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Actividades recientes

  • San Agustin, la Pelicula, episodio 1 01:36:45
    San Agustin, la Pelicula, episodio 1 Nació el 13 de noviembre de 354 en Tagaste, pequeña ciudad de Numidia en el África romana. Su padre, llamado Patricio, era un pequeño propietario paga ...
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  • Jesús nos enseña a anonadarnos para asemejamos a Él.
    En su forma eucarística, Jesús nos enseña a anonadarnos para asemejamos a Él: la amistad exige la igualdad de vida y de condición; para vivir de la Eucaristía nos es indispensable anonadarnos con Jesús, que en ella se anonada.

    San Pedro Julian Eymard
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  • Porqué comulgar diariamente.
    La comunión alimenta el alma a fin de que evite el pecado, resista las tentaciones de la carne y del diablo y pueda amar cada vez más a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas y con toda su mente.
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  • Debemos aprender de los felices caminantes de Emaús.
    Una de las dificultades de la oración ante el sagrario, es no acabar de darnos cuenta de que Jesús está allí, vivo y personalmente. ¡Se repite tanto en el sagrario la escena de Emaús, de estar con Jesús sin darnos cuenta de que Él está con nosotros! ¡Cuánto debemos aprender de los felices caminantes de Emaús, para llegar a sentir arder el corazón oyéndolo y reconocer a nuestro huésped Jesús al partir el pan!

    Beato Manuel González
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  • Qué tremendos misterios ocurren durante la Santa Misa!
    ¡Qué tremendos misterios ocurren durante la Santa Misa! Un gran misterio sucede en la Santa Misa. ¡Con cuánta devoción debiéramos seguir y participar en esta muerte de Jesús! Un día conoceremos lo que Dios hace por nosotros en cada Santa Misa y el don que nos prepara en ella. Solamente su amor divino podía concebir un don similar.

    Santa Faustina Kowalska
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  • Mi alimento es la carne de Dios, mi bebida es la sangre de Dios. Tal vez dices: Mi pan es común. Pero este pan es pan antes de las palabras sacramentales; cuando se añade la consagración, el pan se hace carne de Cristo. ¿Y cómo puede ser que el pan sea cuerpo de Cristo? Esta consagración ¿con cuáles palabras se realiza y de quién son estas expresiones? Del Señor Jesús. Porque todo lo demás que se dice antes, son palabras del sacerdote. Pero, cuando llega el momento de efectuar el venerable sacramento, el sacerdote ya no pronuncia sus palabras, sino las de Cristo. Luego la palabra de Cristo es la que realiza el sacramento.

    San Ambrosio
    Doctor de la Iglesia
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  • Para ser dulces, miremos al Dios de la Eucaristía; alimentémonos de aquel divino maná que contiene toda delicia; en la Comunión hagamos provisión de mansedumbre para todo el día: ¡tenemos tanta necesidad de ella!

    San Pedro Julian Eymard
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  • Así como el pan y el vino, recibida la palabra de Dios se hacen Eucaristía, es decir, Cuerpo y Sangre de Cristo, así también nuestros cuerpos, alimentados con la Eucaristía, resucitarán a su debido tiempo para gloria de Dios Padre.

    San Ireneo de Lyon
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  • EVANGELIO DEL 27 DE AGOSTO DEL 2014

    Evangelio según San Mateo 23,27-32.
    ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que parecen sepulcros blanqueados: hermosos por fuera, pero por dentro llenos de huesos de muertos y de podredumbre! Así también son ustedes: por fuera parecen justos delante de los hombres, pero por dentro están llenos de hipocresía y de iniquidad.

    ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que construyen los sepulcros de los profetas y adornan las tumbas de los justos, diciendo: 'Si hubiéramos vivido en el tiempo de nuestros padres, no nos hubiéramos unido a ellos para derramar la sangre de los profetas'!

    De esa manera atestiguan contra ustedes mismos que son hijos de los que mataron a los profetas.
    ¡Colmen entonces la medida de sus padres
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  • dice el dicho que detrás de cada gran hombre hay una gran mujer, y hay que añadir que si es cristiana ¡mejor!
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  • Cuando las cosas cuestan más trabajo, más grandemente son recompensadas
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  • San Agustin Confesiones - Alipio deja a su mujer #testimonioscatolicos https://www.youtube.com/watch?v=tG29HjsRWb0&list=PLFRVfZJ1xVdpEJi0L8rvirOyin9A8KFBv&index=6
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  • pues si es una ecaristia solobne mejor musica sacra mas si por ejempñloes una misa para jovenes musica mas juvenil sin perder su esencia
    groups.discussion.reply
  • #testimonioscatolicos San Agustin Confesiones - Maniqueo, las lágrimas de Monica https://www.youtube.com/watch?v=AfyPEwHl3_c&list=PLFRVfZJ1xVdpEJi0L8rvirOyin9A8KFBv&index=3
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  • San Agustin Confesiones - Juventud Libertina #testimonioscatolicos https://www.youtube.com/watch?v=NN2ko7JVyck&list=PLFRVfZJ1xVdpEJi0L8rvirOyin9A8KFBv
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  • Ordena tus Amores" † Poema San Agustín #testimonioscatolicos https://www.youtube.com/watch?v=mRNc-Q6jSfs
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  • #testimonioscatolicos Pensamientos de San Agustín https://www.youtube.com/watch?v=FBnUrztrgso
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  • Confesiones de San Agustín #testimonioscatolicos https://www.youtube.com/watch?v=zeeEC3ty3tQ
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  • #testimonioscatolicos Biografias Universales : San Agustín https://www.youtube.com/watch?v=6UMFRe4WAIM
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  • EVANGELIO DEL 26 DE AGOSTO DEL 2014 (Jesús llama a la conversión a todos)

    Evangelio según San Mateo 23,23-26.

    ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que pagan el diezmo de la menta, del hinojo y del comino, y descuidan lo esencial de la Ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad! Hay que practicar esto, sin descuidar aquello.
    ¡Guías ciegos, que filtran el mosquito y se tragan el camello!
    ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que limpian por fuera la copa y el plato, mientras que por dentro están llenos de codicia y desenfreno!
    ¡Fariseo ciego! Limpia primero la copa por dentro, y así también quedará limpia por fuera.
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  • Recemos mas que nunca por el Papa Francisco , Amen. Afirman que el Papa Francisco esta en la mira del Estado Islamico es el grupo jihadista este grupo opera en Irak y Siria . Fuente : Diario Italiano ll Tempo .
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  • Mensaje del 25 de agosto de 2014.

    “Queridos hijos, orad por mis intenciones, porque Satanás quiere destruir mi plan que tengo aquí y robaros la paz. Por eso, hijos míos, orad, orad, orad para que Dios, a través de cada uno de vosotros, pueda actuar.

    Que vuestros corazones estén abiertos a la voluntad de Dios. Yo os amo y os bendigo con mi bendición maternal. ¡Gracias por haber respondido a mi llamada!”
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  • ABRE LOS SENTIDOS

    Escucha
    atentamente,
    afincado en la realidad siempre,
    esos silencios que hablan,
    esas voces de angustia y esperanza,
    esa sinfonía humana no acabada.
    ¡No me digas que tus tímpanos
    carecen de tal gracia!

    Olfatea,
    hasta embriagarte,
    sus olores y perfumes
    de flores y basureros a tu alcance,
    de personas con sudor en su frente,
    de pueblos, vidas, ideales haciéndose, muriéndose.
    ¡No me digas que eres insensible
    a náuseas y fragancias!

    Palpa
    así, suavemente, como sabes,
    esas costras y blandas realidades,
    esos hermanos con heridas para besarse,
    esas soledades aisladas para no tocarse,
    esas estructuras tan frías para abrazarse.
    ¡No me digas que tus yemas táctiles
    no sienten ni se estremecen!

    Mira
    con tus ojos penetrantes, y ve
    el inmenso horizonte que existe,
    eso que nadie enseña serena y dignamente,
    lo que el mundo esconde de forma vergonzante,
    lo que es deleite o bajar la vista te hace.
    ¡No me digas que tus pupilas son reacias
    a las tres cuartas partes de la realidad existente!

    Gusta
    sin pensar en precios, pues es gratis,
    todo lo que tienes y se te ofrece:
    la vida a raudales, tan patente;
    el hambre que no puede masticarse;
    esos granos a punto de reventarse.
    ¡No me digas que tus papilas
    no están hechas para tales sabores!

    Y si un sexto sentido tienes, como a veces se dice,
    haz que por él penetre lo que es espíritu de tu vida
    y alimento de tu carne y sangre:
    las estructuras y detalles
    de ese Reino que llora y crece.
    ¡Todo lo que yo pensé y recreo,
    y todo de lo que sois artífices!
    ¡No me digas que renuncias a lo que te ofrezco
    con amor de Padre y Madre,
    o que me he equivocado contigo
    en este aventura amante…!

    ¡No me digas que te escandaliza
    la pequeñez del Reino,
    mi vida con aire nuevo,
    o las consecuencias de tu actuar profético!

    Oh Señor, aquí estoy;
    ábreme los sentidos
    para escuchar,
    olfatear,
    palpar,
    mirar,
    gustar
    y vivir como Tú.

    Florentino Ulibarri.

    “Tu postura ha de ser siempre de total abandono; no cuentes con nada tuyo, pero apóyate en la gracia de Dios, que la da a quien se la pide”.

    Beata María de la Purísima de la Cruz.
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  • ABRE LOS SENTIDOS

    Escucha
    atentamente,
    afincado en la realidad siempre,
    esos silencios que hablan,
    esas voces de angustia y esperanza,
    esa sinfonía humana no acabada.
    ¡No me digas que tus tímpanos
    carecen de tal gracia!

    Olfatea,
    hasta embriagarte,
    sus olores y perfumes
    de flores y basureros a tu alcance,
    de personas con sudor en su frente,
    de pueblos, vidas, ideales haciéndose, muriéndose.
    ¡No me digas que eres insensible
    a náuseas y fragancias!

    Palpa
    así, suavemente, como sabes,
    esas costras y blandas realidades,
    esos hermanos con heridas para besarse,
    esas soledades aisladas para no tocarse,
    esas estructuras tan frías para abrazarse.
    ¡No me digas que tus yemas táctiles
    no sienten ni se estremecen!

    Mira
    con tus ojos penetrantes, y ve
    el inmenso horizonte que existe,
    eso que nadie enseña serena y dignamente,
    lo que el mundo esconde de forma vergonzante,
    lo que es deleite o bajar la vista te hace.
    ¡No me digas que tus pupilas son reacias
    a las tres cuartas partes de la realidad existente!

    Gusta
    sin pensar en precios, pues es gratis,
    todo lo que tienes y se te ofrece:
    la vida a raudales, tan patente;
    el hambre que no puede masticarse;
    esos granos a punto de reventarse.
    ¡No me digas que tus papilas
    no están hechas para tales sabores!

    Y si un sexto sentido tienes, como a veces se dice,
    haz que por él penetre lo que es espíritu de tu vida
    y alimento de tu carne y sangre:
    las estructuras y detalles
    de ese Reino que llora y crece.
    ¡Todo lo que yo pensé y recreo,
    y todo de lo que sois artífices!
    ¡No me digas que renuncias a lo que te ofrezco
    con amor de Padre y Madre,
    o que me he equivocado contigo
    en este aventura amante…!

    ¡No me digas que te escandaliza
    la pequeñez del Reino,
    mi vida con aire nuevo,
    o las consecuencias de tu actuar profético!

    Oh Señor, aquí estoy;
    ábreme los sentidos
    para escuchar,
    olfatear,
    palpar,
    mirar,
    gustar
    y vivir como Tú.

    Florentino Ulibarri.

    “Tu postura ha de ser siempre de total abandono; no cuentes con nada tuyo, pero apóyate en la gracia de Dios, que la da a quien se la pide”.

    Beata María de la Purísima de la Cruz.
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    atentamente,
    afincado en la realidad siempre,
    esos silencios que hablan,
    esas voces de angustia y esperanza,
    esa sinfonía humana no acabada.
    ¡No me digas que tus tímpanos
    carecen de tal gracia!

    Olfatea,
    hasta embriagarte,
    sus olores y perfumes
    de flores y basureros a tu alcance,
    de personas con sudor en su frente,
    de pueblos, vidas, ideales haciéndose, muriéndose.
    ¡No me digas que eres insensible
    a náuseas y fragancias!

    Palpa
    así, suavemente, como sabes,
    esas costras y blandas realidades,
    esos hermanos con heridas para besarse,
    esas soledades aisladas para no tocarse,
    esas estructuras tan frías para abrazarse.
    ¡No me digas que tus yemas táctiles
    no sienten ni se estremecen!

    Mira
    con tus ojos penetrantes, y ve
    el inmenso horizonte que existe,
    eso que nadie enseña serena y dignamente,
    lo que el mundo esconde de forma vergonzante,
    lo que es deleite o bajar la vista te hace.
    ¡No me digas que tus pupilas son reacias
    a las tres cuartas partes de la realidad existente!

    Gusta
    sin pensar en precios, pues es gratis,
    todo lo que tienes y se te ofrece:
    la vida a raudales, tan patente;
    el hambre que no puede masticarse;
    esos granos a punto de reventarse.
    ¡No me digas que tus papilas
    no están hechas para tales sabores!

    Y si un sexto sentido tienes, como a veces se dice,
    haz que por él penetre lo que es espíritu de tu vida
    y alimento de tu carne y sangre:
    las estructuras y detalles
    de ese Reino que llora y crece.
    ¡Todo lo que yo pensé y recreo,
    y todo de lo que sois artífices!
    ¡No me digas que renuncias a lo que te ofrezco
    con amor de Padre y Madre,
    o que me he equivocado contigo
    en este aventura amante…!

    ¡No me digas que te escandaliza
    la pequeñez del Reino,
    mi vida con aire nuevo,
    o las consecuencias de tu actuar profético!

    Oh Señor, aquí estoy;
    ábreme los sentidos
    para escuchar,
    olfatear,
    palpar,
    mirar,
    gustar
    y vivir como Tú.

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    de personas con sudor en su frente,
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    ¡No me digas que eres insensible
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    Palpa
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    esas estructuras tan frías para abrazarse.
    ¡No me digas que tus yemas táctiles
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    la vida a raudales, tan patente;
    el hambre que no puede masticarse;
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    ¡No me digas que tus papilas
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    Y si un sexto sentido tienes, como a veces se dice,
    haz que por él penetre lo que es espíritu de tu vida
    y alimento de tu carne y sangre:
    las estructuras y detalles
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    ¡Todo lo que yo pensé y recreo,
    y todo de lo que sois artífices!
    ¡No me digas que renuncias a lo que te ofrezco
    con amor de Padre y Madre,
    o que me he equivocado contigo
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    ¡No me digas que te escandaliza
    la pequeñez del Reino,
    mi vida con aire nuevo,
    o las consecuencias de tu actuar profético!

    Oh Señor, aquí estoy;
    ábreme los sentidos
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    olfatear,
    palpar,
    mirar,
    gustar
    y vivir como Tú.

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    esos silencios que hablan,
    esas voces de angustia y esperanza,
    esa sinfonía humana no acabada.
    ¡No me digas que tus tímpanos
    carecen de tal gracia!

    Olfatea,
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    de flores y basureros a tu alcance,
    de personas con sudor en su frente,
    de pueblos, vidas, ideales haciéndose, muriéndose.
    ¡No me digas que eres insensible
    a náuseas y fragancias!

    Palpa
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    esos hermanos con heridas para besarse,
    esas soledades aisladas para no tocarse,
    esas estructuras tan frías para abrazarse.
    ¡No me digas que tus yemas táctiles
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    eso que nadie enseña serena y dignamente,
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    ¡No me digas que tus papilas
    no están hechas para tales sabores!

    Y si un sexto sentido tienes, como a veces se dice,
    haz que por él penetre lo que es espíritu de tu vida
    y alimento de tu carne y sangre:
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    ¡Todo lo que yo pensé y recreo,
    y todo de lo que sois artífices!
    ¡No me digas que renuncias a lo que te ofrezco
    con amor de Padre y Madre,
    o que me he equivocado contigo
    en este aventura amante…!

    ¡No me digas que te escandaliza
    la pequeñez del Reino,
    mi vida con aire nuevo,
    o las consecuencias de tu actuar profético!

    Oh Señor, aquí estoy;
    ábreme los sentidos
    para escuchar,
    olfatear,
    palpar,
    mirar,
    gustar
    y vivir como Tú.

    Florentino Ulibarri.

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    ¡No me digas que tus tímpanos
    carecen de tal gracia!

    Olfatea,
    hasta embriagarte,
    sus olores y perfumes
    de flores y basureros a tu alcance,
    de personas con sudor en su frente,
    de pueblos, vidas, ideales haciéndose, muriéndose.
    ¡No me digas que eres insensible
    a náuseas y fragancias!

    Palpa
    así, suavemente, como sabes,
    esas costras y blandas realidades,
    esos hermanos con heridas para besarse,
    esas soledades aisladas para no tocarse,
    esas estructuras tan frías para abrazarse.
    ¡No me digas que tus yemas táctiles
    no sienten ni se estremecen!

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    eso que nadie enseña serena y dignamente,
    lo que el mundo esconde de forma vergonzante,
    lo que es deleite o bajar la vista te hace.
    ¡No me digas que tus pupilas son reacias
    a las tres cuartas partes de la realidad existente!

    Gusta
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    la vida a raudales, tan patente;
    el hambre que no puede masticarse;
    esos granos a punto de reventarse.
    ¡No me digas que tus papilas
    no están hechas para tales sabores!

    Y si un sexto sentido tienes, como a veces se dice,
    haz que por él penetre lo que es espíritu de tu vida
    y alimento de tu carne y sangre:
    las estructuras y detalles
    de ese Reino que llora y crece.
    ¡Todo lo que yo pensé y recreo,
    y todo de lo que sois artífices!
    ¡No me digas que renuncias a lo que te ofrezco
    con amor de Padre y Madre,
    o que me he equivocado contigo
    en este aventura amante…!

    ¡No me digas que te escandaliza
    la pequeñez del Reino,
    mi vida con aire nuevo,
    o las consecuencias de tu actuar profético!

    Oh Señor, aquí estoy;
    ábreme los sentidos
    para escuchar,
    olfatear,
    palpar,
    mirar,
    gustar
    y vivir como Tú.

    Florentino Ulibarri.

    “Tu postura ha de ser siempre de total abandono; no cuentes con nada tuyo, pero apóyate en la gracia de Dios, que la da a quien se la pide”.

    Beata María de la Purísima de la Cruz.
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  • ABRE LOS SENTIDOS

    Escucha
    atentamente,
    afincado en la realidad siempre,
    esos silencios que hablan,
    esas voces de angustia y esperanza,
    esa sinfonía humana no acabada.
    ¡No me digas que tus tímpanos
    carecen de tal gracia!

    Olfatea,
    hasta embriagarte,
    sus olores y perfumes
    de flores y basureros a tu alcance,
    de personas con sudor en su frente,
    de pueblos, vidas, ideales haciéndose, muriéndose.
    ¡No me digas que eres insensible
    a náuseas y fragancias!

    Palpa
    así, suavemente, como sabes,
    esas costras y blandas realidades,
    esos hermanos con heridas para besarse,
    esas soledades aisladas para no tocarse,
    esas estructuras tan frías para abrazarse.
    ¡No me digas que tus yemas táctiles
    no sienten ni se estremecen!

    Mira
    con tus ojos penetrantes, y ve
    el inmenso horizonte que existe,
    eso que nadie enseña serena y dignamente,
    lo que el mundo esconde de forma vergonzante,
    lo que es deleite o bajar la vista te hace.
    ¡No me digas que tus pupilas son reacias
    a las tres cuartas partes de la realidad existente!

    Gusta
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    todo lo que tienes y se te ofrece:
    la vida a raudales, tan patente;
    el hambre que no puede masticarse;
    esos granos a punto de reventarse.
    ¡No me digas que tus papilas
    no están hechas para tales sabores!

    Y si un sexto sentido tienes, como a veces se dice,
    haz que por él penetre lo que es espíritu de tu vida
    y alimento de tu carne y sangre:
    las estructuras y detalles
    de ese Reino que llora y crece.
    ¡Todo lo que yo pensé y recreo,
    y todo de lo que sois artífices!
    ¡No me digas que renuncias a lo que te ofrezco
    con amor de Padre y Madre,
    o que me he equivocado contigo
    en este aventura amante…!

    ¡No me digas que te escandaliza
    la pequeñez del Reino,
    mi vida con aire nuevo,
    o las consecuencias de tu actuar profético!

    Oh Señor, aquí estoy;
    ábreme los sentidos
    para escuchar,
    olfatear,
    palpar,
    mirar,
    gustar
    y vivir como Tú.

    Florentino Ulibarri.

    “Tu postura ha de ser siempre de total abandono; no cuentes con nada tuyo, pero apóyate en la gracia de Dios, que la da a quien se la pide”.

    Beata María de la Purísima de la Cruz.
    groups.wall
  • ABRE LOS SENTIDOS

    Escucha
    atentamente,
    afincado en la realidad siempre,
    esos silencios que hablan,
    esas voces de angustia y esperanza,
    esa sinfonía humana no acabada.
    ¡No me digas que tus tímpanos
    carecen de tal gracia!

    Olfatea,
    hasta embriagarte,
    sus olores y perfumes
    de flores y basureros a tu alcance,
    de personas con sudor en su frente,
    de pueblos, vidas, ideales haciéndose, muriéndose.
    ¡No me digas que eres insensible
    a náuseas y fragancias!

    Palpa
    así, suavemente, como sabes,
    esas costras y blandas realidades,
    esos hermanos con heridas para besarse,
    esas soledades aisladas para no tocarse,
    esas estructuras tan frías para abrazarse.
    ¡No me digas que tus yemas táctiles
    no sienten ni se estremecen!

    Mira
    con tus ojos penetrantes, y ve
    el inmenso horizonte que existe,
    eso que nadie enseña serena y dignamente,
    lo que el mundo esconde de forma vergonzante,
    lo que es deleite o bajar la vista te hace.
    ¡No me digas que tus pupilas son reacias
    a las tres cuartas partes de la realidad existente!

    Gusta
    sin pensar en precios, pues es gratis,
    todo lo que tienes y se te ofrece:
    la vida a raudales, tan patente;
    el hambre que no puede masticarse;
    esos granos a punto de reventarse.
    ¡No me digas que tus papilas
    no están hechas para tales sabores!

    Y si un sexto sentido tienes, como a veces se dice,
    haz que por él penetre lo que es espíritu de tu vida
    y alimento de tu carne y sangre:
    las estructuras y detalles
    de ese Reino que llora y crece.
    ¡Todo lo que yo pensé y recreo,
    y todo de lo que sois artífices!
    ¡No me digas que renuncias a lo que te ofrezco
    con amor de Padre y Madre,
    o que me he equivocado contigo
    en este aventura amante…!

    ¡No me digas que te escandaliza
    la pequeñez del Reino,
    mi vida con aire nuevo,
    o las consecuencias de tu actuar profético!

    Oh Señor, aquí estoy;
    ábreme los sentidos
    para escuchar,
    olfatear,
    palpar,
    mirar,
    gustar
    y vivir como Tú.

    Florentino Ulibarri.

    “Tu postura ha de ser siempre de total abandono; no cuentes con nada tuyo, pero apóyate en la gracia de Dios, que la da a quien se la pide”.

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    atentamente,
    afincado en la realidad siempre,
    esos silencios que hablan,
    esas voces de angustia y esperanza,
    esa sinfonía humana no acabada.
    ¡No me digas que tus tímpanos
    carecen de tal gracia!

    Olfatea,
    hasta embriagarte,
    sus olores y perfumes
    de flores y basureros a tu alcance,
    de personas con sudor en su frente,
    de pueblos, vidas, ideales haciéndose, muriéndose.
    ¡No me digas que eres insensible
    a náuseas y fragancias!

    Palpa
    así, suavemente, como sabes,
    esas costras y blandas realidades,
    esos hermanos con heridas para besarse,
    esas soledades aisladas para no tocarse,
    esas estructuras tan frías para abrazarse.
    ¡No me digas que tus yemas táctiles
    no sienten ni se estremecen!

    Mira
    con tus ojos penetrantes, y ve
    el inmenso horizonte que existe,
    eso que nadie enseña serena y dignamente,
    lo que el mundo esconde de forma vergonzante,
    lo que es deleite o bajar la vista te hace.
    ¡No me digas que tus pupilas son reacias
    a las tres cuartas partes de la realidad existente!

    Gusta
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    la vida a raudales, tan patente;
    el hambre que no puede masticarse;
    esos granos a punto de reventarse.
    ¡No me digas que tus papilas
    no están hechas para tales sabores!

    Y si un sexto sentido tienes, como a veces se dice,
    haz que por él penetre lo que es espíritu de tu vida
    y alimento de tu carne y sangre:
    las estructuras y detalles
    de ese Reino que llora y crece.
    ¡Todo lo que yo pensé y recreo,
    y todo de lo que sois artífices!
    ¡No me digas que renuncias a lo que te ofrezco
    con amor de Padre y Madre,
    o que me he equivocado contigo
    en este aventura amante…!

    ¡No me digas que te escandaliza
    la pequeñez del Reino,
    mi vida con aire nuevo,
    o las consecuencias de tu actuar profético!

    Oh Señor, aquí estoy;
    ábreme los sentidos
    para escuchar,
    olfatear,
    palpar,
    mirar,
    gustar
    y vivir como Tú.

    Florentino Ulibarri.

    “Tu postura ha de ser siempre de total abandono; no cuentes con nada tuyo, pero apóyate en la gracia de Dios, que la da a quien se la pide”.

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    atentamente,
    afincado en la realidad siempre,
    esos silencios que hablan,
    esas voces de angustia y esperanza,
    esa sinfonía humana no acabada.
    ¡No me digas que tus tímpanos
    carecen de tal gracia!

    Olfatea,
    hasta embriagarte,
    sus olores y perfumes
    de flores y basureros a tu alcance,
    de personas con sudor en su frente,
    de pueblos, vidas, ideales haciéndose, muriéndose.
    ¡No me digas que eres insensible
    a náuseas y fragancias!

    Palpa
    así, suavemente, como sabes,
    esas costras y blandas realidades,
    esos hermanos con heridas para besarse,
    esas soledades aisladas para no tocarse,
    esas estructuras tan frías para abrazarse.
    ¡No me digas que tus yemas táctiles
    no sienten ni se estremecen!

    Mira
    con tus ojos penetrantes, y ve
    el inmenso horizonte que existe,
    eso que nadie enseña serena y dignamente,
    lo que el mundo esconde de forma vergonzante,
    lo que es deleite o bajar la vista te hace.
    ¡No me digas que tus pupilas son reacias
    a las tres cuartas partes de la realidad existente!

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    la vida a raudales, tan patente;
    el hambre que no puede masticarse;
    esos granos a punto de reventarse.
    ¡No me digas que tus papilas
    no están hechas para tales sabores!

    Y si un sexto sentido tienes, como a veces se dice,
    haz que por él penetre lo que es espíritu de tu vida
    y alimento de tu carne y sangre:
    las estructuras y detalles
    de ese Reino que llora y crece.
    ¡Todo lo que yo pensé y recreo,
    y todo de lo que sois artífices!
    ¡No me digas que renuncias a lo que te ofrezco
    con amor de Padre y Madre,
    o que me he equivocado contigo
    en este aventura amante…!

    ¡No me digas que te escandaliza
    la pequeñez del Reino,
    mi vida con aire nuevo,
    o las consecuencias de tu actuar profético!

    Oh Señor, aquí estoy;
    ábreme los sentidos
    para escuchar,
    olfatear,
    palpar,
    mirar,
    gustar
    y vivir como Tú.

    Florentino Ulibarri.

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    atentamente,
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    ¡No me digas que tus tímpanos
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    Olfatea,
    hasta embriagarte,
    sus olores y perfumes
    de flores y basureros a tu alcance,
    de personas con sudor en su frente,
    de pueblos, vidas, ideales haciéndose, muriéndose.
    ¡No me digas que eres insensible
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    esos hermanos con heridas para besarse,
    esas soledades aisladas para no tocarse,
    esas estructuras tan frías para abrazarse.
    ¡No me digas que tus yemas táctiles
    no sienten ni se estremecen!

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    con tus ojos penetrantes, y ve
    el inmenso horizonte que existe,
    eso que nadie enseña serena y dignamente,
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    lo que es deleite o bajar la vista te hace.
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    a las tres cuartas partes de la realidad existente!

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    todo lo que tienes y se te ofrece:
    la vida a raudales, tan patente;
    el hambre que no puede masticarse;
    esos granos a punto de reventarse.
    ¡No me digas que tus papilas
    no están hechas para tales sabores!

    Y si un sexto sentido tienes, como a veces se dice,
    haz que por él penetre lo que es espíritu de tu vida
    y alimento de tu carne y sangre:
    las estructuras y detalles
    de ese Reino que llora y crece.
    ¡Todo lo que yo pensé y recreo,
    y todo de lo que sois artífices!
    ¡No me digas que renuncias a lo que te ofrezco
    con amor de Padre y Madre,
    o que me he equivocado contigo
    en este aventura amante…!

    ¡No me digas que te escandaliza
    la pequeñez del Reino,
    mi vida con aire nuevo,
    o las consecuencias de tu actuar profético!

    Oh Señor, aquí estoy;
    ábreme los sentidos
    para escuchar,
    olfatear,
    palpar,
    mirar,
    gustar
    y vivir como Tú.

    Florentino Ulibarri.

    “Tu postura ha de ser siempre de total abandono; no cuentes con nada tuyo, pero apóyate en la gracia de Dios, que la da a quien se la pide”.

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    atentamente,
    afincado en la realidad siempre,
    esos silencios que hablan,
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    ¡No me digas que tus tímpanos
    carecen de tal gracia!

    Olfatea,
    hasta embriagarte,
    sus olores y perfumes
    de flores y basureros a tu alcance,
    de personas con sudor en su frente,
    de pueblos, vidas, ideales haciéndose, muriéndose.
    ¡No me digas que eres insensible
    a náuseas y fragancias!

    Palpa
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    esas costras y blandas realidades,
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    esas soledades aisladas para no tocarse,
    esas estructuras tan frías para abrazarse.
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    Mira
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    eso que nadie enseña serena y dignamente,
    lo que el mundo esconde de forma vergonzante,
    lo que es deleite o bajar la vista te hace.
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    a las tres cuartas partes de la realidad existente!

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    la vida a raudales, tan patente;
    el hambre que no puede masticarse;
    esos granos a punto de reventarse.
    ¡No me digas que tus papilas
    no están hechas para tales sabores!

    Y si un sexto sentido tienes, como a veces se dice,
    haz que por él penetre lo que es espíritu de tu vida
    y alimento de tu carne y sangre:
    las estructuras y detalles
    de ese Reino que llora y crece.
    ¡Todo lo que yo pensé y recreo,
    y todo de lo que sois artífices!
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    o que me he equivocado contigo
    en este aventura amante…!

    ¡No me digas que te escandaliza
    la pequeñez del Reino,
    mi vida con aire nuevo,
    o las consecuencias de tu actuar profético!

    Oh Señor, aquí estoy;
    ábreme los sentidos
    para escuchar,
    olfatear,
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    y vivir como Tú.

    Florentino Ulibarri.

    “Tu postura ha de ser siempre de total abandono; no cuentes con nada tuyo, pero apóyate en la gracia de Dios, que la da a quien se la pide”.

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    Escucha
    atentamente,
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    esas voces de angustia y esperanza,
    esa sinfonía humana no acabada.
    ¡No me digas que tus tímpanos
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    Olfatea,
    hasta embriagarte,
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    Palpa
    así, suavemente, como sabes,
    esas costras y blandas realidades,
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    esas soledades aisladas para no tocarse,
    esas estructuras tan frías para abrazarse.
    ¡No me digas que tus yemas táctiles
    no sienten ni se estremecen!

    Mira
    con tus ojos penetrantes, y ve
    el inmenso horizonte que existe,
    eso que nadie enseña serena y dignamente,
    lo que el mundo esconde de forma vergonzante,
    lo que es deleite o bajar la vista te hace.
    ¡No me digas que tus pupilas son reacias
    a las tres cuartas partes de la realidad existente!

    Gusta
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    todo lo que tienes y se te ofrece:
    la vida a raudales, tan patente;
    el hambre que no puede masticarse;
    esos granos a punto de reventarse.
    ¡No me digas que tus papilas
    no están hechas para tales sabores!

    Y si un sexto sentido tienes, como a veces se dice,
    haz que por él penetre lo que es espíritu de tu vida
    y alimento de tu carne y sangre:
    las estructuras y detalles
    de ese Reino que llora y crece.
    ¡Todo lo que yo pensé y recreo,
    y todo de lo que sois artífices!
    ¡No me digas que renuncias a lo que te ofrezco
    con amor de Padre y Madre,
    o que me he equivocado contigo
    en este aventura amante…!

    ¡No me digas que te escandaliza
    la pequeñez del Reino,
    mi vida con aire nuevo,
    o las consecuencias de tu actuar profético!

    Oh Señor, aquí estoy;
    ábreme los sentidos
    para escuchar,
    olfatear,
    palpar,
    mirar,
    gustar
    y vivir como Tú.

    Florentino Ulibarri.

    “Tu postura ha de ser siempre de total abandono; no cuentes con nada tuyo, pero apóyate en la gracia de Dios, que la da a quien se la pide”.

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    atentamente,
    afincado en la realidad siempre,
    esos silencios que hablan,
    esas voces de angustia y esperanza,
    esa sinfonía humana no acabada.
    ¡No me digas que tus tímpanos
    carecen de tal gracia!

    Olfatea,
    hasta embriagarte,
    sus olores y perfumes
    de flores y basureros a tu alcance,
    de personas con sudor en su frente,
    de pueblos, vidas, ideales haciéndose, muriéndose.
    ¡No me digas que eres insensible
    a náuseas y fragancias!

    Palpa
    así, suavemente, como sabes,
    esas costras y blandas realidades,
    esos hermanos con heridas para besarse,
    esas soledades aisladas para no tocarse,
    esas estructuras tan frías para abrazarse.
    ¡No me digas que tus yemas táctiles
    no sienten ni se estremecen!

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    con tus ojos penetrantes, y ve
    el inmenso horizonte que existe,
    eso que nadie enseña serena y dignamente,
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    a las tres cuartas partes de la realidad existente!

    Gusta
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    la vida a raudales, tan patente;
    el hambre que no puede masticarse;
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    ¡No me digas que tus papilas
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    y alimento de tu carne y sangre:
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    de ese Reino que llora y crece.
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    y todo de lo que sois artífices!
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    el hambre que no puede masticarse;
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    Florentino Ulibarri.

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    de pueblos, vidas, ideales haciéndose, muriéndose.
    ¡No me digas que eres insensible
    a náuseas y fragancias!

    Palpa
    así, suavemente, como sabes,
    esas costras y blandas realidades,
    esos hermanos con heridas para besarse,
    esas soledades aisladas para no tocarse,
    esas estructuras tan frías para abrazarse.
    ¡No me digas que tus yemas táctiles
    no sienten ni se estremecen!

    Mira
    con tus ojos penetrantes, y ve
    el inmenso horizonte que existe,
    eso que nadie enseña serena y dignamente,
    lo que el mundo esconde de forma vergonzante,
    lo que es deleite o bajar la vista te hace.
    ¡No me digas que tus pupilas son reacias
    a las tres cuartas partes de la realidad existente!

    Gusta
    sin pensar en precios, pues es gratis,
    todo lo que tienes y se te ofrece:
    la vida a raudales, tan patente;
    el hambre que no puede masticarse;
    esos granos a punto de reventarse.
    ¡No me digas que tus papilas
    no están hechas para tales sabores!

    Y si un sexto sentido tienes, como a veces se dice,
    haz que por él penetre lo que es espíritu de tu vida
    y alimento de tu carne y sangre:
    las estructuras y detalles
    de ese Reino que llora y crece.
    ¡Todo lo que yo pensé y recreo,
    y todo de lo que sois artífices!
    ¡No me digas que renuncias a lo que te ofrezco
    con amor de Padre y Madre,
    o que me he equivocado contigo
    en este aventura amante…!

    ¡No me digas que te escandaliza
    la pequeñez del Reino,
    mi vida con aire nuevo,
    o las consecuencias de tu actuar profético!

    Oh Señor, aquí estoy;
    ábreme los sentidos
    para escuchar,
    olfatear,
    palpar,
    mirar,
    gustar
    y vivir como Tú.

    Florentino Ulibarri.

    “Tu postura ha de ser siempre de total abandono; no cuentes con nada tuyo, pero apóyate en la gracia de Dios, que la da a quien se la pide”.

    Beata María de la Purísima de la Cruz.
    groups.wall
  • ABRE LOS SENTIDOS

    Escucha
    atentamente,
    afincado en la realidad siempre,
    esos silencios que hablan,
    esas voces de angustia y esperanza,
    esa sinfonía humana no acabada.
    ¡No me digas que tus tímpanos
    carecen de tal gracia!

    Olfatea,
    hasta embriagarte,
    sus olores y perfumes
    de flores y basureros a tu alcance,
    de personas con sudor en su frente,
    de pueblos, vidas, ideales haciéndose, muriéndose.
    ¡No me digas que eres insensible
    a náuseas y fragancias!

    Palpa
    así, suavemente, como sabes,
    esas costras y blandas realidades,
    esos hermanos con heridas para besarse,
    esas soledades aisladas para no tocarse,
    esas estructuras tan frías para abrazarse.
    ¡No me digas que tus yemas táctiles
    no sienten ni se estremecen!

    Mira
    con tus ojos penetrantes, y ve
    el inmenso horizonte que existe,
    eso que nadie enseña serena y dignamente,
    lo que el mundo esconde de forma vergonzante,
    lo que es deleite o bajar la vista te hace.
    ¡No me digas que tus pupilas son reacias
    a las tres cuartas partes de la realidad existente!

    Gusta
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    todo lo que tienes y se te ofrece:
    la vida a raudales, tan patente;
    el hambre que no puede masticarse;
    esos granos a punto de reventarse.
    ¡No me digas que tus papilas
    no están hechas para tales sabores!

    Y si un sexto sentido tienes, como a veces se dice,
    haz que por él penetre lo que es espíritu de tu vida
    y alimento de tu carne y sangre:
    las estructuras y detalles
    de ese Reino que llora y crece.
    ¡Todo lo que yo pensé y recreo,
    y todo de lo que sois artífices!
    ¡No me digas que renuncias a lo que te ofrezco
    con amor de Padre y Madre,
    o que me he equivocado contigo
    en este aventura amante…!

    ¡No me digas que te escandaliza
    la pequeñez del Reino,
    mi vida con aire nuevo,
    o las consecuencias de tu actuar profético!

    Oh Señor, aquí estoy;
    ábreme los sentidos
    para escuchar,
    olfatear,
    palpar,
    mirar,
    gustar
    y vivir como Tú.

    Florentino Ulibarri.

    “Tu postura ha de ser siempre de total abandono; no cuentes con nada tuyo, pero apóyate en la gracia de Dios, que la da a quien se la pide”.

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    Escucha
    atentamente,
    afincado en la realidad siempre,
    esos silencios que hablan,
    esas voces de angustia y esperanza,
    esa sinfonía humana no acabada.
    ¡No me digas que tus tímpanos
    carecen de tal gracia!

    Olfatea,
    hasta embriagarte,
    sus olores y perfumes
    de flores y basureros a tu alcance,
    de personas con sudor en su frente,
    de pueblos, vidas, ideales haciéndose, muriéndose.
    ¡No me digas que eres insensible
    a náuseas y fragancias!

    Palpa
    así, suavemente, como sabes,
    esas costras y blandas realidades,
    esos hermanos con heridas para besarse,
    esas soledades aisladas para no tocarse,
    esas estructuras tan frías para abrazarse.
    ¡No me digas que tus yemas táctiles
    no sienten ni se estremecen!

    Mira
    con tus ojos penetrantes, y ve
    el inmenso horizonte que existe,
    eso que nadie enseña serena y dignamente,
    lo que el mundo esconde de forma vergonzante,
    lo que es deleite o bajar la vista te hace.
    ¡No me digas que tus pupilas son reacias
    a las tres cuartas partes de la realidad existente!

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    sin pensar en precios, pues es gratis,
    todo lo que tienes y se te ofrece:
    la vida a raudales, tan patente;
    el hambre que no puede masticarse;
    esos granos a punto de reventarse.
    ¡No me digas que tus papilas
    no están hechas para tales sabores!

    Y si un sexto sentido tienes, como a veces se dice,
    haz que por él penetre lo que es espíritu de tu vida
    y alimento de tu carne y sangre:
    las estructuras y detalles
    de ese Reino que llora y crece.
    ¡Todo lo que yo pensé y recreo,
    y todo de lo que sois artífices!
    ¡No me digas que renuncias a lo que te ofrezco
    con amor de Padre y Madre,
    o que me he equivocado contigo
    en este aventura amante…!

    ¡No me digas que te escandaliza
    la pequeñez del Reino,
    mi vida con aire nuevo,
    o las consecuencias de tu actuar profético!

    Oh Señor, aquí estoy;
    ábreme los sentidos
    para escuchar,
    olfatear,
    palpar,
    mirar,
    gustar
    y vivir como Tú.

    Florentino Ulibarri.

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    Escucha
    atentamente,
    afincado en la realidad siempre,
    esos silencios que hablan,
    esas voces de angustia y esperanza,
    esa sinfonía humana no acabada.
    ¡No me digas que tus tímpanos
    carecen de tal gracia!

    Olfatea,
    hasta embriagarte,
    sus olores y perfumes
    de flores y basureros a tu alcance,
    de personas con sudor en su frente,
    de pueblos, vidas, ideales haciéndose, muriéndose.
    ¡No me digas que eres insensible
    a náuseas y fragancias!

    Palpa
    así, suavemente, como sabes,
    esas costras y blandas realidades,
    esos hermanos con heridas para besarse,
    esas soledades aisladas para no tocarse,
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    el inmenso horizonte que existe,
    eso que nadie enseña serena y dignamente,
    lo que el mundo esconde de forma vergonzante,
    lo que es deleite o bajar la vista te hace.
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    a las tres cuartas partes de la realidad existente!

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    la vida a raudales, tan patente;
    el hambre que no puede masticarse;
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    ¡No me digas que tus papilas
    no están hechas para tales sabores!

    Y si un sexto sentido tienes, como a veces se dice,
    haz que por él penetre lo que es espíritu de tu vida
    y alimento de tu carne y sangre:
    las estructuras y detalles
    de ese Reino que llora y crece.
    ¡Todo lo que yo pensé y recreo,
    y todo de lo que sois artífices!
    ¡No me digas que renuncias a lo que te ofrezco
    con amor de Padre y Madre,
    o que me he equivocado contigo
    en este aventura amante…!

    ¡No me digas que te escandaliza
    la pequeñez del Reino,
    mi vida con aire nuevo,
    o las consecuencias de tu actuar profético!

    Oh Señor, aquí estoy;
    ábreme los sentidos
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    olfatear,
    palpar,
    mirar,
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    ¡No me digas que tus tímpanos
    carecen de tal gracia!

    Olfatea,
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    de personas con sudor en su frente,
    de pueblos, vidas, ideales haciéndose, muriéndose.
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    a náuseas y fragancias!

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    esas soledades aisladas para no tocarse,
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    eso que nadie enseña serena y dignamente,
    lo que el mundo esconde de forma vergonzante,
    lo que es deleite o bajar la vista te hace.
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    a las tres cuartas partes de la realidad existente!

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    el hambre que no puede masticarse;
    esos granos a punto de reventarse.
    ¡No me digas que tus papilas
    no están hechas para tales sabores!

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    haz que por él penetre lo que es espíritu de tu vida
    y alimento de tu carne y sangre:
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    ¡Todo lo que yo pensé y recreo,
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    haz que por él penetre lo que es espíritu de tu vida
    y alimento de tu carne y sangre:
    las estructuras y detalles
    de ese Reino que llora y crece.
    ¡Todo lo que yo pensé y recreo,
    y todo de lo que sois artífices!
    ¡No me digas que renuncias a lo que te ofrezco
    con amor de Padre y Madre,
    o que me he equivocado contigo
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    la pequeñez del Reino,
    mi vida con aire nuevo,
    o las consecuencias de tu actuar profético!

    Oh Señor, aquí estoy;
    ábreme los sentidos
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    palpar,
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    y vivir como Tú.

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    Beata María de la Purísima de la Cruz.
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  • BENDICIONES PARA TODOS ¡¡¡¡

    25 de agosto
    San José Calasanz, Fundador de los Escolapios, Año 1648

    Que Dios nos mande siempre muchos educadores como San José,
    y que su ejemplo nos lleve a recordar aquel famoso dicho de Jesucristo:
    "Es necesario padecer en la tierra, para entrar en la gloria eterna". (Lc. 24,26).

    Un cardenal que después fue Sumo Pontífice, llamó a San José Calasanz "un segundo Job" porque tuvo que sufrir persecuciones como el santo Job de lo Biblia.

    Nuestro santo fue sepultado un 26 de agosto del año 1648.

    Nació en Aragón, España, en 1556, hijo del gobernador de la región.

    Su padre deseaba que fuera militar, pero los religiosos que lo instruyeron en su niñez lo entusiasmaron por la vida sacerdotal, y pidió que le dejaran hacer estudios eclesiásticos. Desde muy pequeño su gran deseo era poder alejar el mal y el pecado de las almas de los demás.

    En el colegio se burlaban de él los compañeros, porque les perecía demasiado piadoso, pero poco a poco con su amabilidad los fue ganando a su favor.

    Siendo universitario tuvo que huir de la ciudad donde estudiaba porque una mujer joven pretendía hacerlo pecar. Imitaba así a José el de la Biblia, que prefirió perder cualquier amistad aunque fuera de persona de alta clase social, con tal de no ofender a Dios.

    Su padre deseaba que José fuera el heredero administrador de sus muchos bienes y riquezas. Pero en una gravísima enfermedad, el joven le prometió a Dios que si le concedía la curación, se dedicaría únicamente a trabajar por la salvación de las almas. El joven curó de la enfermedad, y entonces el papá le permitió cumplir su promesa, y fue ordenado sacerdote. Ya antes se había graduado de doctor en la universidad de Alcalá.

    Cargos importantes. Como tenía fama de gran santidad y de mucha sabiduría, el señor obispo le fue concediendo puestos de mucha responsabilidad. Primero lo envío a una región montañosa donde la gente era casi salvaje y muy ignorante en religión. Allá, entre nieves y barrizales y por caminos peligrosos, se propuso visitar familia por familia para enseñarles la religión y el cambio total.

    En Barcelona existía una terrible pelea entre dos familias de las principales de la ciudad, con grave peligro de matanzas. San José fue enviado a poner la paz y logró que se casara un joven de una de las familias con una muchacha de la familia contraria y así volvió a ver paz entre los que antes eran enemigos.

    El señor obispo de Urgel lo nombró su vicario general, el más alto puesto en la diócesis después del prelado.

    Renuncia a todo. Pero él sentía una voz en su interior que le decía: "¡Váyase a Roma! ¡Váyase a Roma!" Y en sueños veía multitudes de niños desamparados que le suplicaban se dedicara a educarlos. Así que renunciado a sus altos puestos, y repartiendo entre los pobres las grandes riquezas que había heredado de sus padres, se dirigió a pie a la Ciudad Eterna.

    Educador de los pobres. En Roma se hizo socio de una cofradía que se dedicaba a enseñar catecismo a los niños y se dio cuenta de que la ignorancia religiosa era total y que no bastaba con enseñar religión los domingos, sino que era necesario fundar escuelas para que los jovencitos tuvieran educación e instrucción durante la semana. En ese tiempo los gobiernos no tenían ni escuelas ni colegios, y la juventud crecía sin instrucción. Se reunió con unos sacerdotes amigos y fundó entonces su primera escuela en Roma. Su fin era instruir en la religión y formar buenos ciudadanos. Pronto tuvieron ya cien alumnos. Tenían que conseguir profesores y edificio, porque los gobiernos no costeaban nada de eso. Pronto fueron llegando nuevos colaboradores y los alumnos fueron ya setecientos. Más tarde eran ya mil los jóvenes que estudiaban en las escuelas dirigidas por José y su amigos. En sus ratos libres se dedicaban a socorrer enfermos y necesitados, especialmente cuando llegaban la peste o las inundaciones. Con su amigo San Camilo eran incansables en ayudar.

    Los escolapios. A sus institutos educativos les puso por nombre "Escuelas Pías" y los padres que acompañaban al padre Calasanz se llamaron Escolapios. Después de un par de años ya había "Escuelas Pías" en muchos sitios de Italia y en muchos países. Ahora los padres Escolapios tienen 205 casas en el mundo, dedicadas a la educación, con 1630 religiosos. Son estimadísimos como educadores.

    Visitas repentinas e inesperadas. Los envidiosos empezaron a hacer llegar quejas contra las Escuelas Pías, y el Sumo Pontífice Clemente VIII envió a los sabios Cardenales Baronio y Antoniani a que hicieran una visita sorpresa a las tales escuelas. Los dos cardenales se presentaron repentinamente sin previo aviso y encontraron que todo funcionaba tan sumamente bien, que el Papa al escuchar su excelente informe se propuso ayudarlas mucho más en adelante. Algo parecido hizo más tarde el Papa Paulo V y al darse cuenta de los bien que funcionaban las escuelas del padre Calasanz, le concedió toda su ayuda. Y en verdad que la necesitaba porque las dificultades que se les presentaban eran muy grandes.

    Empiezas los dolores. El padre Calasanz tenía una gran fuerza y un día se echó sobre sus espaldas una pesadísima campana y se subió por una escalera para llevarla a la torre. Pero la escalera se partió y él cayó con la campana y se rompió una pierna. Duró varios meses en cama entre la vida y la muerte y desde entonces su falta de salud lo hizo sufrir mucho. Pero los mayores sufrimientos le iban a llegar de otra manera totalmente inesperada.

    La persecución. Recibió el padre Calasanz como colaborador a un hombre ambicioso y lleno de envidia, el cual se propuso hacerle la guerra y quitarle el cargo de Superior General. Por las calumnias de este hombre y de varios más, nuestro santo fue llevado a los tribunales y solamente la intervención de un cardenal obtuvo que no lo echaran a la cárcel. Él repetía: "Me acusan de cosas que no he hecho, pero yo dejo a Dios mi defensa". El envidioso logró a base de calumnias que a San José Calasanz le quitaran el cargo de Superior General, y después las acusaciones mentirosas llegaron a tal punto que la Santa Sede determinó acabar con la congregación que el santo había fundado. San José al escuchar tan triste noticia, repitió las palabras del Santo Job: "Dios me lo dio, Dios me lo quitó, bendito sea Dios".

    Afortunadamente, después se supo la verdad y al Fundador le fueron restituidos sus cargos y la Comunidad volvió a ser aprobada y ahora está extendida por todo el mundo.

    Dicen que San Alfonso de Ligorio cuando estaba fundando la Congregación de Padres Redentoristas, y encontraba fuertes dificultades y oposiciones, leía la vida de San José de Calasanz para animarse y seguir luchando hasta conseguir la definitiva aprobación.

    El 25 de agosto del año 1648, a la edad de 92 años pasó este gran apóstol a la eternidad, a recibir el premio de sus grandes obras apostólicas y de sus muchísimos sufrimientos.

    PAZ Y BIEN ¡¡
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  • EVANGELIO DEL 25 DE AGOSTO DEL 2014

    Evangelio según San Mateo 23,13-22.

    "¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que cierran a los hombres el Reino de los Cielos! Ni entran ustedes, ni dejan entrar a los que quisieran.

    ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que recorren mar y tierra para conseguir un prosélito, y cuando lo han conseguido lo hacen dos veces más digno de la Gehena que ustedes!
    ¡Ay de ustedes, guías, ciegos, que dicen: 'Si se jura por el santuario, el juramento no vale; pero si se jura por el oro del santuario, entonces sí que vale'!

    ¡Insensatos y ciegos! ¿Qué es más importante: el oro o el santuario que hace sagrado el oro?
    Ustedes dicen también: 'Si se jura por el altar, el juramento no vale, pero vale si se jura por la ofrenda que está sobre el altar'.
    ¡Ciegos! ¿Qué es más importante, la ofrenda o el altar que hace sagrada esa ofrenda?
    Ahora bien, jurar por el altar, es jurar por él y por todo lo que está sobre él.
    Jurar por el santuario, es jurar por él y por aquel que lo habita.
    Jurar por el cielo, es jurar por el trono de Dios y por aquel que está sentado en él.
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  • FELICIDAD empieza con FE !

    "Tener FE es tener la plena seguridad de recibir lo que se espera; es estar convencidos de la realidad de cosas que no vemos" - Hebreos 11:1
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  • friends Myriam Diaz y Keisla Lopez ahora son amigos