más se enriqueciera de los tesoros de mi Divinidad; entre la voluntad humana y la divina no había tuyo ni mío, sino todo en común, con acuerdo recíproco, era imagen nuestra, cosa nuestra, así que ella nos semejaba, por lo tanto nuestra Vida debía ser la suya y por eso constituía como acto primero su voluntad libre, independiente, como era acto primero la Voluntad de mi Padre celestial; pero esta voluntad cuánto se ha desfigurado, de libre se ha vuelto esclava de vilísimas pasiones. ¡Ah! es ella el principio de todos los males del hombre, no se reconoce más, cómo ha descendido de su nobleza, da asco mirarla.

    Después, como acto segundo concurrí Yo, Hijo de Dios, dotando al hombre de inteligencia, comunicándole mi Sabiduría y la ciencia de todas las cosas, a fin de que conociéndolas pudiese gustar y hacerse feliz en el bien. Pero, ¡ay de Mí! Qué mar de vicios es la inteligencia de la criatura, de la ciencia se ha servido para desconocer a su Creador.

    Y después, como acto tercero concurrió el Espíritu Santo, dotándolo de memoria, a fin de que recordándose de tantos beneficios, pudiera estar en continuas corrientes de amor, en continuas relaciones; el amor debía coronarla, abrazarla e informar toda su vida; ¡pero cómo queda contristado el eterno Amor! Esta memoria se recuerda de los placeres, de las riquezas y hasta de pecar, y la Trinidad Sacrosanta es puesta fuera de los dones dados a su criatura. Mi dolor fue indescriptible al ver la deformidad de las tres potencias del hombre; habíamos formado nuestra morada en él, y él nos había arrojado fuera.”



    El hombre ha sido creado no para la tierra sino para el cielo, y su mente, su corazón, y todo lo que su interior contiene debían existir en el cielo, y si esto hiciera, recibiría en las tres potencias, Voluntad, inteligencia y memoria, el influjo de la Santísima Trinidad, y Ella quedaría copiada en él mismo; pero como el hombre se ha ocupa de tierra, recibe en sí el fango, la podredumbre y todo el depósito de vicios que la tierra contiene.

    Para elevarse al cielo, se debe vivir en la Divina Voluntad, y viviendo en la Divina Voluntad, se entra a participar de la Vida de la Santísima Trinidad. Es decir, podremos estar en el Reino de Dios, sometidos a una y única Voluntad Divina.

    Hermanos, María ha sido la primera criatura que viviendo en la Santa Trinidad, nunca ha salido de ella, y en eso consiste su grandeza. Toda su vida, aunque en la tierra, fue vida de cielo.

    Intercede Madre de la Trinidad Sacrosanta, para que entendiendo este Misterio Divino de la Trinidad, renunciemos a nuestra voluntad para hacer parte de esta Vida Divina.
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  • La devoción eucarística y la devoción mariana.
    La Comunión no es para nutrirme yo sino para que Cristo me absorba y se nutra el Cuerpo Místico. Quiero comulgar mejor, más preparado. Me lo ha sugerido el Padre B., que se encontraba aquí de casualidad. Por otro lado, si aquí recibí la gracia de comulgar diariamente (1944), no está fuera de lugar la gracia de hacerlo mejor. Dios no da obligaciones sin dar las gracias para llevarlas a cabo. ¿Cuáles son las gracias de este siglo? La devoción eucarística y la devoción mariana.

    Siervo de Dios Enrique Ernesto Shaw
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  • LLAMA DE AMOR VIVA

    ¡Oh llama de amor viva,
    que tiernamente hieres
    de mi alma en el más profundo centro!,
    pues ya no eres esquiva,
    acaba ya, si quieres;
    rompe la tela deste dulce encuentro.

    ¡Oh cautiverio suave!
    ¡Oh regalada llaga!
    ¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado,
    que a vida eterna sabe
    y toda deuda paga!;
    matando, muerte en vida la has trocado.

    ¡Oh lámparas de fuego,
    en cuyos resplandores del sentido,
    las profundas cavernas del sentido
    que estaba oscuro y ciego,
    con extraños primores
    calor y luz dan junto a su querido!

    ¡Cuán manso y amoroso
    recuerdas en mi seno,
    donde secretamente solo moras!
    Y en tu aspirar sabroso,
    de bien y gloria lleno,
    ¡cuán delicadamente me enamoras!.

    San Juan de la Cruz.

    “Cuando nuestro corazón deja de mirar a Cristo, la caridad se transforma en excesiva indulgencia, la santidad se ve manchada con orgullo espiritual, el celo degenera en ferocidad, la actividad deglute el espíritu de oración, la esperanza se eleva hasta convertirse en presunción”.

    Beato Cardenal Newman.
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  • LLAMA DE AMOR VIVA

    ¡Oh llama de amor viva,
    que tiernamente hieres
    de mi alma en el más profundo centro!,
    pues ya no eres esquiva,
    acaba ya, si quieres;
    rompe la tela deste dulce encuentro.

    ¡Oh cautiverio suave!
    ¡Oh regalada llaga!
    ¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado,
    que a vida eterna sabe
    y toda deuda paga!;
    matando, muerte en vida la has trocado.

    ¡Oh lámparas de fuego,
    en cuyos resplandores del sentido,
    las profundas cavernas del sentido
    que estaba oscuro y ciego,
    con extraños primores
    calor y luz dan junto a su querido!

    ¡Cuán manso y amoroso
    recuerdas en mi seno,
    donde secretamente solo moras!
    Y en tu aspirar sabroso,
    de bien y gloria lleno,
    ¡cuán delicadamente me enamoras!.

    San Juan de la Cruz.

    “Cuando nuestro corazón deja de mirar a Cristo, la caridad se transforma en excesiva indulgencia, la santidad se ve manchada con orgullo espiritual, el celo degenera en ferocidad, la actividad deglute el espíritu de oración, la esperanza se eleva hasta convertirse en presunción”.

    Beato Cardenal Newman.
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  • LLAMA DE AMOR VIVA

    ¡Oh llama de amor viva,
    que tiernamente hieres
    de mi alma en el más profundo centro!,
    pues ya no eres esquiva,
    acaba ya, si quieres;
    rompe la tela deste dulce encuentro.

    ¡Oh cautiverio suave!
    ¡Oh regalada llaga!
    ¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado,
    que a vida eterna sabe
    y toda deuda paga!;
    matando, muerte en vida la has trocado.

    ¡Oh lámparas de fuego,
    en cuyos resplandores del sentido,
    las profundas cavernas del sentido
    que estaba oscuro y ciego,
    con extraños primores
    calor y luz dan junto a su querido!

    ¡Cuán manso y amoroso
    recuerdas en mi seno,
    donde secretamente solo moras!
    Y en tu aspirar sabroso,
    de bien y gloria lleno,
    ¡cuán delicadamente me enamoras!.

    San Juan de la Cruz.

    “Cuando nuestro corazón deja de mirar a Cristo, la caridad se transforma en excesiva indulgencia, la santidad se ve manchada con orgullo espiritual, el celo degenera en ferocidad, la actividad deglute el espíritu de oración, la esperanza se eleva hasta convertirse en presunción”.

    Beato Cardenal Newman.
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    ¡Oh llama de amor viva,
    que tiernamente hieres
    de mi alma en el más profundo centro!,
    pues ya no eres esquiva,
    acaba ya, si quieres;
    rompe la tela deste dulce encuentro.

    ¡Oh cautiverio suave!
    ¡Oh regalada llaga!
    ¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado,
    que a vida eterna sabe
    y toda deuda paga!;
    matando, muerte en vida la has trocado.

    ¡Oh lámparas de fuego,
    en cuyos resplandores del sentido,
    las profundas cavernas del sentido
    que estaba oscuro y ciego,
    con extraños primores
    calor y luz dan junto a su querido!

    ¡Cuán manso y amoroso
    recuerdas en mi seno,
    donde secretamente solo moras!
    Y en tu aspirar sabroso,
    de bien y gloria lleno,
    ¡cuán delicadamente me enamoras!.

    San Juan de la Cruz.

    “Cuando nuestro corazón deja de mirar a Cristo, la caridad se transforma en excesiva indulgencia, la santidad se ve manchada con orgullo espiritual, el celo degenera en ferocidad, la actividad deglute el espíritu de oración, la esperanza se eleva hasta convertirse en presunción”.

    Beato Cardenal Newman.
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  • LLAMA DE AMOR VIVA

    ¡Oh llama de amor viva,
    que tiernamente hieres
    de mi alma en el más profundo centro!,
    pues ya no eres esquiva,
    acaba ya, si quieres;
    rompe la tela deste dulce encuentro.

    ¡Oh cautiverio suave!
    ¡Oh regalada llaga!
    ¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado,
    que a vida eterna sabe
    y toda deuda paga!;
    matando, muerte en vida la has trocado.

    ¡Oh lámparas de fuego,
    en cuyos resplandores del sentido,
    las profundas cavernas del sentido
    que estaba oscuro y ciego,
    con extraños primores
    calor y luz dan junto a su querido!

    ¡Cuán manso y amoroso
    recuerdas en mi seno,
    donde secretamente solo moras!
    Y en tu aspirar sabroso,
    de bien y gloria lleno,
    ¡cuán delicadamente me enamoras!.

    San Juan de la Cruz.

    “Cuando nuestro corazón deja de mirar a Cristo, la caridad se transforma en excesiva indulgencia, la santidad se ve manchada con orgullo espiritual, el celo degenera en ferocidad, la actividad deglute el espíritu de oración, la esperanza se eleva hasta convertirse en presunción”.

    Beato Cardenal Newman.
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  • LLAMA DE AMOR VIVA

    ¡Oh llama de amor viva,
    que tiernamente hieres
    de mi alma en el más profundo centro!,
    pues ya no eres esquiva,
    acaba ya, si quieres;
    rompe la tela deste dulce encuentro.

    ¡Oh cautiverio suave!
    ¡Oh regalada llaga!
    ¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado,
    que a vida eterna sabe
    y toda deuda paga!;
    matando, muerte en vida la has trocado.

    ¡Oh lámparas de fuego,
    en cuyos resplandores del sentido,
    las profundas cavernas del sentido
    que estaba oscuro y ciego,
    con extraños primores
    calor y luz dan junto a su querido!

    ¡Cuán manso y amoroso
    recuerdas en mi seno,
    donde secretamente solo moras!
    Y en tu aspirar sabroso,
    de bien y gloria lleno,
    ¡cuán delicadamente me enamoras!.

    San Juan de la Cruz.

    “Cuando nuestro corazón deja de mirar a Cristo, la caridad se transforma en excesiva indulgencia, la santidad se ve manchada con orgullo espiritual, el celo degenera en ferocidad, la actividad deglute el espíritu de oración, la esperanza se eleva hasta convertirse en presunción”.

    Beato Cardenal Newman.
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  • LLAMA DE AMOR VIVA

    ¡Oh llama de amor viva,
    que tiernamente hieres
    de mi alma en el más profundo centro!,
    pues ya no eres esquiva,
    acaba ya, si quieres;
    rompe la tela deste dulce encuentro.

    ¡Oh cautiverio suave!
    ¡Oh regalada llaga!
    ¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado,
    que a vida eterna sabe
    y toda deuda paga!;
    matando, muerte en vida la has trocado.

    ¡Oh lámparas de fuego,
    en cuyos resplandores del sentido,
    las profundas cavernas del sentido
    que estaba oscuro y ciego,
    con extraños primores
    calor y luz dan junto a su querido!

    ¡Cuán manso y amoroso
    recuerdas en mi seno,
    donde secretamente solo moras!
    Y en tu aspirar sabroso,
    de bien y gloria lleno,
    ¡cuán delicadamente me enamoras!.

    San Juan de la Cruz.

    “Cuando nuestro corazón deja de mirar a Cristo, la caridad se transforma en excesiva indulgencia, la santidad se ve manchada con orgullo espiritual, el celo degenera en ferocidad, la actividad deglute el espíritu de oración, la esperanza se eleva hasta convertirse en presunción”.

    Beato Cardenal Newman.
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  • LLAMA DE AMOR VIVA

    ¡Oh llama de amor viva,
    que tiernamente hieres
    de mi alma en el más profundo centro!,
    pues ya no eres esquiva,
    acaba ya, si quieres;
    rompe la tela deste dulce encuentro.

    ¡Oh cautiverio suave!
    ¡Oh regalada llaga!
    ¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado,
    que a vida eterna sabe
    y toda deuda paga!;
    matando, muerte en vida la has trocado.

    ¡Oh lámparas de fuego,
    en cuyos resplandores del sentido,
    las profundas cavernas del sentido
    que estaba oscuro y ciego,
    con extraños primores
    calor y luz dan junto a su querido!

    ¡Cuán manso y amoroso
    recuerdas en mi seno,
    donde secretamente solo moras!
    Y en tu aspirar sabroso,
    de bien y gloria lleno,
    ¡cuán delicadamente me enamoras!.

    San Juan de la Cruz.

    “Cuando nuestro corazón deja de mirar a Cristo, la caridad se transforma en excesiva indulgencia, la santidad se ve manchada con orgullo espiritual, el celo degenera en ferocidad, la actividad deglute el espíritu de oración, la esperanza se eleva hasta convertirse en presunción”.

    Beato Cardenal Newman.
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  • LLAMA DE AMOR VIVA

    ¡Oh llama de amor viva,
    que tiernamente hieres
    de mi alma en el más profundo centro!,
    pues ya no eres esquiva,
    acaba ya, si quieres;
    rompe la tela deste dulce encuentro.

    ¡Oh cautiverio suave!
    ¡Oh regalada llaga!
    ¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado,
    que a vida eterna sabe
    y toda deuda paga!;
    matando, muerte en vida la has trocado.

    ¡Oh lámparas de fuego,
    en cuyos resplandores del sentido,
    las profundas cavernas del sentido
    que estaba oscuro y ciego,
    con extraños primores
    calor y luz dan junto a su querido!

    ¡Cuán manso y amoroso
    recuerdas en mi seno,
    donde secretamente solo moras!
    Y en tu aspirar sabroso,
    de bien y gloria lleno,
    ¡cuán delicadamente me enamoras!.

    San Juan de la Cruz.

    “Cuando nuestro corazón deja de mirar a Cristo, la caridad se transforma en excesiva indulgencia, la santidad se ve manchada con orgullo espiritual, el celo degenera en ferocidad, la actividad deglute el espíritu de oración, la esperanza se eleva hasta convertirse en presunción”.

    Beato Cardenal Newman.
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    ¡Oh llama de amor viva,
    que tiernamente hieres
    de mi alma en el más profundo centro!,
    pues ya no eres esquiva,
    acaba ya, si quieres;
    rompe la tela deste dulce encuentro.

    ¡Oh cautiverio suave!
    ¡Oh regalada llaga!
    ¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado,
    que a vida eterna sabe
    y toda deuda paga!;
    matando, muerte en vida la has trocado.

    ¡Oh lámparas de fuego,
    en cuyos resplandores del sentido,
    las profundas cavernas del sentido
    que estaba oscuro y ciego,
    con extraños primores
    calor y luz dan junto a su querido!

    ¡Cuán manso y amoroso
    recuerdas en mi seno,
    donde secretamente solo moras!
    Y en tu aspirar sabroso,
    de bien y gloria lleno,
    ¡cuán delicadamente me enamoras!.

    San Juan de la Cruz.

    “Cuando nuestro corazón deja de mirar a Cristo, la caridad se transforma en excesiva indulgencia, la santidad se ve manchada con orgullo espiritual, el celo degenera en ferocidad, la actividad deglute el espíritu de oración, la esperanza se eleva hasta convertirse en presunción”.

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    ¡Oh llama de amor viva,
    que tiernamente hieres
    de mi alma en el más profundo centro!,
    pues ya no eres esquiva,
    acaba ya, si quieres;
    rompe la tela deste dulce encuentro.

    ¡Oh cautiverio suave!
    ¡Oh regalada llaga!
    ¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado,
    que a vida eterna sabe
    y toda deuda paga!;
    matando, muerte en vida la has trocado.

    ¡Oh lámparas de fuego,
    en cuyos resplandores del sentido,
    las profundas cavernas del sentido
    que estaba oscuro y ciego,
    con extraños primores
    calor y luz dan junto a su querido!

    ¡Cuán manso y amoroso
    recuerdas en mi seno,
    donde secretamente solo moras!
    Y en tu aspirar sabroso,
    de bien y gloria lleno,
    ¡cuán delicadamente me enamoras!.

    San Juan de la Cruz.

    “Cuando nuestro corazón deja de mirar a Cristo, la caridad se transforma en excesiva indulgencia, la santidad se ve manchada con orgullo espiritual, el celo degenera en ferocidad, la actividad deglute el espíritu de oración, la esperanza se eleva hasta convertirse en presunción”.

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    ¡Oh llama de amor viva,
    que tiernamente hieres
    de mi alma en el más profundo centro!,
    pues ya no eres esquiva,
    acaba ya, si quieres;
    rompe la tela deste dulce encuentro.

    ¡Oh cautiverio suave!
    ¡Oh regalada llaga!
    ¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado,
    que a vida eterna sabe
    y toda deuda paga!;
    matando, muerte en vida la has trocado.

    ¡Oh lámparas de fuego,
    en cuyos resplandores del sentido,
    las profundas cavernas del sentido
    que estaba oscuro y ciego,
    con extraños primores
    calor y luz dan junto a su querido!

    ¡Cuán manso y amoroso
    recuerdas en mi seno,
    donde secretamente solo moras!
    Y en tu aspirar sabroso,
    de bien y gloria lleno,
    ¡cuán delicadamente me enamoras!.

    San Juan de la Cruz.

    “Cuando nuestro corazón deja de mirar a Cristo, la caridad se transforma en excesiva indulgencia, la santidad se ve manchada con orgullo espiritual, el celo degenera en ferocidad, la actividad deglute el espíritu de oración, la esperanza se eleva hasta convertirse en presunción”.

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    ¡Oh llama de amor viva,
    que tiernamente hieres
    de mi alma en el más profundo centro!,
    pues ya no eres esquiva,
    acaba ya, si quieres;
    rompe la tela deste dulce encuentro.

    ¡Oh cautiverio suave!
    ¡Oh regalada llaga!
    ¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado,
    que a vida eterna sabe
    y toda deuda paga!;
    matando, muerte en vida la has trocado.

    ¡Oh lámparas de fuego,
    en cuyos resplandores del sentido,
    las profundas cavernas del sentido
    que estaba oscuro y ciego,
    con extraños primores
    calor y luz dan junto a su querido!

    ¡Cuán manso y amoroso
    recuerdas en mi seno,
    donde secretamente solo moras!
    Y en tu aspirar sabroso,
    de bien y gloria lleno,
    ¡cuán delicadamente me enamoras!.

    San Juan de la Cruz.

    “Cuando nuestro corazón deja de mirar a Cristo, la caridad se transforma en excesiva indulgencia, la santidad se ve manchada con orgullo espiritual, el celo degenera en ferocidad, la actividad deglute el espíritu de oración, la esperanza se eleva hasta convertirse en presunción”.

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    ¡Oh llama de amor viva,
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    de mi alma en el más profundo centro!,
    pues ya no eres esquiva,
    acaba ya, si quieres;
    rompe la tela deste dulce encuentro.

    ¡Oh cautiverio suave!
    ¡Oh regalada llaga!
    ¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado,
    que a vida eterna sabe
    y toda deuda paga!;
    matando, muerte en vida la has trocado.

    ¡Oh lámparas de fuego,
    en cuyos resplandores del sentido,
    las profundas cavernas del sentido
    que estaba oscuro y ciego,
    con extraños primores
    calor y luz dan junto a su querido!

    ¡Cuán manso y amoroso
    recuerdas en mi seno,
    donde secretamente solo moras!
    Y en tu aspirar sabroso,
    de bien y gloria lleno,
    ¡cuán delicadamente me enamoras!.

    San Juan de la Cruz.

    “Cuando nuestro corazón deja de mirar a Cristo, la caridad se transforma en excesiva indulgencia, la santidad se ve manchada con orgullo espiritual, el celo degenera en ferocidad, la actividad deglute el espíritu de oración, la esperanza se eleva hasta convertirse en presunción”.

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    ¡Oh llama de amor viva,
    que tiernamente hieres
    de mi alma en el más profundo centro!,
    pues ya no eres esquiva,
    acaba ya, si quieres;
    rompe la tela deste dulce encuentro.

    ¡Oh cautiverio suave!
    ¡Oh regalada llaga!
    ¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado,
    que a vida eterna sabe
    y toda deuda paga!;
    matando, muerte en vida la has trocado.

    ¡Oh lámparas de fuego,
    en cuyos resplandores del sentido,
    las profundas cavernas del sentido
    que estaba oscuro y ciego,
    con extraños primores
    calor y luz dan junto a su querido!

    ¡Cuán manso y amoroso
    recuerdas en mi seno,
    donde secretamente solo moras!
    Y en tu aspirar sabroso,
    de bien y gloria lleno,
    ¡cuán delicadamente me enamoras!.

    San Juan de la Cruz.

    “Cuando nuestro corazón deja de mirar a Cristo, la caridad se transforma en excesiva indulgencia, la santidad se ve manchada con orgullo espiritual, el celo degenera en ferocidad, la actividad deglute el espíritu de oración, la esperanza se eleva hasta convertirse en presunción”.

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