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Actividades recientes

  • Combatan el mal del terrorismo con las " armas del amor " , "con las armas del amor , Dios ha derrotado al egoismo y la muerte ". Papa Francisco .
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  • El camino de Dios es estrecho, pero su Reino triunfara
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  • Volumen IX (20) Noviembre 4, 1909
    “Hija mía, también tú puedes, con tomar todo mi Ser y junto con El mi beatitud, hacer beatos a los demás. ¿Por qué mi Ser tiene virtud de beatificar? Porque todo es armonía en Mí, una virtud armoniza con la otra, la justicia con la misericordia, la santidad con la belleza, la sabiduría con la fortaleza, la inmensidad con la profundidad y altura, y así de todo lo demás, todo es armonía en Mí, nada es discordante; estas armonías me vuelven beato a Mí mismo, y vuelvo beatos a todos aquellos que a Mí se acercan.
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  • El dársenos Jesucristo en alimento fue el último grado del amor.
    Hablando San Lorenzo Justiniano con Jesús, le dice: "¡Oh Dios!, enamorado de nuestras almas, por medio de este sacramento dispusiste que tu corazón y el nuestro fueran un solo corazón inseparablemente unido". Y San Bernardino de Siena añade que "el dársenos Jesucristo en alimento fue el último grado del amor, porque unión más cabal y completa no puede darse cual la que hay entre el manjar y quien lo come". ¡Oh, cuánto se complace Jesucristo en estar unido con nuestra alma! Él mismo lo dijo cierto día, después de la sagrada comunión, a su querida sierva Margarita de Iprés: "Mira, hija mía, la hermosa unión que entre nosotros existe; ámame, en adelante permanezcamos siempre unidos en el amor y no nos separemos ya más".

    San Alfonso María de Ligorio
    Práctica del amor a Jesucristo
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  • EL DOLOR DEL TIEMPO

    Tenerlo todo y no saber decirlo
    para escuchar las voces tan oídas,
    agarrar el silencio por las bridas
    en un quebrar el tiempo sin abrirlo.

    Pero mirar tus ojos y sufrirlos,
    arropar los torrentes de mi vida
    recostarme callado en tus heridas
    es ahondar en el tiempo y repartirlo.

    Yo no quiero soñar con los jardines
    de mi infancia entre pompas irisadas.
    Yo no quiero dormir en tus violines

    ni jugar sobre el potro de la suerte.
    Sólo quiero, Señor, noches calladas.
    Sólo quiero, Señor, sorber tu muerte.

    Pedro Miguel Lamet, SJ.

    “Dios mío, Tú eres mi vida; si te abandono, no puedo sino padecer inmensa sed. Los condenados están sedientos en el infierno, porque no tienen a Dios. Quiero revestirme de aquella nueva naturaleza que te anhela tanto, impulsada por el amor, que llega a vencer en nosotros el temor de acercarnos a ti. Voy hacia ti, Señor, no sólo porque sin ti soy infeliz, no sólo porque sé que te necesito, sino porque tu gracia me mueve a buscarte. Voy con gran temor, pero con un amor aún más grande.
    A medida que pasen los años, se cierre el corazón y todas las cosas se vuelvan una carga, concédeme que nunca pierda este amor juvenil, deseoso de ti. Cuanto más yo rehuse abrirte mi corazón, sean más firmes y más intensos tus toques sobrenaturales, y más apremiante y eficaz tu presencia dentro de mí”.

    Beato Cardenal Newman.
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  • EL DOLOR DEL TIEMPO

    Tenerlo todo y no saber decirlo
    para escuchar las voces tan oídas,
    agarrar el silencio por las bridas
    en un quebrar el tiempo sin abrirlo.

    Pero mirar tus ojos y sufrirlos,
    arropar los torrentes de mi vida
    recostarme callado en tus heridas
    es ahondar en el tiempo y repartirlo.

    Yo no quiero soñar con los jardines
    de mi infancia entre pompas irisadas.
    Yo no quiero dormir en tus violines

    ni jugar sobre el potro de la suerte.
    Sólo quiero, Señor, noches calladas.
    Sólo quiero, Señor, sorber tu muerte.

    Pedro Miguel Lamet, SJ.

    “Dios mío, Tú eres mi vida; si te abandono, no puedo sino padecer inmensa sed. Los condenados están sedientos en el infierno, porque no tienen a Dios. Quiero revestirme de aquella nueva naturaleza que te anhela tanto, impulsada por el amor, que llega a vencer en nosotros el temor de acercarnos a ti. Voy hacia ti, Señor, no sólo porque sin ti soy infeliz, no sólo porque sé que te necesito, sino porque tu gracia me mueve a buscarte. Voy con gran temor, pero con un amor aún más grande.
    A medida que pasen los años, se cierre el corazón y todas las cosas se vuelvan una carga, concédeme que nunca pierda este amor juvenil, deseoso de ti. Cuanto más yo rehuse abrirte mi corazón, sean más firmes y más intensos tus toques sobrenaturales, y más apremiante y eficaz tu presencia dentro de mí”.

    Beato Cardenal Newman.
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    para escuchar las voces tan oídas,
    agarrar el silencio por las bridas
    en un quebrar el tiempo sin abrirlo.

    Pero mirar tus ojos y sufrirlos,
    arropar los torrentes de mi vida
    recostarme callado en tus heridas
    es ahondar en el tiempo y repartirlo.

    Yo no quiero soñar con los jardines
    de mi infancia entre pompas irisadas.
    Yo no quiero dormir en tus violines

    ni jugar sobre el potro de la suerte.
    Sólo quiero, Señor, noches calladas.
    Sólo quiero, Señor, sorber tu muerte.

    Pedro Miguel Lamet, SJ.

    “Dios mío, Tú eres mi vida; si te abandono, no puedo sino padecer inmensa sed. Los condenados están sedientos en el infierno, porque no tienen a Dios. Quiero revestirme de aquella nueva naturaleza que te anhela tanto, impulsada por el amor, que llega a vencer en nosotros el temor de acercarnos a ti. Voy hacia ti, Señor, no sólo porque sin ti soy infeliz, no sólo porque sé que te necesito, sino porque tu gracia me mueve a buscarte. Voy con gran temor, pero con un amor aún más grande.
    A medida que pasen los años, se cierre el corazón y todas las cosas se vuelvan una carga, concédeme que nunca pierda este amor juvenil, deseoso de ti. Cuanto más yo rehuse abrirte mi corazón, sean más firmes y más intensos tus toques sobrenaturales, y más apremiante y eficaz tu presencia dentro de mí”.

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    en un quebrar el tiempo sin abrirlo.

    Pero mirar tus ojos y sufrirlos,
    arropar los torrentes de mi vida
    recostarme callado en tus heridas
    es ahondar en el tiempo y repartirlo.

    Yo no quiero soñar con los jardines
    de mi infancia entre pompas irisadas.
    Yo no quiero dormir en tus violines

    ni jugar sobre el potro de la suerte.
    Sólo quiero, Señor, noches calladas.
    Sólo quiero, Señor, sorber tu muerte.

    Pedro Miguel Lamet, SJ.

    “Dios mío, Tú eres mi vida; si te abandono, no puedo sino padecer inmensa sed. Los condenados están sedientos en el infierno, porque no tienen a Dios. Quiero revestirme de aquella nueva naturaleza que te anhela tanto, impulsada por el amor, que llega a vencer en nosotros el temor de acercarnos a ti. Voy hacia ti, Señor, no sólo porque sin ti soy infeliz, no sólo porque sé que te necesito, sino porque tu gracia me mueve a buscarte. Voy con gran temor, pero con un amor aún más grande.
    A medida que pasen los años, se cierre el corazón y todas las cosas se vuelvan una carga, concédeme que nunca pierda este amor juvenil, deseoso de ti. Cuanto más yo rehuse abrirte mi corazón, sean más firmes y más intensos tus toques sobrenaturales, y más apremiante y eficaz tu presencia dentro de mí”.

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    ni jugar sobre el potro de la suerte.
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    A medida que pasen los años, se cierre el corazón y todas las cosas se vuelvan una carga, concédeme que nunca pierda este amor juvenil, deseoso de ti. Cuanto más yo rehuse abrirte mi corazón, sean más firmes y más intensos tus toques sobrenaturales, y más apremiante y eficaz tu presencia dentro de mí”.

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    “Dios mío, Tú eres mi vida; si te abandono, no puedo sino padecer inmensa sed. Los condenados están sedientos en el infierno, porque no tienen a Dios. Quiero revestirme de aquella nueva naturaleza que te anhela tanto, impulsada por el amor, que llega a vencer en nosotros el temor de acercarnos a ti. Voy hacia ti, Señor, no sólo porque sin ti soy infeliz, no sólo porque sé que te necesito, sino porque tu gracia me mueve a buscarte. Voy con gran temor, pero con un amor aún más grande.
    A medida que pasen los años, se cierre el corazón y todas las cosas se vuelvan una carga, concédeme que nunca pierda este amor juvenil, deseoso de ti. Cuanto más yo rehuse abrirte mi corazón, sean más firmes y más intensos tus toques sobrenaturales, y más apremiante y eficaz tu presencia dentro de mí”.

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    Yo no quiero soñar con los jardines
    de mi infancia entre pompas irisadas.
    Yo no quiero dormir en tus violines

    ni jugar sobre el potro de la suerte.
    Sólo quiero, Señor, noches calladas.
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    “Dios mío, Tú eres mi vida; si te abandono, no puedo sino padecer inmensa sed. Los condenados están sedientos en el infierno, porque no tienen a Dios. Quiero revestirme de aquella nueva naturaleza que te anhela tanto, impulsada por el amor, que llega a vencer en nosotros el temor de acercarnos a ti. Voy hacia ti, Señor, no sólo porque sin ti soy infeliz, no sólo porque sé que te necesito, sino porque tu gracia me mueve a buscarte. Voy con gran temor, pero con un amor aún más grande.
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    Sólo quiero, Señor, noches calladas.
    Sólo quiero, Señor, sorber tu muerte.

    Pedro Miguel Lamet, SJ.

    “Dios mío, Tú eres mi vida; si te abandono, no puedo sino padecer inmensa sed. Los condenados están sedientos en el infierno, porque no tienen a Dios. Quiero revestirme de aquella nueva naturaleza que te anhela tanto, impulsada por el amor, que llega a vencer en nosotros el temor de acercarnos a ti. Voy hacia ti, Señor, no sólo porque sin ti soy infeliz, no sólo porque sé que te necesito, sino porque tu gracia me mueve a buscarte. Voy con gran temor, pero con un amor aún más grande.
    A medida que pasen los años, se cierre el corazón y todas las cosas se vuelvan una carga, concédeme que nunca pierda este amor juvenil, deseoso de ti. Cuanto más yo rehuse abrirte mi corazón, sean más firmes y más intensos tus toques sobrenaturales, y más apremiante y eficaz tu presencia dentro de mí”.

    Beato Cardenal Newman.
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  • EL DOLOR DEL TIEMPO

    Tenerlo todo y no saber decirlo
    para escuchar las voces tan oídas,
    agarrar el silencio por las bridas
    en un quebrar el tiempo sin abrirlo.

    Pero mirar tus ojos y sufrirlos,
    arropar los torrentes de mi vida
    recostarme callado en tus heridas
    es ahondar en el tiempo y repartirlo.

    Yo no quiero soñar con los jardines
    de mi infancia entre pompas irisadas.
    Yo no quiero dormir en tus violines

    ni jugar sobre el potro de la suerte.
    Sólo quiero, Señor, noches calladas.
    Sólo quiero, Señor, sorber tu muerte.

    Pedro Miguel Lamet, SJ.

    “Dios mío, Tú eres mi vida; si te abandono, no puedo sino padecer inmensa sed. Los condenados están sedientos en el infierno, porque no tienen a Dios. Quiero revestirme de aquella nueva naturaleza que te anhela tanto, impulsada por el amor, que llega a vencer en nosotros el temor de acercarnos a ti. Voy hacia ti, Señor, no sólo porque sin ti soy infeliz, no sólo porque sé que te necesito, sino porque tu gracia me mueve a buscarte. Voy con gran temor, pero con un amor aún más grande.
    A medida que pasen los años, se cierre el corazón y todas las cosas se vuelvan una carga, concédeme que nunca pierda este amor juvenil, deseoso de ti. Cuanto más yo rehuse abrirte mi corazón, sean más firmes y más intensos tus toques sobrenaturales, y más apremiante y eficaz tu presencia dentro de mí”.

    Beato Cardenal Newman.
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  • EL DOLOR DEL TIEMPO

    Tenerlo todo y no saber decirlo
    para escuchar las voces tan oídas,
    agarrar el silencio por las bridas
    en un quebrar el tiempo sin abrirlo.

    Pero mirar tus ojos y sufrirlos,
    arropar los torrentes de mi vida
    recostarme callado en tus heridas
    es ahondar en el tiempo y repartirlo.

    Yo no quiero soñar con los jardines
    de mi infancia entre pompas irisadas.
    Yo no quiero dormir en tus violines

    ni jugar sobre el potro de la suerte.
    Sólo quiero, Señor, noches calladas.
    Sólo quiero, Señor, sorber tu muerte.

    Pedro Miguel Lamet, SJ.

    “Dios mío, Tú eres mi vida; si te abandono, no puedo sino padecer inmensa sed. Los condenados están sedientos en el infierno, porque no tienen a Dios. Quiero revestirme de aquella nueva naturaleza que te anhela tanto, impulsada por el amor, que llega a vencer en nosotros el temor de acercarnos a ti. Voy hacia ti, Señor, no sólo porque sin ti soy infeliz, no sólo porque sé que te necesito, sino porque tu gracia me mueve a buscarte. Voy con gran temor, pero con un amor aún más grande.
    A medida que pasen los años, se cierre el corazón y todas las cosas se vuelvan una carga, concédeme que nunca pierda este amor juvenil, deseoso de ti. Cuanto más yo rehuse abrirte mi corazón, sean más firmes y más intensos tus toques sobrenaturales, y más apremiante y eficaz tu presencia dentro de mí”.

    Beato Cardenal Newman.
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  • EL DOLOR DEL TIEMPO

    Tenerlo todo y no saber decirlo
    para escuchar las voces tan oídas,
    agarrar el silencio por las bridas
    en un quebrar el tiempo sin abrirlo.

    Pero mirar tus ojos y sufrirlos,
    arropar los torrentes de mi vida
    recostarme callado en tus heridas
    es ahondar en el tiempo y repartirlo.

    Yo no quiero soñar con los jardines
    de mi infancia entre pompas irisadas.
    Yo no quiero dormir en tus violines

    ni jugar sobre el potro de la suerte.
    Sólo quiero, Señor, noches calladas.
    Sólo quiero, Señor, sorber tu muerte.

    Pedro Miguel Lamet, SJ.

    “Dios mío, Tú eres mi vida; si te abandono, no puedo sino padecer inmensa sed. Los condenados están sedientos en el infierno, porque no tienen a Dios. Quiero revestirme de aquella nueva naturaleza que te anhela tanto, impulsada por el amor, que llega a vencer en nosotros el temor de acercarnos a ti. Voy hacia ti, Señor, no sólo porque sin ti soy infeliz, no sólo porque sé que te necesito, sino porque tu gracia me mueve a buscarte. Voy con gran temor, pero con un amor aún más grande.
    A medida que pasen los años, se cierre el corazón y todas las cosas se vuelvan una carga, concédeme que nunca pierda este amor juvenil, deseoso de ti. Cuanto más yo rehuse abrirte mi corazón, sean más firmes y más intensos tus toques sobrenaturales, y más apremiante y eficaz tu presencia dentro de mí”.

    Beato Cardenal Newman.
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  • EL DOLOR DEL TIEMPO

    Tenerlo todo y no saber decirlo
    para escuchar las voces tan oídas,
    agarrar el silencio por las bridas
    en un quebrar el tiempo sin abrirlo.

    Pero mirar tus ojos y sufrirlos,
    arropar los torrentes de mi vida
    recostarme callado en tus heridas
    es ahondar en el tiempo y repartirlo.

    Yo no quiero soñar con los jardines
    de mi infancia entre pompas irisadas.
    Yo no quiero dormir en tus violines

    ni jugar sobre el potro de la suerte.
    Sólo quiero, Señor, noches calladas.
    Sólo quiero, Señor, sorber tu muerte.

    Pedro Miguel Lamet, SJ.

    “Dios mío, Tú eres mi vida; si te abandono, no puedo sino padecer inmensa sed. Los condenados están sedientos en el infierno, porque no tienen a Dios. Quiero revestirme de aquella nueva naturaleza que te anhela tanto, impulsada por el amor, que llega a vencer en nosotros el temor de acercarnos a ti. Voy hacia ti, Señor, no sólo porque sin ti soy infeliz, no sólo porque sé que te necesito, sino porque tu gracia me mueve a buscarte. Voy con gran temor, pero con un amor aún más grande.
    A medida que pasen los años, se cierre el corazón y todas las cosas se vuelvan una carga, concédeme que nunca pierda este amor juvenil, deseoso de ti. Cuanto más yo rehuse abrirte mi corazón, sean más firmes y más intensos tus toques sobrenaturales, y más apremiante y eficaz tu presencia dentro de mí”.

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  • EL DOLOR DEL TIEMPO

    Tenerlo todo y no saber decirlo
    para escuchar las voces tan oídas,
    agarrar el silencio por las bridas
    en un quebrar el tiempo sin abrirlo.

    Pero mirar tus ojos y sufrirlos,
    arropar los torrentes de mi vida
    recostarme callado en tus heridas
    es ahondar en el tiempo y repartirlo.

    Yo no quiero soñar con los jardines
    de mi infancia entre pompas irisadas.
    Yo no quiero dormir en tus violines

    ni jugar sobre el potro de la suerte.
    Sólo quiero, Señor, noches calladas.
    Sólo quiero, Señor, sorber tu muerte.

    Pedro Miguel Lamet, SJ.

    “Dios mío, Tú eres mi vida; si te abandono, no puedo sino padecer inmensa sed. Los condenados están sedientos en el infierno, porque no tienen a Dios. Quiero revestirme de aquella nueva naturaleza que te anhela tanto, impulsada por el amor, que llega a vencer en nosotros el temor de acercarnos a ti. Voy hacia ti, Señor, no sólo porque sin ti soy infeliz, no sólo porque sé que te necesito, sino porque tu gracia me mueve a buscarte. Voy con gran temor, pero con un amor aún más grande.
    A medida que pasen los años, se cierre el corazón y todas las cosas se vuelvan una carga, concédeme que nunca pierda este amor juvenil, deseoso de ti. Cuanto más yo rehuse abrirte mi corazón, sean más firmes y más intensos tus toques sobrenaturales, y más apremiante y eficaz tu presencia dentro de mí”.

    Beato Cardenal Newman.
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  • If God exist 00:00
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  • Volumen VIII (4) Julio 4, 1907
    “Hija mía, camina, camina. Si Yo soy bondad, misericordia, dulzura, soy también justicia, fortaleza, potencia; si Yo te viera retroceder o cometer defectos voluntarios, ante tantas gracias que te he hecho merecerías ser fulminada, y en verdad te fulminaría, y si no lo hago tú misma comprendes el porqué.
    “Soy Yo quien da la libertad a los pobres, estoy cansado de los ricos, mucho han hecho: cuánto dinero gastado en bailes, en teatros, en inútiles viajes, en vanidades y también en pecados, ¿y los pobres? No han podido tener suficiente pan para saciar su hambre, oprimidos, cansados, amargados.
    Si les hubieran dado sólo lo que han gastado en cosas innecesarias, mis pobres habrían sido felices, pero los ricos los han tenido como una familia que no pertenecía a ellos, es más, los han despreciado, teniéndose para ellos las comodidades, las diversiones, como cosas pertenecientes a su condición, y dejando a los pobres en la miseria como cosa de su condición.”
    “Amada vida mía y todo mi bien, es cierto que hay ricos malos, pero también hay buenos, las tantas señoras devotas que dan limosnas a las iglesias, tus sacerdotes que hacen tanto bien a todos.”
    “¡Ah! hija mía, calla y no me toques una herida para Mí tan dolorosa, podría decir que no las reconozco a éstas tales devotas, dan las limosnas donde quieren ellas, para lograr sus propósitos, para tener a las personas a su disposición; para quien les simpatiza gastan aun millones de liras, pero donde es necesario no se dignan dar ni una moneda. ¿Podría decir que lo hacen por Mí? ¿Podría reconocer este su obrar? Y tú misma, por sus actitudes podrás reconocer si lo hacen por Mí si se encuentran dispuestas a resolver cualquier necesidad, pero si no cambian y dan lo mucho donde no es tan necesario y niegan lo poco donde es necesario, se puede decir que no hay espíritu de verdadera caridad, ni recto obrar. Así que mis pobres son dejados en el olvido aun por estas señoras devotas.
    ¿Y los sacerdotes? ¡Ah! hija mía, peor aún, ¿hacen bien a todos? Tú te engañas, hacen el bien a los ricos, tienen tiempo para los ricos, también de ellos han quedado casi excluidos los pobres; para los pobres no tienen tiempo, para los pobres no tienen una palabra de consuelo, de ayuda que darles, los rechazan, llegan a decirse enfermos.
    Podría decir que si los pobres se han alejado de los sacramentos, ellos han contribuido, porque no siempre han tenido tiempo para confesarlos, y los pobres se han cansado y no han regresado más.
    Todo lo contrario si se ha presentado un rico, no han dudado un momento, tiempo, palabras, consuelos, ayudas, todo se ha encontrado para los ricos. ¿Puedo decir que tienen espíritu de verdadera caridad los sacerdotes si llegan a seleccionar a quienes deben escuchar? ¿Y los demás? O los rechazan o los atienden tan precipitadamente, que si mi gracia no ayudara en modo especial a los pobres, estos se habrían alejado de mi Iglesia. Con excepción de algún sacerdote, por todos los demás podría decir que la verdadera caridad y el espíritu recto se han marchado de la tierra.”
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  • ¿Quién será digno?
    ¿De qué medio se valdrá Jesús para quedarse perpetuamente entre nosotros?

    El misterio de la encarnación se realizó por obra del Espíritu Santo; el de la cena eucarística, por la virtud omnipotente del mismo Jesús, y ahora, al querer reproducir este misterio, ¿quién será digno? ¡Un hombre..., el sacerdote!

    Mas la sabiduría divina dice: ¡Cómo! ¿Un hombre mortal hará encarnar de nuevo a su Salvador y Dios? ¿Un hombre mortal será el cooperador del Espíritu Santo en esta nueva encarnación del Verbo divino? ¿Un hombre mandará al rey inmortal de los siglos y éste le obedecerá?

    San Pedro Julián Eymard
    El Don del Corazón de Jesús
    ¿Quién será digno?
    ¿De qué medio se valdrá Jesús para quedarse perpetuamente entre nosotros?

    El misterio de la encarnación se realizó por obra del Espíritu Santo; el de la cena eucarística, por la virtud omnipotente del mismo Jesús, y ahora, al querer reproducir este misterio, ¿quién será digno? ¡Un hombre..., el sacerdote!

    Mas la sabiduría divina dice: ¡Cómo! ¿Un hombre mortal hará encarnar de nuevo a su Salvador y Dios? ¿Un hombre mortal será el cooperador del Espíritu Santo en esta nueva encarnación del Verbo divino? ¿Un hombre mandará al rey inmortal de los siglos y éste le obedecerá?

    San Pedro Julián Eymard
    El Don del Corazón de Jesús
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  • Oración al Espíritu Santo 00:00
    Oración al Espíritu Santo Sin descripción
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  • Volumen VII (51) Octubre 8, 1906 ¡OH, si no fuera por la cruz que la Divina Providencia por su infinita Misericordia tiene como rienda para frenar al hombre, ¡OH! en cuántos otros males yacería la pobre humanidad.”
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  • Para poder derramar la sangre por Cristo.
    Se echa encima una lucha más dura y feroz, a la que se deben preparar los soldados de Cristo con una fe incorrupta y una virtud acérrima, considerando que para eso beben todos los días el cáliz de la sangre de Cristo, para poder derramar a su vez ellos mismos la sangre por Cristo.

    San Cipriano
    Padre de la Iglesia
    Carta 58,1
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  • El testimonio de Luisa acerca de la oración en sus escritos y en especial las enseñanzas que el Señor da no sólo por ella, sino para todos. El camino que Jesús les hace participar de la forma habitual de la oración va poco a poco a una nueva manera de orar.
    Esta nueva forma de oración corresponde a un nuevo espíritu, una nueva experiencia de Dios, a una nueva relación con Dios: ya no es la de los criados a su Señor, sino la de sus hijos, en efecto, que en el mismo Hijo Jesucristo con padre.
    Sí debemos orar, pero no tanto como para decir o hacer las oraciones, y no nos hacemos la oración, la relación de amor con Dios vivo.
    El primer informe de explorar, experimentar, es con Jesús, con su humanidad, más accesible para nosotros. Después, la relación con el Padre Celestial sólo puede ser experimentado, si vivimos en la persona de Jesús, a través de Jesús.

    Jesús, desde el principio le dice a Luisa que Él quiere "normalizar" para él solo, quiere Luisa piensan con la misma mente de Jesús, que ven con sus propios ojos, oye con sus propios oídos, que habla con el mismo idioma, para trabajar con sus propias manos, que se puede caminar con sus propios pies, y los que le aman con su propio corazón. Esta es la "fusión en Jesús" en su humanidad. Así Luisa se convierte en oración, la oración se convierte en su propia naturaleza. Así que en la oración Luisa de ser una tarea que hacer, que pasó a ser una vida para vivir: la vida interior de Jesús!

    Al principio orar por Luisa rezaba junto con Jesús, con él haciendo diferentes actos de reparación y alabanza, contemplando cómo se reza. Encontramos muchos ejemplos en los que Luisa sigue un patrón familiar: a través de las diversas facultades, los sentidos y las extremidades humanas. Este patrón se entreteje otra: que la intención de adorar, alabar, agradecer, reparación, amando al Señor. Y por último hay un tercer esquema: para tomar todo tipo de insulto al Señor y de la deuda de las criaturas, para ofrecer el acto opuesto y así satisfacer la justicia.
    Luisa 2 de agosto de 1902 escribió que la Divinidad caminaba por la humanidad; y puesto que la Divinidad en el mismo tiempo puede hacer muchos actos como cada uno de nosotros puede hacer en todo el período de la vida, y esos actos quiere hacer, ahora, para la humanidad de Jesucristo estaba operando Divinidad, Luisa entiende claramente que Jesús bendito a lo largo de la vida se basó en para todo el mundo en general y cada uno de ellos claramente todo lo que todo el mundo está obligado a hacer a Dios, para que Dios amaba a cada uno en particular, dio las gracias, reparado, glorificado para cada uno, alabado, sufrido, oró por cada uno; Se incluye de modo que todo lo que cada uno tiene que hacer ya se ha hecho antes en el Corazón de Jesucristo.
    Donde se muestra este método mejor de '' Horas de la Pasión ". Esto continúa Luisa oración contemplativa sobre la Pasión de Jesús, que la convirtió en habitual, todo el tiempo, al igual que su vida, desde hace muchos años. Es un amante de la contemplación, a través de los ojos de Luisa, a unirse y participar, como ella, que él ve interiormente a Jesús. Copia, de hecho, jugar en nosotros, para renovar en nosotros la vida interior de Jesús, de la participación en diversos actos interiores hechas por él en la inmensidad de la voluntad del Padre.
    Aquí está la noticia, el salto que Luisa nos enseña a hacer: es la diferencia entre hablar, rezar, hacer cualquier cosa con nuestra pequeña voluntad humana y hacer todo lo posible por la voluntad de Dios, donde todo se hace eterna , divina.

    Señor, enséñanos a orar, nos enseñan a tener siempre una fe fuerte, alegre, lleno de confianza.
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  • "Hija mía, cuando Pilatos dijo "Ecce Homo", todos gritaron: "Crucifícalo, crucifícalo, lo queremos muerto." También mi mismo Padre Celestial y mi inseparable y traspasada Mamá, y no sólo aquellos que estaban presentes sino todos los ausentes y todas las generaciones pasadas y futuras, y si alguno no lo dijo con la palabra, lo dijo con las acciones, porque no hubo uno solo que dijera que me querían vivo, y el callar es confirmar lo que quieren los demás. Este grito de muerte de todos fue para Mí dolorosísimo, Yo sentía tantas muertes por cuantas personas gritaron crucifícalo, me sentí como ahogado de penas y de muerte, mucho más que veía que cada una de mis muertes no llevaba a cada uno la vida, y aquellos que recibían la vida por causa de mi muerte no recibían todo el fruto completo de mi pasión y muerte. Fue tanto mi dolor, que mi Humanidad gimiente estaba por sucumbir y dar el último respiro, pero mientras moría, mi Voluntad Suprema con su Omnividencia hizo presentes a mi Humanidad muriente a todos aquellos que habrían hecho reinar en ellos, con dominio absoluto al eterno Querer, los cuales tomarían el fruto completo de mi pasión y muerte, entre los cuales estaba, a la cabeza, mi amada Madre, Ella tomó todo el depósito de todos mis bienes y de los frutos que hay en mi Vida, pasión y muerte, ni siquiera un respiro mío perdió y del cual no custodiase el precioso fruto, y de Ella debían ser transmitidos a la pequeña recién nacida de mi Voluntad y a todos aquellos en los cuales el Supremo Querer habría tenido su Vida y su reino. Cuando mi Humanidad expirante vio puesto a salvo y asegurado el fruto completo de mi Vida, pasión y muerte, pudo reemprender y continuar el curso de la dolorosa pasión. Así que es sólo mi Voluntad la que lleva toda la plenitud de mis bienes y el fruto completo que hay en la Creación, Redención y Santificación. Donde Ella reina nuestras obras están todas llenas de vida, ninguna cosa está a la mitad o incompleta; en cambio, donde Ella no reina, aunque hubiera alguna virtud todo es miseria, todo es incompleto y si producen algún fruto es amargo y sin maduración, y si toman los frutos de mi Redención los toman con medida y sin abundancia y por eso crecen débiles, enfermos y febriles, y por eso si hacen algún poco de bien, lo hacen a duras penas y se sienten aplastar bajo el peso de aquel poco de bien que hacen; en cambio mi Voluntad vacía la voluntad humana y pone en ese vacío la Fuerza divina y la vida del bien, y por eso quien la hace reinar en ella hace el bien sin cansancio, y la Vida que contiene la lleva a obrar el bien con una fuerza irresistible, así que mi Humanidad encontró la vida en mi pasión y muerte y en quien debía reinar mi Voluntad, y por eso la Creación y la Redención estarán siempre incompletas, hasta en tanto que mi Voluntad no tenga su reino en la almas."

    S. de D. Luisa Piccarreta
    Vol. 19, Junio 20, 1926
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  • Volumen VI (47) Junio 20, 1904 “Hija mía, ha llegado a tanto la perfidia humana, de agotar por su parte mi misericordia, pero mi bondad es tanta, de constituir las hijas de la misericordia, para que también por parte de las criaturas no quede agotado este atributo, y éstas son las víctimas que están en pleno dominio de la Voluntad Divina por haber destruido la propia, porque en estas, el recipiente dado a ellas por Mí al crearlas está en pleno vigor, y habiendo recibido la partícula de mi misericordia, siendo hija la suministra a lo otros. Se entiende sin embargo que para administrar la misericordia a otros se debe encontrar esa en la justicia.”
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  • El Señor del Universo quiere que descanses en él.
    ¿Qué puedo temer? Él, quien sostiene al mundo, está en mí. La Sangre de un Dios circula por mis venas: No temas, oh alma mía. El Señor del Universo te ha tomado en sus brazos, y quiere que descanses en él.

    Beata Luisa Margarita Claret de la Touche
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  • El Señor del Universo quiere que descanses en él.
    ¿Qué puedo temer? Él, quien sostiene al mundo, está en mí. La Sangre de un Dios circula por mis venas: No temas, oh alma mía. El Señor del Universo te ha tomado en sus brazos, y quiere que descanses en él.

    Beata Luisa Margarita Claret de la Touche
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  • Volumen VI (34) Abril 16, 1904
    “Amable Señor, ¿no ves la tragedia que sucede, no quieres hacer más uso de la misericordia, tal vez quieres tener inútil este atributo que siempre ha glorificado con tanto honor tu Divinidad Encarnada, haciendo con ella una corona especial a tu augusta cabeza y adornándote una segunda corona tan querida y amada por Ti, como son las almas?”
    Ahora, mientras esto decía, El me ha dicho:
    “Basta, basta, no sigas adelante, tú quieres hablar de misericordia, ¿y de la justicia qué haremos? Lo he dicho y te lo repito: “Es necesario que la justicia tenga su curso.”
    Por lo tanto he repetido: “No hay remedio, ¿y para qué dejarme en esta tierra cuando no puedo aplacarte más y sufrir yo en lugar de mi prójimo? Siendo así es mejor que me hagas morir.” Mientras estaba en esto veía a otra persona detrás de las espaldas de Jesús bendito, y me ha dicho casi haciéndome señas con los ojos:
    “Preséntate a mi Padre y ve qué cosa te dice.”
    Yo me he presentado toda temblando, y apenas me ha visto me ha dicho:
    “¿Qué quieres que has venido a Mí?”
    Y yo: “Bondad adorable, misericordia infinita, sabiendo que Tú eres la misma misericordia, he venido a pedirte misericordia, misericordia para tus mismas imágenes, misericordia para las obras creadas por Ti, misericordia no para otros, sino para tus mismas criaturas.” Y El me ha dicho:
    “¿Entonces es misericordia lo que tú quieres? Pero si quieres verdadera misericordia, la justicia después de que se haya desahogado, producirá grandes y abundantes frutos de misericordia.”
    Entonces no sabiendo más qué decir, he dicho: “Padre infinitamente santo, cuando los siervos, los necesitados se presentan a los patrones, a los ricos, si son buenos, si no dan todo lo que es necesario, les dan siempre alguna cosa, y yo, que he tenido el bien de presentarme ante Ti, dueño absoluto, rico sin término, bondad infinita, nada quieres dar a esta pobrecita de lo que te ha pedido, ¿no queda acaso más honrado y contento el patrón cuando da que cuando niega lo que es necesario a sus siervos?
    Después de un momento de silencio ha agregado:
    “Por amor tuyo, en vez de hacer por diez haré por cinco.”
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