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  • CÁNTICO INTERIOR

    Nada me ha de faltar: Dios es mi guía.
    Soy flaco, y nada sé de mi destino,
    pero, ¿qué ha de temer en su camino
    el que en su Dios confía?

    Si Él es omnipotente,
    y me ama con amor que no se muda,
    ¿por qué mi pecho siente
    el mordisco rabioso de la duda?

    Su bondadosa mano
    me ha puesto en un rincón dulce y amable:
    allá lejos está el bullir mundano,
    cerca su trono excelso y adorable.

    Aquí la dulce paz, que el alma esquiva
    cura y alienta en la interior batalla,
    y el valle ameno, donde todo calla,
    para que se oiga más la voz de arriba.

    Aquí el trinar de gayos ruiseñores,
    y el eterno cantar del riachuelo,
    y el aroma variado de las flores,
    y los montes altivos, soñadores,
    que nos enseñan a mirar al cielo;

    y los místicos cantos,
    los cantos gregorianos,
    perlas que en los tranquilos océanos
    de su amor encontraron monjes santos,
    en tiempos muy lejanos.

    Y este claustro románico,
    estuche de quietud;
    donde el trajín satánico
    remplaza el noble afán de la virtud.

    ¡Cuantas veces rezando mis rosarios
    bajo el cendal de la penumbra quieta,
    perseguí mis sueños de poeta
    a través de esos arcos milenarios!

    Fr. Justo Pérez de Urbel.

    “No hay más que aprovechar el tiempo y santificarnos hasta que recibamos el gran billete de salida del tiempo a la eternidad”

    Santa Ángela de la Cruz.
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  • CÁNTICO INTERIOR

    Nada me ha de faltar: Dios es mi guía.
    Soy flaco, y nada sé de mi destino,
    pero, ¿qué ha de temer en su camino
    el que en su Dios confía?

    Si Él es omnipotente,
    y me ama con amor que no se muda,
    ¿por qué mi pecho siente
    el mordisco rabioso de la duda?

    Su bondadosa mano
    me ha puesto en un rincón dulce y amable:
    allá lejos está el bullir mundano,
    cerca su trono excelso y adorable.

    Aquí la dulce paz, que el alma esquiva
    cura y alienta en la interior batalla,
    y el valle ameno, donde todo calla,
    para que se oiga más la voz de arriba.

    Aquí el trinar de gayos ruiseñores,
    y el eterno cantar del riachuelo,
    y el aroma variado de las flores,
    y los montes altivos, soñadores,
    que nos enseñan a mirar al cielo;

    y los místicos cantos,
    los cantos gregorianos,
    perlas que en los tranquilos océanos
    de su amor encontraron monjes santos,
    en tiempos muy lejanos.

    Y este claustro románico,
    estuche de quietud;
    donde el trajín satánico
    remplaza el noble afán de la virtud.

    ¡Cuantas veces rezando mis rosarios
    bajo el cendal de la penumbra quieta,
    perseguí mis sueños de poeta
    a través de esos arcos milenarios!

    Fr. Justo Pérez de Urbel.

    “No hay más que aprovechar el tiempo y santificarnos hasta que recibamos el gran billete de salida del tiempo a la eternidad”

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    Soy flaco, y nada sé de mi destino,
    pero, ¿qué ha de temer en su camino
    el que en su Dios confía?

    Si Él es omnipotente,
    y me ama con amor que no se muda,
    ¿por qué mi pecho siente
    el mordisco rabioso de la duda?

    Su bondadosa mano
    me ha puesto en un rincón dulce y amable:
    allá lejos está el bullir mundano,
    cerca su trono excelso y adorable.

    Aquí la dulce paz, que el alma esquiva
    cura y alienta en la interior batalla,
    y el valle ameno, donde todo calla,
    para que se oiga más la voz de arriba.

    Aquí el trinar de gayos ruiseñores,
    y el eterno cantar del riachuelo,
    y el aroma variado de las flores,
    y los montes altivos, soñadores,
    que nos enseñan a mirar al cielo;

    y los místicos cantos,
    los cantos gregorianos,
    perlas que en los tranquilos océanos
    de su amor encontraron monjes santos,
    en tiempos muy lejanos.

    Y este claustro románico,
    estuche de quietud;
    donde el trajín satánico
    remplaza el noble afán de la virtud.

    ¡Cuantas veces rezando mis rosarios
    bajo el cendal de la penumbra quieta,
    perseguí mis sueños de poeta
    a través de esos arcos milenarios!

    Fr. Justo Pérez de Urbel.

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    Nada me ha de faltar: Dios es mi guía.
    Soy flaco, y nada sé de mi destino,
    pero, ¿qué ha de temer en su camino
    el que en su Dios confía?

    Si Él es omnipotente,
    y me ama con amor que no se muda,
    ¿por qué mi pecho siente
    el mordisco rabioso de la duda?

    Su bondadosa mano
    me ha puesto en un rincón dulce y amable:
    allá lejos está el bullir mundano,
    cerca su trono excelso y adorable.

    Aquí la dulce paz, que el alma esquiva
    cura y alienta en la interior batalla,
    y el valle ameno, donde todo calla,
    para que se oiga más la voz de arriba.

    Aquí el trinar de gayos ruiseñores,
    y el eterno cantar del riachuelo,
    y el aroma variado de las flores,
    y los montes altivos, soñadores,
    que nos enseñan a mirar al cielo;

    y los místicos cantos,
    los cantos gregorianos,
    perlas que en los tranquilos océanos
    de su amor encontraron monjes santos,
    en tiempos muy lejanos.

    Y este claustro románico,
    estuche de quietud;
    donde el trajín satánico
    remplaza el noble afán de la virtud.

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    a través de esos arcos milenarios!

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    y me ama con amor que no se muda,
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    Su bondadosa mano
    me ha puesto en un rincón dulce y amable:
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    Aquí la dulce paz, que el alma esquiva
    cura y alienta en la interior batalla,
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    Aquí el trinar de gayos ruiseñores,
    y el eterno cantar del riachuelo,
    y el aroma variado de las flores,
    y los montes altivos, soñadores,
    que nos enseñan a mirar al cielo;

    y los místicos cantos,
    los cantos gregorianos,
    perlas que en los tranquilos océanos
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    Y este claustro románico,
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    remplaza el noble afán de la virtud.

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    Soy flaco, y nada sé de mi destino,
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    Si Él es omnipotente,
    y me ama con amor que no se muda,
    ¿por qué mi pecho siente
    el mordisco rabioso de la duda?

    Su bondadosa mano
    me ha puesto en un rincón dulce y amable:
    allá lejos está el bullir mundano,
    cerca su trono excelso y adorable.

    Aquí la dulce paz, que el alma esquiva
    cura y alienta en la interior batalla,
    y el valle ameno, donde todo calla,
    para que se oiga más la voz de arriba.

    Aquí el trinar de gayos ruiseñores,
    y el eterno cantar del riachuelo,
    y el aroma variado de las flores,
    y los montes altivos, soñadores,
    que nos enseñan a mirar al cielo;

    y los místicos cantos,
    los cantos gregorianos,
    perlas que en los tranquilos océanos
    de su amor encontraron monjes santos,
    en tiempos muy lejanos.

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    Si Él es omnipotente,
    y me ama con amor que no se muda,
    ¿por qué mi pecho siente
    el mordisco rabioso de la duda?

    Su bondadosa mano
    me ha puesto en un rincón dulce y amable:
    allá lejos está el bullir mundano,
    cerca su trono excelso y adorable.

    Aquí la dulce paz, que el alma esquiva
    cura y alienta en la interior batalla,
    y el valle ameno, donde todo calla,
    para que se oiga más la voz de arriba.

    Aquí el trinar de gayos ruiseñores,
    y el eterno cantar del riachuelo,
    y el aroma variado de las flores,
    y los montes altivos, soñadores,
    que nos enseñan a mirar al cielo;

    y los místicos cantos,
    los cantos gregorianos,
    perlas que en los tranquilos océanos
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    en tiempos muy lejanos.

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    remplaza el noble afán de la virtud.

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    a través de esos arcos milenarios!

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    los cantos gregorianos,
    perlas que en los tranquilos océanos
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    remplaza el noble afán de la virtud.

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    Si Él es omnipotente,
    y me ama con amor que no se muda,
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    cerca su trono excelso y adorable.

    Aquí la dulce paz, que el alma esquiva
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    y el valle ameno, donde todo calla,
    para que se oiga más la voz de arriba.

    Aquí el trinar de gayos ruiseñores,
    y el eterno cantar del riachuelo,
    y el aroma variado de las flores,
    y los montes altivos, soñadores,
    que nos enseñan a mirar al cielo;

    y los místicos cantos,
    los cantos gregorianos,
    perlas que en los tranquilos océanos
    de su amor encontraron monjes santos,
    en tiempos muy lejanos.

    Y este claustro románico,
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    donde el trajín satánico
    remplaza el noble afán de la virtud.

    ¡Cuantas veces rezando mis rosarios
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    perseguí mis sueños de poeta
    a través de esos arcos milenarios!

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    Soy flaco, y nada sé de mi destino,
    pero, ¿qué ha de temer en su camino
    el que en su Dios confía?

    Si Él es omnipotente,
    y me ama con amor que no se muda,
    ¿por qué mi pecho siente
    el mordisco rabioso de la duda?

    Su bondadosa mano
    me ha puesto en un rincón dulce y amable:
    allá lejos está el bullir mundano,
    cerca su trono excelso y adorable.

    Aquí la dulce paz, que el alma esquiva
    cura y alienta en la interior batalla,
    y el valle ameno, donde todo calla,
    para que se oiga más la voz de arriba.

    Aquí el trinar de gayos ruiseñores,
    y el eterno cantar del riachuelo,
    y el aroma variado de las flores,
    y los montes altivos, soñadores,
    que nos enseñan a mirar al cielo;

    y los místicos cantos,
    los cantos gregorianos,
    perlas que en los tranquilos océanos
    de su amor encontraron monjes santos,
    en tiempos muy lejanos.

    Y este claustro románico,
    estuche de quietud;
    donde el trajín satánico
    remplaza el noble afán de la virtud.

    ¡Cuantas veces rezando mis rosarios
    bajo el cendal de la penumbra quieta,
    perseguí mis sueños de poeta
    a través de esos arcos milenarios!

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    Soy flaco, y nada sé de mi destino,
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    Si Él es omnipotente,
    y me ama con amor que no se muda,
    ¿por qué mi pecho siente
    el mordisco rabioso de la duda?

    Su bondadosa mano
    me ha puesto en un rincón dulce y amable:
    allá lejos está el bullir mundano,
    cerca su trono excelso y adorable.

    Aquí la dulce paz, que el alma esquiva
    cura y alienta en la interior batalla,
    y el valle ameno, donde todo calla,
    para que se oiga más la voz de arriba.

    Aquí el trinar de gayos ruiseñores,
    y el eterno cantar del riachuelo,
    y el aroma variado de las flores,
    y los montes altivos, soñadores,
    que nos enseñan a mirar al cielo;

    y los místicos cantos,
    los cantos gregorianos,
    perlas que en los tranquilos océanos
    de su amor encontraron monjes santos,
    en tiempos muy lejanos.

    Y este claustro románico,
    estuche de quietud;
    donde el trajín satánico
    remplaza el noble afán de la virtud.

    ¡Cuantas veces rezando mis rosarios
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    Soy flaco, y nada sé de mi destino,
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    Si Él es omnipotente,
    y me ama con amor que no se muda,
    ¿por qué mi pecho siente
    el mordisco rabioso de la duda?

    Su bondadosa mano
    me ha puesto en un rincón dulce y amable:
    allá lejos está el bullir mundano,
    cerca su trono excelso y adorable.

    Aquí la dulce paz, que el alma esquiva
    cura y alienta en la interior batalla,
    y el valle ameno, donde todo calla,
    para que se oiga más la voz de arriba.

    Aquí el trinar de gayos ruiseñores,
    y el eterno cantar del riachuelo,
    y el aroma variado de las flores,
    y los montes altivos, soñadores,
    que nos enseñan a mirar al cielo;

    y los místicos cantos,
    los cantos gregorianos,
    perlas que en los tranquilos océanos
    de su amor encontraron monjes santos,
    en tiempos muy lejanos.

    Y este claustro románico,
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    donde el trajín satánico
    remplaza el noble afán de la virtud.

    ¡Cuantas veces rezando mis rosarios
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    Si Él es omnipotente,
    y me ama con amor que no se muda,
    ¿por qué mi pecho siente
    el mordisco rabioso de la duda?

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    y los montes altivos, soñadores,
    que nos enseñan a mirar al cielo;

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    el mordisco rabioso de la duda?

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    ¡Cuantas veces rezando mis rosarios
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  • CÁNTICO INTERIOR

    Nada me ha de faltar: Dios es mi guía.
    Soy flaco, y nada sé de mi destino,
    pero, ¿qué ha de temer en su camino
    el que en su Dios confía?

    Si Él es omnipotente,
    y me ama con amor que no se muda,
    ¿por qué mi pecho siente
    el mordisco rabioso de la duda?

    Su bondadosa mano
    me ha puesto en un rincón dulce y amable:
    allá lejos está el bullir mundano,
    cerca su trono excelso y adorable.

    Aquí la dulce paz, que el alma esquiva
    cura y alienta en la interior batalla,
    y el valle ameno, donde todo calla,
    para que se oiga más la voz de arriba.

    Aquí el trinar de gayos ruiseñores,
    y el eterno cantar del riachuelo,
    y el aroma variado de las flores,
    y los montes altivos, soñadores,
    que nos enseñan a mirar al cielo;

    y los místicos cantos,
    los cantos gregorianos,
    perlas que en los tranquilos océanos
    de su amor encontraron monjes santos,
    en tiempos muy lejanos.

    Y este claustro románico,
    estuche de quietud;
    donde el trajín satánico
    remplaza el noble afán de la virtud.

    ¡Cuantas veces rezando mis rosarios
    bajo el cendal de la penumbra quieta,
    perseguí mis sueños de poeta
    a través de esos arcos milenarios!

    Fr. Justo Pérez de Urbel.

    “No hay más que aprovechar el tiempo y santificarnos hasta que recibamos el gran billete de salida del tiempo a la eternidad”

    Santa Ángela de la Cruz.
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  • CÁNTICO INTERIOR

    Nada me ha de faltar: Dios es mi guía.
    Soy flaco, y nada sé de mi destino,
    pero, ¿qué ha de temer en su camino
    el que en su Dios confía?

    Si Él es omnipotente,
    y me ama con amor que no se muda,
    ¿por qué mi pecho siente
    el mordisco rabioso de la duda?

    Su bondadosa mano
    me ha puesto en un rincón dulce y amable:
    allá lejos está el bullir mundano,
    cerca su trono excelso y adorable.

    Aquí la dulce paz, que el alma esquiva
    cura y alienta en la interior batalla,
    y el valle ameno, donde todo calla,
    para que se oiga más la voz de arriba.

    Aquí el trinar de gayos ruiseñores,
    y el eterno cantar del riachuelo,
    y el aroma variado de las flores,
    y los montes altivos, soñadores,
    que nos enseñan a mirar al cielo;

    y los místicos cantos,
    los cantos gregorianos,
    perlas que en los tranquilos océanos
    de su amor encontraron monjes santos,
    en tiempos muy lejanos.

    Y este claustro románico,
    estuche de quietud;
    donde el trajín satánico
    remplaza el noble afán de la virtud.

    ¡Cuantas veces rezando mis rosarios
    bajo el cendal de la penumbra quieta,
    perseguí mis sueños de poeta
    a través de esos arcos milenarios!

    Fr. Justo Pérez de Urbel.

    “No hay más que aprovechar el tiempo y santificarnos hasta que recibamos el gran billete de salida del tiempo a la eternidad”

    Santa Ángela de la Cruz.
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    Nada me ha de faltar: Dios es mi guía.
    Soy flaco, y nada sé de mi destino,
    pero, ¿qué ha de temer en su camino
    el que en su Dios confía?

    Si Él es omnipotente,
    y me ama con amor que no se muda,
    ¿por qué mi pecho siente
    el mordisco rabioso de la duda?

    Su bondadosa mano
    me ha puesto en un rincón dulce y amable:
    allá lejos está el bullir mundano,
    cerca su trono excelso y adorable.

    Aquí la dulce paz, que el alma esquiva
    cura y alienta en la interior batalla,
    y el valle ameno, donde todo calla,
    para que se oiga más la voz de arriba.

    Aquí el trinar de gayos ruiseñores,
    y el eterno cantar del riachuelo,
    y el aroma variado de las flores,
    y los montes altivos, soñadores,
    que nos enseñan a mirar al cielo;

    y los místicos cantos,
    los cantos gregorianos,
    perlas que en los tranquilos océanos
    de su amor encontraron monjes santos,
    en tiempos muy lejanos.

    Y este claustro románico,
    estuche de quietud;
    donde el trajín satánico
    remplaza el noble afán de la virtud.

    ¡Cuantas veces rezando mis rosarios
    bajo el cendal de la penumbra quieta,
    perseguí mis sueños de poeta
    a través de esos arcos milenarios!

    Fr. Justo Pérez de Urbel.

    “No hay más que aprovechar el tiempo y santificarnos hasta que recibamos el gran billete de salida del tiempo a la eternidad”

    Santa Ángela de la Cruz.
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    Nada me ha de faltar: Dios es mi guía.
    Soy flaco, y nada sé de mi destino,
    pero, ¿qué ha de temer en su camino
    el que en su Dios confía?

    Si Él es omnipotente,
    y me ama con amor que no se muda,
    ¿por qué mi pecho siente
    el mordisco rabioso de la duda?

    Su bondadosa mano
    me ha puesto en un rincón dulce y amable:
    allá lejos está el bullir mundano,
    cerca su trono excelso y adorable.

    Aquí la dulce paz, que el alma esquiva
    cura y alienta en la interior batalla,
    y el valle ameno, donde todo calla,
    para que se oiga más la voz de arriba.

    Aquí el trinar de gayos ruiseñores,
    y el eterno cantar del riachuelo,
    y el aroma variado de las flores,
    y los montes altivos, soñadores,
    que nos enseñan a mirar al cielo;

    y los místicos cantos,
    los cantos gregorianos,
    perlas que en los tranquilos océanos
    de su amor encontraron monjes santos,
    en tiempos muy lejanos.

    Y este claustro románico,
    estuche de quietud;
    donde el trajín satánico
    remplaza el noble afán de la virtud.

    ¡Cuantas veces rezando mis rosarios
    bajo el cendal de la penumbra quieta,
    perseguí mis sueños de poeta
    a través de esos arcos milenarios!

    Fr. Justo Pérez de Urbel.

    “No hay más que aprovechar el tiempo y santificarnos hasta que recibamos el gran billete de salida del tiempo a la eternidad”

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    Nada me ha de faltar: Dios es mi guía.
    Soy flaco, y nada sé de mi destino,
    pero, ¿qué ha de temer en su camino
    el que en su Dios confía?

    Si Él es omnipotente,
    y me ama con amor que no se muda,
    ¿por qué mi pecho siente
    el mordisco rabioso de la duda?

    Su bondadosa mano
    me ha puesto en un rincón dulce y amable:
    allá lejos está el bullir mundano,
    cerca su trono excelso y adorable.

    Aquí la dulce paz, que el alma esquiva
    cura y alienta en la interior batalla,
    y el valle ameno, donde todo calla,
    para que se oiga más la voz de arriba.

    Aquí el trinar de gayos ruiseñores,
    y el eterno cantar del riachuelo,
    y el aroma variado de las flores,
    y los montes altivos, soñadores,
    que nos enseñan a mirar al cielo;

    y los místicos cantos,
    los cantos gregorianos,
    perlas que en los tranquilos océanos
    de su amor encontraron monjes santos,
    en tiempos muy lejanos.

    Y este claustro románico,
    estuche de quietud;
    donde el trajín satánico
    remplaza el noble afán de la virtud.

    ¡Cuantas veces rezando mis rosarios
    bajo el cendal de la penumbra quieta,
    perseguí mis sueños de poeta
    a través de esos arcos milenarios!

    Fr. Justo Pérez de Urbel.

    “No hay más que aprovechar el tiempo y santificarnos hasta que recibamos el gran billete de salida del tiempo a la eternidad”

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    Nada me ha de faltar: Dios es mi guía.
    Soy flaco, y nada sé de mi destino,
    pero, ¿qué ha de temer en su camino
    el que en su Dios confía?

    Si Él es omnipotente,
    y me ama con amor que no se muda,
    ¿por qué mi pecho siente
    el mordisco rabioso de la duda?

    Su bondadosa mano
    me ha puesto en un rincón dulce y amable:
    allá lejos está el bullir mundano,
    cerca su trono excelso y adorable.

    Aquí la dulce paz, que el alma esquiva
    cura y alienta en la interior batalla,
    y el valle ameno, donde todo calla,
    para que se oiga más la voz de arriba.

    Aquí el trinar de gayos ruiseñores,
    y el eterno cantar del riachuelo,
    y el aroma variado de las flores,
    y los montes altivos, soñadores,
    que nos enseñan a mirar al cielo;

    y los místicos cantos,
    los cantos gregorianos,
    perlas que en los tranquilos océanos
    de su amor encontraron monjes santos,
    en tiempos muy lejanos.

    Y este claustro románico,
    estuche de quietud;
    donde el trajín satánico
    remplaza el noble afán de la virtud.

    ¡Cuantas veces rezando mis rosarios
    bajo el cendal de la penumbra quieta,
    perseguí mis sueños de poeta
    a través de esos arcos milenarios!

    Fr. Justo Pérez de Urbel.

    “No hay más que aprovechar el tiempo y santificarnos hasta que recibamos el gran billete de salida del tiempo a la eternidad”

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    Nada me ha de faltar: Dios es mi guía.
    Soy flaco, y nada sé de mi destino,
    pero, ¿qué ha de temer en su camino
    el que en su Dios confía?

    Si Él es omnipotente,
    y me ama con amor que no se muda,
    ¿por qué mi pecho siente
    el mordisco rabioso de la duda?

    Su bondadosa mano
    me ha puesto en un rincón dulce y amable:
    allá lejos está el bullir mundano,
    cerca su trono excelso y adorable.

    Aquí la dulce paz, que el alma esquiva
    cura y alienta en la interior batalla,
    y el valle ameno, donde todo calla,
    para que se oiga más la voz de arriba.

    Aquí el trinar de gayos ruiseñores,
    y el eterno cantar del riachuelo,
    y el aroma variado de las flores,
    y los montes altivos, soñadores,
    que nos enseñan a mirar al cielo;

    y los místicos cantos,
    los cantos gregorianos,
    perlas que en los tranquilos océanos
    de su amor encontraron monjes santos,
    en tiempos muy lejanos.

    Y este claustro románico,
    estuche de quietud;
    donde el trajín satánico
    remplaza el noble afán de la virtud.

    ¡Cuantas veces rezando mis rosarios
    bajo el cendal de la penumbra quieta,
    perseguí mis sueños de poeta
    a través de esos arcos milenarios!

    Fr. Justo Pérez de Urbel.

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  • CÁNTICO INTERIOR

    Nada me ha de faltar: Dios es mi guía.
    Soy flaco, y nada sé de mi destino,
    pero, ¿qué ha de temer en su camino
    el que en su Dios confía?

    Si Él es omnipotente,
    y me ama con amor que no se muda,
    ¿por qué mi pecho siente
    el mordisco rabioso de la duda?

    Su bondadosa mano
    me ha puesto en un rincón dulce y amable:
    allá lejos está el bullir mundano,
    cerca su trono excelso y adorable.

    Aquí la dulce paz, que el alma esquiva
    cura y alienta en la interior batalla,
    y el valle ameno, donde todo calla,
    para que se oiga más la voz de arriba.

    Aquí el trinar de gayos ruiseñores,
    y el eterno cantar del riachuelo,
    y el aroma variado de las flores,
    y los montes altivos, soñadores,
    que nos enseñan a mirar al cielo;

    y los místicos cantos,
    los cantos gregorianos,
    perlas que en los tranquilos océanos
    de su amor encontraron monjes santos,
    en tiempos muy lejanos.

    Y este claustro románico,
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    donde el trajín satánico
    remplaza el noble afán de la virtud.

    ¡Cuantas veces rezando mis rosarios
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    perseguí mis sueños de poeta
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    “No hay más que aprovechar el tiempo y santificarnos hasta que recibamos el gran billete de salida del tiempo a la eternidad”

    Santa Ángela de la Cruz.
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  • JORNADA DE JESÚS EN LA EUCARISTÍA.

    Después de esto seguía rogando ante el tabernáculo de amor, y en mi interior decía para mí: “¿Qué haces Amor mío en esta prisión de amor?” Y Jesús todo bondad me ha dicho:

    “Hija mía, ¿quieres saber qué hago? Hago mi jornada, tú debes saber que toda mi Vida pasada acá abajo la encierro dentro de un día. Comienza mi jornada al concebir y nacer, los velos de los accidentes sacramentales me sirven de fajas para mi infancia, y cuando por la ingratitud humana me dejan solo y buscan ofenderme, hago mi exilio, dejándome sólo la compañía de alguna alma amante, que como segunda madre no se sabe separar de Mí, y me hace fiel compañía.

    Del exilio paso a Nazaret, haciendo mi Vida oculta en compañía de aquellos pocos buenos que me rodean. Y siguiendo mi jornada, en cuanto las criaturas se acercan a recibirme hago mi vida pública repitiendo mis escenas evangélicas, dando a cada uno mis enseñanzas, las ayudas, los consuelos que le son necesarios, hago de Padre, de Maestro, de Médico, y si se necesita también de Juez; así que paso mi jornada esperando a todos y haciendo bien a todos.

    Y ¡oh! cuántas veces me toca quedarme solo, sin un corazón que palpite cerca de Mí, siento un desierto a mi alrededor y quedo solo; solo a orar, siento la soledad de mis días que pasé en el desierto acá abajo, y ¡oh, cómo me es doloroso! Yo que soy para todos latido en cada corazón, que celoso estoy en guardia de todos, sentirme aislado y abandonado. Pero mi jornada no termina sólo con el abandono, no hay día que almas ingratas no me ofendan y me reciban sacrílegamente, y me hacen terminar mi jornada con mi Pasión y con mi muerte de cruz.

    ¡Ah! la muerte más despiadada que recibo en este Sacramento de amor es el sacrilegio. Así que en este tabernáculo hago mi jornada al cumplir todo lo que hice en los treinta y tres años de mi Vida mortal. Y así como todo lo que Yo hice y hago, el primer objetivo, el primer acto de vida es la Voluntad de mi Padre, que se haga como en el Cielo así en la tierra, así en esta pequeña hostia no hago otra cosa que implorar que una sea mi Voluntad con mis hijos; y te llamo a ti en esta Divina Voluntad en la cual encuentras toda mi Vida en acto, y tú siguiéndola, rumiándola y ofreciéndola, te unes conmigo en mi jornada Eucarística, para obtener que mi Voluntad se conozca y reine sobre la tierra.

    Y así también tú podrás decir: Hago mi jornada junto con Jesús.” S.D. Luisa Piccarreta. Vol 29. Septiembre 12, 1931
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  • Prefigura la sobreabundancia del pan Eucarístico.
    Los milagros de la multiplicación de los panes, cuando el Señor dijo la bendición, partió y distribuyó los panes por medio de sus discípulos para alimentar la multitud, prefiguran la sobreabundancia de este único pan de su Eucaristía. El signo del agua convertida en vino en Caná anuncia ya la Hora de la glorificación de Jesús. Manifiesta el cumplimiento del banquete de las bodas en el Reino del Padre, donde los fieles beberán el vino nuevo convertido en Sangre de Cristo.

    Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1335.
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  • Este precioso testamento ha costado la vida a Jesucristo.
    La Eucaristía es un testamento, un legado, que no puede tener valor sino por la muerte del testador. Jesús debía, por tanto, morir para convalidarlo. Por eso, cuantas veces nos hallamos en presencia de la Eucaristía debemos exclamar: Este precioso testamento ha costado la vida a Jesucristo y nos da a conocer la inmensidad de su amor, ya que Él mismo dijo que la mayor prueba de amor es dar la vida por sus amigos.

    San Pedro Julián Eymard
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  • Vol. 19. Julio 18, 1926 » Libro de cielo. Luisa Piccarreta
    Por qué al venir Nuestro Señor a la tierra no manifestó el reino de su Querer.
    Mi pobre mente estaba pensando en lo que está escrito aquí arriba, y mi dulce Jesús ha continuado sobre el mismo argumento diciéndome:
    "Hija mía, mira entonces el por qué al venir Yo a la tierra no di el reino de mi Querer ni lo hice conocer, pues había una necesidad, quise someter a una nueva prueba a la criatura, quise darle cosas menores de aquéllas que le di en la Creación, remedios y bienes para curarla, porque al crearlo, el hombre no estaba enfermo sino sano y santo, por lo tanto podía muy bien vivir en el reino de mi Querer, pero sustrayéndose del Querer Supremo cayó enfermo y Yo vine a la tierra como médico celestial para ver si aceptaba los remedios, las medicinas para su enfermedad, y después de haberlo probado en esto, entonces le habría dado la sorpresa de manifestar el reino de mi Voluntad que en mi Humanidad tenía preparado para él.
    Se engañan aquellos que piensan que nuestra suma Bondad y Sabiduría infinita habrían dejado al hombre sólo con los bienes de la Redención, sin levantarlo de nuevo al estado primero creado por Nosotros; si fuera así, nuestra Creación hubiera quedado sin su finalidad y por lo tanto sin su pleno efecto, lo que no puede ser en las obras de un Dios, a lo más haremos pasar y girar los siglos, dando ahora una sorpresa, ahora una otra, ahora confiándole un pequeño bien, ahora otro más grande; haremos como un padre que quiere heredar a sus hijos, pero estos hijos mucho han malgastado los bienes del padre, pero con todo y esto está decidido a heredar la propiedad a sus hijos, así que piensa en otra estrategia, no da ya a sus hijos las sumas grandes sino poco a poco, peso a peso, y conforme ve que los hijos conservan lo poco así va aumentando las pequeñas sumas, con esto los hijos vienen a reconocer el amor del padre y a apreciar los bienes que les confía, lo que no hacían antes cuando tenían las sumas grandes, esto sirve para reafirmarlos y para enseñarles a saber conservar los bienes recibidos; entonces el padre, cuando los ha formado confirma su decisión y da sus propiedades a sus hijos. Ahora así está haciendo la paterna Bondad, en la Creación puso al hombre en la opulencia de los bienes, sin restricción alguna, pero solamente porque quiso probarlo le puso una sola restricción que a él no le hubiera costado gran cosa, pero con un acto de su voluntad contraria a la mía malgastó todos estos bienes, pero mi Amor no se detuvo, comencé más que padre a darle poco a poco, y primeramente a curarlo. Con lo poco muchas veces se usa más atención que cuando se poseen las cosas grandes, porque si se poseen grandes propiedades y se despilfarra, hay siempre de dónde tomar; pero si se despilfarra lo poco se queda en ayunas, pero la decisión de dar el reino de mi Voluntad al hombre no la he cambiado, el hombre cambia, Dios no se cambia. Ahora la cosa es más fácil, porque los bienes de la Redención han hecho el camino, han hecho conocer muchas sorpresas de mi Amor por el hombre, cómo los he amado, no con el solo Fiat sino con darle mi propia Vida, si bien mi Fiat me cuesta más que mi misma Humanidad, porque el Fiat es divino, inmenso y eterno, mi Humanidad es humana, limitada y en el tiempo tiene su principio, pero la mente humana no conociendo a fondo lo que significa el Fiat, su valor, su Potencia y qué puede hacer, se dejan impresionar más por todo lo que hice y sufrí al venir a redimirlos, sin saber que bajo mis penas y mi muerte estaba escondido mi Fiat, que daba vida a mis penas. Ahora, si hubiese querido manifestar el reino de mi Voluntad cuando vine a la tierra, antes de que los bienes de la Redención fuesen conocidos y en gran parte poseídos por las criaturas, mis más grandes santos se habrían espantado, todos habrían pensado y dicho: "Adán inocente y santo no supo vivir, ni perseveró en este reino de luz interminable y de Santidad divina, ¿cómo podemos hacerlo nosotros?" Y tú la primera, ¿cuántas veces no te has espantado y temblando ante los bienes inmensos y la Santidad toda divina del reino del Fiat Supremo querías retirarte diciéndome: "Jesús, piensa en cualquier otra criatura, yo soy incapaz?" No te espantó tanto el sufrir, al contrario, muchas veces me has rogado, incitado a que te hiciese sufrir y por eso mi más que paterna Bondad, como a una segunda madre mía, a la cual le oculté que iba a concebirme en su seno y primero la preparé, la formé para no hacerla espantar, y cuando llegó el tiempo oportuno, en el mismo momento en que Yo debía concebirme, entonces se lo hice saber por medio del ángel, y si bien en el primer momento tembló y se conturbó, pero pronto se serenó, porque estaba habituada a vivir junto con su Dios, en medio a su luz y delante a su Santidad. Así he hecho contigo, por tantos años y años te oculté que quería formar en ti este reino supremo, te preparé, te formé, me encerré en ti, en el fondo de tu alma para formarlo, y cuando todo estuvo hecho te manifesté el secreto, te hablé de tu misión especial, te pedí en modo formal si querías aceptar el vivir en mi Voluntad, y si bien tú temías y temblabas, Yo te alentaba y te tranquilizaba diciéndote: "¿Por qué te turbas? ¿Tal vez no has vivido hasta ahora junto conmigo en el reino de mi Querer?" Y tú tranquilizándote tomabas más práctica en vivir en él y Yo me deleitaba con ensanchar siempre más los confines de mi reino, porque está establecido hasta dónde la criatura debe tomar posesión en este reino, puesto que son interminables sus confines y la criatura es incapaz de poderlos abrazar todos, porque es limitada."
    Y yo: "Amor mío, no obstante mis temores no han cesado del todo, y a veces me espanto tanto, que temo llegar a ser un segundo Adán."
    Y Jesús: "Hija mía, no temas, tú tienes más ayuda que la que tenía Adán, tienes la ayuda de un Dios Humanado y todas sus obras y penas para tu defensa, para tu sostén, para tu cortejo, lo que no tenía él, ¿por qué entonces quieres temer? Más bien sé atenta a la santidad que conviene para vivir en este reino celestial, a tu felicidad y fortuna, pues viviendo en él te basta una mirada, oír una sola palabra mía para comprender sus bienes, mientras que quienes están fuera, se puede decir que entienden sólo que existe el reino de mi Voluntad, pero de lo que está dentro y qué se necesita para hacerlo comprender, apenas el alfabeto de mi Voluntad pueden entender."
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  • Un día sabremos lo que Dios está haciendo por nosotros en cada Santa Misa.
    ¡Oh, qué misterios inescrutables tienen lugar durante la Santa Misa...! Con qué devoción debemos escuchar y tomar parte en esta muerte de Jesús.

    Un día sabremos lo que Dios está haciendo por nosotros en cada Santa Misa, y qué clase de don está preparando en ella para nosotros.

    Sólo su divino amor puede permitir que tal don nos sea proporcionado.

    Santa Faustina Kowalska
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  • Mi santísima Señora, Madre de Dios,
    llena de gracia, tú eres la gloria
    de nuestra naturaleza,
    el canal de todos los bienes,
    la reina de todas las cosas
    después de la Trinidad...,
    la mediadora del mundo
    después del Mediador.

    Tú eres el puente misterioso
    que une la tierra con el cielo,
    la llave que nos abre las puertas del paraíso,
    nuestra abogada, nuestra mediadora.

    Mira mi fe, mira mis piadosos anhelos
    y acuérdate de tu misericordia y de tu poder.

    Madre de Aquel que es el único misericordioso
    y bueno, acoge mi alma en mi miseria y,
    por tu mediación, hazla digna de estar un día
    a la diestra de tu único Hijo.

    San Efrén de Siria
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  • UN DÍA COMO HOY: Febrero 18, 1912 - Vol 11

    QUIEN VIVE DE LA VIDA DE JESÚS, PUEDE DECIR QUE SU VIDA HA TERMINADO.

    Encontrándome en mi habitual estado, mi siempre amable Jesús ha venido y me ha dicho:

    “Hija mía, todo lo que haces por Mí, aún un respiro, entra en Mí como prenda de tu amor por Mí, y Yo en correspondencia te doy mis prendas de amor, así que el alma puede decir: “Yo vivo de las prendas que me da mi amado Jesús.”

    Después ha agregado:

    “Hija amada mía, viviendo tú de mi Vida, se puede decir que tu vida ha terminado, que no vives más, así que no viviendo más tú, sino Yo en ti, todo lo que te hacen, agradable o desagradable, Yo lo recibo como hecho propiamente a Mí; y esto lo puedes comprender porque ante eso que te hacen, agradable o desagradable, tú no sientes nada, esto significa que debe ser otro quien siente ese gusto o ese disgusto, ¿y quién otro lo puede sentir sino Yo que vivo en ti y que te amo tanto, tanto?”

    + + +
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  • En la Eucaristía somos comidos por Cristo.
    "La Eucaristía es un banquete en el que comemos con Cristo, comemos a Cristo, y somos comidos por Cristo". (San Agustín de Hipona)

    "Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí". (Jn 6, 57)
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  • UN DÍA COMO HOY: Febrero 16, 1921 - Vol 12

    PARA ENTRAR EN EL DIVINO QUERER, LA CRIATURA NO DEBE HACER OTRA COSA QUE QUITAR LA PIEDRECILLA DE SU VOLUNTAD.

    Mientras pensaba en el Santo Querer Divino, mi dulce Jesús me ha dicho:

    “Hija mía, para entrar en mi Querer no hay caminos, ni puertas, ni llaves, porque mi Querer se encuentra por todas partes, corre bajo los pies, a derecha, a izquierda y sobre la cabeza, por todas partes. Para entrar, la criatura no debe hacer otra cosa que quitar la piedrecilla de su voluntad, pues si bien está en mi Querer, no toma parte ni goza de sus efectos, volviéndose como extraña en mi Querer, porque la piedrecilla de su voluntad impide a mi Querer correr en ella, igual que las aguas son impedidas por las piedras de las playas para correr por doquier.

    Pero si el alma quita la piedra de su voluntad, en ese mismísimo instante ella corre en Mí y Yo en ella, y encuentra todos mis bienes a su disposición: Fuerza, luz, ayuda, lo que quiere. He aquí por qué no hay caminos, ni puertas, ni llaves, basta que quiera y todo está hecho, mi Querer toma el empeño de todo y de darle lo que le falta y la hace espaciar en los confines interminables de mi Voluntad.

    Todo lo contrario para las otras virtudes, cuántos esfuerzos se necesitan, cuántos combates, cuántos caminos largos, y mientras parece que la virtud le sonríe, una pasión un poco violenta, una tentación, un encuentro inesperado la arrojan hacia atrás y la ponen de nuevo a empezar el camino.”

    + + +
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  • Vol. 19. Julio 14, 1926 »Libro de cielo. Luisa Piccarreta
    Cómo Jesús tenía preparado el reino de su Voluntad en su Humanidad para darlo de nuevo a las criaturas. Todos los intereses, divinos y humanos están en peligro si no se vive en la Divina Voluntad.
    Continúo fundiéndome en el Santo Querer, mi dulce Jesús muchas veces me acompaña en la repetición de estos actos, otras veces sólo está para ver si alguna cosa se me escapa de todo lo que ha hecho, sea en la Creación como en la Redención, y si esto sucede, Él con toda bondad me la hace presente a fin de que yo ponga en eso aunque sea un pequeño "te amo", un gracias, una adoración, diciéndome que es necesario reconocer hasta dónde su Voluntad ha extendido los confines del reino de su Querer por amor de la criatura, a fin de que ella gire en este reino para gozárselo, y con su amor se vuelva más estable su posesión, y viéndola siempre en él, todos, Cielo y tierra puedan reconocer que el reino de mi Voluntad ya tiene su heredera, y que lo ama y es feliz de poseerlo.
    Ahora, mientras me sentía abismada en este eterno Querer, mi amable Jesús se hacía ver con su corazón abierto y a cada latido suyo salía un rayo de luz, en cuya punta se veía impreso un Fiat, y así como el latido del corazón es continuo, mientras salía un rayo otro le seguía y después otro más, no terminaban jamás de salir. Estos rayos invadían Cielo y tierra, pero todos llevaban impreso el Fiat; no sólo de su corazón salían estos rayos, sino también de los ojos, conforme miraba salían rayos, conforme hablaba, cuando movía sus manos y pies salían rayos llevando todos como gloria y triunfo el Fiat Supremo. Ver a Jesús era un encanto, bello, todo transfundido en estos rayos de luz que salían de su adorable persona, pero lo que ponía la suntuosidad, la majestad, la magnificencia, la gloria, la belleza, era el Fiat; su Luz me eclipsaba y yo habría permanecido siglos delante a Jesús sin decirle nada si Él mismo no hubiese roto el silencio diciéndome:
    "Hija mía, la perfecta gloria y el honor completo a mi Voluntad lo dio mi Humanidad, fue propiamente en mi interior, en el centro de este corazón donde formé el reino del Querer Supremo, y como el hombre lo había perdido no había esperanza de poderlo readquirir; mi Humanidad lo readquirió con penas íntimas e inauditas, dándole todos los honores debidos y la gloria que le había sido quitada por la criatura, para darlo de nuevo a ella; así que el reino de mi Voluntad fue formado dentro de mi Humanidad, por eso todo lo que era formado en mi Humanidad y salía fuera, llevaba la marca del Fiat, cada pensamiento, mirada, respiro, latido, cada gota de mi sangre, todo, todo llevaba el sello del Fiat de mi reino supremo; esto me daba tanta gloria y me embellecía tanto, que Cielo y tierra quedaban por debajo y como obscurecidos ante Mí, porque mi Voluntad Divina es superior a todo y todo queda por debajo de Ella como su escabel. Ahora, en el transcurso de los siglos Yo miraba a quién debía confiar este reino, y he estado como una madre embarazada que sufre, que se duele porque quería dar a luz su parto y no podía; pobre madre, cuánto sufre porque no puede gozarse el fruto de sus entrañas, mucho más que habiendo madurado este parto y no saliendo, su existencia está siempre en peligro; así Yo, más que madre embarazada he estado por tantos siglos, ¡cuánto he sufrido, cómo he penado al ver en peligro los intereses de mi gloria, tanto de la Creación como de la Redención! Mucho más que este reino lo tenía como en secreto y escondido en mi corazón, sin tener ni siquiera el desahogo de manifestarlo, y esto me hacía sufrir de más, porque no viendo en las criaturas las verdaderas disposiciones para poder dar este mi parto, y no habiendo tomado ellos todos los bienes que hay en el reino de la Redención, no podía arriesgarme a darles el reino de mi Voluntad, que contiene bienes más grandes, mucho más que los bienes de la Redención servirán como ajuar, como antídoto para hacer que entrando en el reino de mi Voluntad no puedan repetir una segunda caída, como hizo Adán. Así que si no todos estos bienes han sido tomados, sino más bien menospreciados y pisoteados, ¿cómo podía salir de dentro de mi Humanidad este parto de mi reino? Por eso me he tenido que contentar con penar, con sufrir y esperar más que una madre para no poner en peligro mi amado parto de mi reino; sufriendo porque quería ponerlo fuera para hacer don de él a la criatura y poner al seguro los intereses de la Creación y Redención, pues están todos en peligro, porque hasta en tanto que el hombre no regrese al reino del Supremo Querer, nuestros intereses y los suyos estarán siempre peligrando. El hombre fuera de nuestra Voluntad es siempre un desorden en nuestra obra Creadora, una nota discordante que quita la perfecta armonía a la santidad de nuestras obras, y por eso Yo miraba a través de los siglos, esperando a mi pequeña recién nacida en el reino de mi Voluntad, poniéndole en torno todos los bienes de la Redención para seguridad del reino de mi Voluntad, y más que madre doliente que tanto ha sufrido, te confío a ti este mi parto y la suerte de este mi reino. Y no solo mi Humanidad es la que quiere dar a luz este parto que me cuesta tanto, sino toda la Creación está preñada de mi Voluntad, y sufre porque quiere darla a luz a las criaturas para restablecer el reino de su Dios en medio de ellas. Así que la Creación es como un velo que esconde como un parto a mi Voluntad, y las criaturas toman el velo y rechazan el parto que hay dentro; preñado de mi Voluntad está el sol, y mientras toman los efectos de la luz que como velo esconde a mi Voluntad, los bienes que produce, rechazan después mi Voluntad, no la reconocen ni se hacen dominar por Ella, así que toman los bienes naturales que hay en el sol, pero los bienes del alma, el reino de mi Querer que reina en el sol y que quiere darse a ellos, lo rechazan; ¡oh, cómo sufre mi Voluntad en el sol, la cual quiere ser dada a luz desde la altura de la esfera para reinar en medio a las criaturas. Preñado de mi Voluntad está el cielo, que mira con sus ojos de luz, como son las estrellas, a las criaturas, para ver si quieren recibir a mi Voluntad para que reine en medio de ellas. Preñado de mi Voluntad está el mar, que con sus olas fragorosas se hace oír y las aguas como velo esconden a mi Voluntad, pero el hombre se sirve del mar, toma sus peces, pero no tiene cuidado de mi Voluntad y la hace sufrir como parto reprimido en las entrañas de las aguas; así que todos los elementos están preñados de mi Voluntad, el viento, el fuego, la flor, toda la tierra, todos son velos que la esconden. Ahora, ¿quién dará este desahogo y alivio a mi Humanidad? ¿Quién romperá estos velos de tantas cosas creadas que la esconden? ¿Quién reconocerá en todas las cosas al portador de mi Voluntad y haciéndole los debidos honores la haga reinar en su alma dándole el dominio y su sujeción? Por eso hija mía sé atenta, da este contento a tu Jesús que hasta ahora ha estado sufriendo por poner fuera este parto de mi reino supremo y junto conmigo toda la Creación, como un acto solo romperá los velos y depositará en ti el parto de mi Voluntad que esconden."
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  • Para prendar el corazón de Dios Padre, y apoderarse de toda su misericordia.
    Procura, pues, con toda diligencia, oír todos los días Misa para ofrecer con el sacerdote el sacrificio de tu Redentor a Dios, su Padre, por ti y por toda la Iglesia. Allí están presentes muchos ángeles, como dice San Juan Crisóstomo, para venerar este santo misterio; y así, estando nosotros con ellos y con la misma intención, es preciso que con tal compañía recibamos muchas influencias propicias. En esta acción divina se vienen a unir a nuestro Señor los corazones de la Iglesia triunfante y los de la Iglesia militante, para prendar con Él, en Él y por Él, el corazón de Dios Padre, y apoderarse de toda su misericordia. ¡Oh, qué felicidad es para un alma contribuir devotamente con sus afectos a un bien tan necesario y apetecible!

    San Francisco de Sales, Doctor de la Iglesia
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  • EL PAPA HABLA SOBRE MARÍA. 00:00
    EL PAPA HABLA SOBRE MARÍA. Siempre es momento oportuno.
     
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  • La oración, unida al Santo Sacrificio de la Misa, tiene una indecible fuerza.
    La oración, unida con este divino Sacrificio (Santa Misa), tiene una indecible fuerza, de modo que por este medio abunda el alma de celestiales favores, como apoyada sobre su amado, el cual la llena tanto de olores y suavidades espirituales..., que parece una columna de humo producida de las maderas aromáticas de mirra y de incienso y de todos los polvos que usan los perfumadores, como se dice en los Cantares.

    San Francisco de Sales, Doctor de la Iglesia
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  • ¿DE CARNE O DE PIEDRA?

    Arranca la mano de piedra,
    que aprieta con saña
    y apunta con odio,
    cocina maldades
    y pone cadenas…
    Verá cómo crece
    la mano de carne
    que acuna y aquieta,
    que quita cerrojos,
    que escribe poemas.

    Arranca la pierna de piedra
    que al pisar aplasta,
    que avanza sin norte,
    y, cerril, patea.
    Verás cómo crece
    la pierna de carne,
    que baila ligera,
    que te lleva lejos,
    donde Dios te llama,
    donde el hombre espera.

    José Mª Rodríguez Olaizola, SJ.

    Es propio de nuestra vida
    compartirla con otros.
    Sólo cuando compartimos
    se hace fecunda nuestra vida.
    Si estás dispuesto a compartir,
    también los demás estarán dispuestos
    a compartir su vida contigo.
    Entonces participarás
    de la variedad y la riqueza de los demás.

    Anselm Grün.
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  • ¿DE CARNE O DE PIEDRA?

    Arranca la mano de piedra,
    que aprieta con saña
    y apunta con odio,
    cocina maldades
    y pone cadenas…
    Verá cómo crece
    la mano de carne
    que acuna y aquieta,
    que quita cerrojos,
    que escribe poemas.

    Arranca la pierna de piedra
    que al pisar aplasta,
    que avanza sin norte,
    y, cerril, patea.
    Verás cómo crece
    la pierna de carne,
    que baila ligera,
    que te lleva lejos,
    donde Dios te llama,
    donde el hombre espera.

    José Mª Rodríguez Olaizola, SJ.

    Es propio de nuestra vida
    compartirla con otros.
    Sólo cuando compartimos
    se hace fecunda nuestra vida.
    Si estás dispuesto a compartir,
    también los demás estarán dispuestos
    a compartir su vida contigo.
    Entonces participarás
    de la variedad y la riqueza de los demás.

    Anselm Grün.
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  • ¿DE CARNE O DE PIEDRA?

    Arranca la mano de piedra,
    que aprieta con saña
    y apunta con odio,
    cocina maldades
    y pone cadenas…
    Verá cómo crece
    la mano de carne
    que acuna y aquieta,
    que quita cerrojos,
    que escribe poemas.

    Arranca la pierna de piedra
    que al pisar aplasta,
    que avanza sin norte,
    y, cerril, patea.
    Verás cómo crece
    la pierna de carne,
    que baila ligera,
    que te lleva lejos,
    donde Dios te llama,
    donde el hombre espera.

    José Mª Rodríguez Olaizola, SJ.

    Es propio de nuestra vida
    compartirla con otros.
    Sólo cuando compartimos
    se hace fecunda nuestra vida.
    Si estás dispuesto a compartir,
    también los demás estarán dispuestos
    a compartir su vida contigo.
    Entonces participarás
    de la variedad y la riqueza de los demás.

    Anselm Grün.
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    Arranca la mano de piedra,
    que aprieta con saña
    y apunta con odio,
    cocina maldades
    y pone cadenas…
    Verá cómo crece
    la mano de carne
    que acuna y aquieta,
    que quita cerrojos,
    que escribe poemas.

    Arranca la pierna de piedra
    que al pisar aplasta,
    que avanza sin norte,
    y, cerril, patea.
    Verás cómo crece
    la pierna de carne,
    que baila ligera,
    que te lleva lejos,
    donde Dios te llama,
    donde el hombre espera.

    José Mª Rodríguez Olaizola, SJ.

    Es propio de nuestra vida
    compartirla con otros.
    Sólo cuando compartimos
    se hace fecunda nuestra vida.
    Si estás dispuesto a compartir,
    también los demás estarán dispuestos
    a compartir su vida contigo.
    Entonces participarás
    de la variedad y la riqueza de los demás.

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    Arranca la mano de piedra,
    que aprieta con saña
    y apunta con odio,
    cocina maldades
    y pone cadenas…
    Verá cómo crece
    la mano de carne
    que acuna y aquieta,
    que quita cerrojos,
    que escribe poemas.

    Arranca la pierna de piedra
    que al pisar aplasta,
    que avanza sin norte,
    y, cerril, patea.
    Verás cómo crece
    la pierna de carne,
    que baila ligera,
    que te lleva lejos,
    donde Dios te llama,
    donde el hombre espera.

    José Mª Rodríguez Olaizola, SJ.

    Es propio de nuestra vida
    compartirla con otros.
    Sólo cuando compartimos
    se hace fecunda nuestra vida.
    Si estás dispuesto a compartir,
    también los demás estarán dispuestos
    a compartir su vida contigo.
    Entonces participarás
    de la variedad y la riqueza de los demás.

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    que aprieta con saña
    y apunta con odio,
    cocina maldades
    y pone cadenas…
    Verá cómo crece
    la mano de carne
    que acuna y aquieta,
    que quita cerrojos,
    que escribe poemas.

    Arranca la pierna de piedra
    que al pisar aplasta,
    que avanza sin norte,
    y, cerril, patea.
    Verás cómo crece
    la pierna de carne,
    que baila ligera,
    que te lleva lejos,
    donde Dios te llama,
    donde el hombre espera.

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    Es propio de nuestra vida
    compartirla con otros.
    Sólo cuando compartimos
    se hace fecunda nuestra vida.
    Si estás dispuesto a compartir,
    también los demás estarán dispuestos
    a compartir su vida contigo.
    Entonces participarás
    de la variedad y la riqueza de los demás.

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    que aprieta con saña
    y apunta con odio,
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    y pone cadenas…
    Verá cómo crece
    la mano de carne
    que acuna y aquieta,
    que quita cerrojos,
    que escribe poemas.

    Arranca la pierna de piedra
    que al pisar aplasta,
    que avanza sin norte,
    y, cerril, patea.
    Verás cómo crece
    la pierna de carne,
    que baila ligera,
    que te lleva lejos,
    donde Dios te llama,
    donde el hombre espera.

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    Sólo cuando compartimos
    se hace fecunda nuestra vida.
    Si estás dispuesto a compartir,
    también los demás estarán dispuestos
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    la mano de carne
    que acuna y aquieta,
    que quita cerrojos,
    que escribe poemas.

    Arranca la pierna de piedra
    que al pisar aplasta,
    que avanza sin norte,
    y, cerril, patea.
    Verás cómo crece
    la pierna de carne,
    que baila ligera,
    que te lleva lejos,
    donde Dios te llama,
    donde el hombre espera.

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    Sólo cuando compartimos
    se hace fecunda nuestra vida.
    Si estás dispuesto a compartir,
    también los demás estarán dispuestos
    a compartir su vida contigo.
    Entonces participarás
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    que quita cerrojos,
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    Arranca la pierna de piedra
    que al pisar aplasta,
    que avanza sin norte,
    y, cerril, patea.
    Verás cómo crece
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    que te lleva lejos,
    donde Dios te llama,
    donde el hombre espera.

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    que baila ligera,
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